Hoy quiero agradecer al diario El Mercurio por darles tribuna a estos dos hombres.
Hay quienes consideran que derechamente deberían dejar de publicar; otros se apresuran a leer sus columnas para discutirles, paso a paso, cada párrafo y cada idea.
But not me!
Creo de verdad que ellos me han permitido, con sus columnas, apreciar con más claridad y profundidad la manera en que otros escriben, opinan y expresan ideas. Y por eso quiero agradecer a Cristóbal y Hermógenes (perdonando la supuesta confianza, pero más adelante verán que no es eso).
Dicen que una buena manera de catalogar, juzgar o en definitiva obtener un parecer acerca de algo, es el contraste.
Y contrastando es que, gracias a Cristóbal y Hermógenes, he podido darme cuenta de lo poéticas y delicadas que son las palabras de Cristián Warnken, por ejemplo. O de lo simples pero lógicas que son las ideas de Álvaro Bardón, que siempre me saca una sonrisa. Por último, de lo rigurosos que son los análisis de Karin Ebensperger.
Sí, queridos lectores. Porque basta con leer dos columnas del señor Pérez de Arce, para darse cuenta de que su cuento está gastado y que sus argumentos para criticar al Gobierno y a la Concertación en general, ya rayan en lo ridículo e infantil (para qué hablar de su defensa al golpe de estado y “gobierno” militar). No es necesario extenderse latas horas en leer a Orrego para quedar con una sensación de espanto por su anacrónica, discriminadora y a ratos paternalista visión de las cosas.
En resumen, después de leer a estos dos, uno no puede menos que maravillarse de que, habiendo personas que escriben cabezas de pescado de esa magnitud y además tienen el “desplante” de publicarlas (como ellos dos), haya otros que escriben pensando, sintiendo y analizando.
No me parece que valga la pena rebatirles sus penosos esfuerzos por elaborar una idea fuerte de comienzo a fin, pero sí quería expresar que, aunque digan puras pelotudeces, se agradece su aporte, porque nos muestran un espectro más amplio de lo que la gente es capaz de ser, decir y opinar. No es que yo esté en completo acuerdo siempre con lo que dicen los otros columnistas, pero al menos se deja ver, como mencionaba antes, un poco de actividad intelectual antes de empezar a meter los dedos en el teclado.
Ah, no quería dejar de invitar a quienes me hacen el honor de leer mis desvaríos, a leer el…"llamativo", llamémoslo, comentario del Sr. Orrego a Cristián Warnken a propósito de la muerte de su hijo Clemente (pueden leer acá mismo lo que escribió Warnken himself). Una sola palabra: disturbing!
Hay quienes consideran que derechamente deberían dejar de publicar; otros se apresuran a leer sus columnas para discutirles, paso a paso, cada párrafo y cada idea.
But not me!
Creo de verdad que ellos me han permitido, con sus columnas, apreciar con más claridad y profundidad la manera en que otros escriben, opinan y expresan ideas. Y por eso quiero agradecer a Cristóbal y Hermógenes (perdonando la supuesta confianza, pero más adelante verán que no es eso).
Dicen que una buena manera de catalogar, juzgar o en definitiva obtener un parecer acerca de algo, es el contraste.
Y contrastando es que, gracias a Cristóbal y Hermógenes, he podido darme cuenta de lo poéticas y delicadas que son las palabras de Cristián Warnken, por ejemplo. O de lo simples pero lógicas que son las ideas de Álvaro Bardón, que siempre me saca una sonrisa. Por último, de lo rigurosos que son los análisis de Karin Ebensperger.
Sí, queridos lectores. Porque basta con leer dos columnas del señor Pérez de Arce, para darse cuenta de que su cuento está gastado y que sus argumentos para criticar al Gobierno y a la Concertación en general, ya rayan en lo ridículo e infantil (para qué hablar de su defensa al golpe de estado y “gobierno” militar). No es necesario extenderse latas horas en leer a Orrego para quedar con una sensación de espanto por su anacrónica, discriminadora y a ratos paternalista visión de las cosas.
En resumen, después de leer a estos dos, uno no puede menos que maravillarse de que, habiendo personas que escriben cabezas de pescado de esa magnitud y además tienen el “desplante” de publicarlas (como ellos dos), haya otros que escriben pensando, sintiendo y analizando.
No me parece que valga la pena rebatirles sus penosos esfuerzos por elaborar una idea fuerte de comienzo a fin, pero sí quería expresar que, aunque digan puras pelotudeces, se agradece su aporte, porque nos muestran un espectro más amplio de lo que la gente es capaz de ser, decir y opinar. No es que yo esté en completo acuerdo siempre con lo que dicen los otros columnistas, pero al menos se deja ver, como mencionaba antes, un poco de actividad intelectual antes de empezar a meter los dedos en el teclado.
Ah, no quería dejar de invitar a quienes me hacen el honor de leer mis desvaríos, a leer el…"llamativo", llamémoslo, comentario del Sr. Orrego a Cristián Warnken a propósito de la muerte de su hijo Clemente (pueden leer acá mismo lo que escribió Warnken himself). Una sola palabra: disturbing!





