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jueves, 10 de diciembre de 2015

Gracias, Cristóbal Orrego y Hermógenes Pérez de Arce

Hoy quiero agradecer al diario El Mercurio por darles tribuna a estos dos hombres.
Hay quienes consideran que derechamente deberían dejar de publicar; otros se apresuran a leer sus columnas para discutirles, paso a paso, cada párrafo y cada idea.
But not me!
Creo de verdad que ellos me han permitido, con sus columnas, apreciar con más claridad y profundidad la manera en que otros escriben, opinan y expresan ideas. Y por eso quiero agradecer a Cristóbal y Hermógenes (perdonando la supuesta confianza, pero más adelante verán que no es eso).
Dicen que una buena manera de catalogar, juzgar o en definitiva obtener un parecer acerca de algo, es el contraste.
Y contrastando es que, gracias a Cristóbal y Hermógenes, he podido darme cuenta de lo poéticas y delicadas que son las palabras de Cristián Warnken, por ejemplo. O de lo simples pero lógicas que son las ideas de Álvaro Bardón, que siempre me saca una sonrisa. Por último, de lo rigurosos que son los análisis de Karin Ebensperger.
Sí, queridos lectores. Porque basta con leer dos columnas del señor Pérez de Arce, para darse cuenta de que su cuento está gastado y que sus argumentos para criticar al Gobierno y a la Concertación en general, ya rayan en lo ridículo e infantil (para qué hablar de su defensa al golpe de estado y “gobierno” militar). No es necesario extenderse latas horas en leer a Orrego para quedar con una sensación de espanto por su anacrónica, discriminadora y a ratos paternalista visión de las cosas.
En resumen, después de leer a estos dos, uno no puede menos que maravillarse de que, habiendo personas que escriben cabezas de pescado de esa magnitud y además tienen el “desplante” de publicarlas (como ellos dos), haya otros que escriben pensando, sintiendo y analizando.
No me parece que valga la pena rebatirles sus penosos esfuerzos por elaborar una idea fuerte de comienzo a fin, pero sí quería expresar que, aunque digan puras pelotudeces, se agradece su aporte, porque nos muestran un espectro más amplio de lo que la gente es capaz de ser, decir y opinar. No es que yo esté en completo acuerdo siempre con lo que dicen los otros columnistas, pero al menos se deja ver, como mencionaba antes, un poco de actividad intelectual antes de empezar a meter los dedos en el teclado.
Ah, no quería dejar de invitar a quienes me hacen el honor de leer mis desvaríos, a leer el…"llamativo", llamémoslo, comentario del Sr. Orrego a Cristián Warnken a propósito de la muerte de su hijo Clemente (pueden leer acá mismo lo que escribió Warnken himself). Una sola palabra: disturbing!

Legislación en torno a la muerte

El Parlamento de la Comunidad de Andalucía, en España, comenzará a debatir un controversial proyecto de ley en seis meses más.
Dicho proyecto regula los derechos y obligaciones de los pacientes terminales y de los prestadores de Salud que los atienden. Entre otros, el paciente puede negarse a recibir (o seguir recibiendo) tratamientos que puedan alargar su agonía (lo que conocemos como “medidas heroicas” de los médicos, en un mal entendido juramento de Hipócrates); tiene derecho a una habitación individual si requiere hospitalización, a fin de tener privacidad junto a sus parientes; puede determinar si quiere y cuándo quiere recibir paliativos para el dolor; la familia del paciente recibe atención y asistencia integral antes y durante el duelo; se prohíbe que los facultativos impongan su visión personal, religiosa, fisiológica o de cualquier índole (a pesar de lo cual se crearán comités de ética para abordar posibles conflictos); se multa a quien no haga la voluntad expresa del paciente, quien a su vez puede formular por adelantado su voluntad vital. Todo ello en el espíritu de no tratar de preservar la vida si no hay en ella un mínimo de calidad.
Personalmente adscribo a la voluntad individual en todo orden de cosas, siempre y cuando no haya violación a derechos ajenos.
En este caso, sin embargo, me cabe un par de preguntas en torno al tema.
Sabemos que el paciente puede decidir por adelantado si quiere que se le mate, en buenas cuentas, llegado un momento en que los síntomas no empeoren pero tampoco se detengan. ¿Qué pasa si ningún médico, enfermera u otra persona autorizada está de acuerdo con matar al paciente? ¿Quién puede juzgar esa situación? ¿Corresponde la aplicación de una multa a quien sigue su conciencia?
Otro punto es el estado anímico del paciente. Si éste recibe un diagnóstico oscuro y se deprime, ¿es válida su voluntad de morir? Esperemos que en casos como ése entre a operar el comité de ética.
La ley también determina que el paciente puede negarse a recibir información clínica veraz y comprensible acerca de su diagnóstico y pronóstico. ¿Cuán sensata y racional es una decisión tomada con pocos datos? ¿Primará aquí la tolerancia al dolor y al malestar de cada paciente? Como se puede desprender, hay una peligrosa delgada línea entre hacer la voluntad del paciente y de su familia y empezar a matar gente sin más ni más.
Por último, no puedo dejar de comentar que los médicos quedan reducidos a meros intermediarios entre el paciente y los medicamentos. El hecho de que no puedan imponer ni siquiera su visión fisiológica (que es lo que estudiaron, mal que mal) es grave, porque desvirtúa todo el criterio médico que el mismo paciente buscó en primer lugar. A menos que sea un error de sintaxis o redacción, leo que yo podría ser tan buen juez de una enfermedad determinada como cualquier hijo de vecino, en el marco de esta ley. El paciente manda y el médico acata, sin poder dar sus puntos de vista si el paciente decide hacer oídos sordos.
Da para pensar. ¡Bienvenidos todos los comentarios y opiniones!

Post Scriptum: Había olvidado mencionar que sólo pueden decidir sobre tratamientos y sobre la mantención de su vida, los mayores de 16 años. Ignoro qué sucede con menores de 16 años en cuanto a las decisiones que puedan tomar sus padres o tutores legales.

Hiervo de Rabia

NOTA: Algunos lectores pueden sentirse ofendidos. Pero no retiro lo dicho.

No tengo nada que decir de las mujeres que elijan usar el método Billings para no quedar embarazadas. Siempre y cuando sea una verdadera elección: esto es, que tengan opciones. Que se les presente toda la información pertinente (entiéndase los otros métodos de anticoncepción) y que ellas decidan lo que mejor se ajusta a sus estilos de vida, creencias y preferencias.
Cuando a una mujer se le dice que el Billings es el método sólo porque el “profesional médico” tiene ciertas ideas valóricas o de otra índole respecto de las opciones, el tema es muy otro. Si la paciente es además una mujer de pocos recursos, que ya tiene muchos hijos o que simplemente no quiere ser madre de nuevo, la cosa raya en la falta de ética.
¿No consulta uno al médico para que éste asesore y de información a la que uno no tiene acceso? ¿Qué valor puede tener uno que no presenta toda la verdad sino que sólo una parte de ella porque tiene objeciones religiosas?
Uno es dueño de creer lo que quiera, siempre lo he dicho. Pero no es dueño de manipular la realidad (más bien ocultar parte de ella) para que la sociedad se comporte de acuerdo a las creencias de uno.
En la comuna de San Bernardo, que no es precisamente barrio alto (sí he estado ahí, gracias), hay un hospital que atiende a los residentes del sector y que está bajo el tutelaje del Opus Dei. De hecho es ahí donde hacen sus prácticas e internados los estudiantes de Medicina de la Universidad (sic) de Los Andes. Pues bien, de acuerdo a este reportaje que leí con la boca abierta (de la impresión), este hospital sólo da información e instrucción en el método Billings de anticoncepción, de acuerdo a la filosofía de la reproducción que tiene el mentado grupo religioso.
Me parece imperdonable que -de acuerdo a lo que dicen las entrevistadas- no se les hable a las pacientes de los otros métodos disponibles en el mercado. Sabiendo que este método tiene una alta tasa de ineficacia (hasta de 25%) y que es más complejo de usar que otros (“tómese una pastilla al día hasta que se le acaben y comience una caja nueva una semana después de eso” versus “analice la densidad de sus secreciones vaginales todos los días, además de estar atenta a otras sensaciones en la zona genital, las cuales pueden variar de acuerdo a sus actividades y otras patologías, ah y confíe en que Ud. tiene ciclos menstruales regulares”), estamos ante una situación abiertamente injusta.
¿Mencioné que San Bernardo no es una de las comunas de mejor nivel socioeconómico de nuestra capital? La relevancia de esto es que las pacientes del famoso hospital tienen mayor probabilidad de verse en problemas -que no tienen sus congéneres de barrios más acomodados- tanto para entender la aplicación del Billings como para salir adelante con los efectos de un error (un hijo).
Para todos los que se llenan la boca diciendo que quieren erradicar la pobreza y ayudar a que Chile sea un país más igualitario en el marco de valores cristianos como éstos, aquí va mi respuesta: PURA MIERDA.
Son precisamente estas “iniciativas cristianas” las que hacen perdurar muchos problemas en nuestra sociedad. Permiten con la mayor indolencia que los pobres sigan siendo pobres.
No se pueden usar condones. No se debe planificar el tamaño de la familia con más que un método anticuado y poco científico. No se les debe abrir la mente a otras realidades. La idea es que sigan sintiéndose indefensos y necesitados de la Iglesia, que provee ayuda y protección. Linda la ayuda, linda la protección. Para que la gente salga adelante no se le debe entregar el pedazo de carne; hay que enseñarle a cazar. Ah, pero ahí corremos el riesgo de que piensen por su cuenta y ya no les crean a los curas y a las beatas. Estoy harta.

Sobre anticonceptivos, píldora del día después y aborto

Creo que ha llegado el momento en que debo dejar de evadir este tema, a la luz de los hechos que recientemente han tenido lugar en nuestro país. Me refiero a la prohibición de distribuir la “pastilla del día después” y la posibilidad de que muchos otros anticonceptivos salgan también de circulación, porque una comisión del Senado se sintió representativa de toda la población y votó por eliminarlos de entre las medidas permitidas de control de natalidad.
Yo no me haría un aborto ni tomaría la píldora del día después porque el anticonceptivo no me funcionó o porque simplemente no me cuidé. No tengo una opinión acabada de qué haría o qué aconsejaría hacer a mi hija si, Dios no lo quiera jamás, hubiera de por medio una situación violenta que terminara en embarazo.
Los abortos se llevan a cabo en Chile todos los días, innegablemente. Por causas como las que menciono y por otras muchas. El hecho de que sea ilegal no implica que menos mujeres decidan interrumpir sus embarazos: el resultado es simplemente que lo hacen en malas condiciones de higiene, con miedo, desinformadas[1] y corriendo riesgo sus vidas o su futura maternidad. Ésa que querrán poner en práctica cuando tengan la posibilidad de traer al mundo a un niño que será amado y cuidado con todos los sentimientos que el instinto maternal y paternal inspira.
Realmente no me siento quién para moralizar al resto de la gente en cuanto a una decisión que, según yo, es estrictamente personal. Pero no es personal negarle atención médica al amparo de la ley a una mujer que ha decidido abortar. No es personal permitir que haya miles de niños maltratados, abandonados, pobres, enfermos y sin educación cuando es tan fácil que una mujer medianamente responsable se acerque a su consultorio y pida (y le sea entregado sin mayores sermones ni interrogatorios inapropiados y humillantes) un anticonceptivo.
Todos sabemos que cuando algo se prohíbe, el mercado negro florece y los beneficiados son los que tienen poder adquisitivo suficiente para comprar a un precio no competitivo. Lo cual produce un serio problema de desigualdad, porque las mujeres de pocos recursos no podrán pagar. Con ello no sólo se perpetúa el círculo vicioso de la pobreza, sino que además se ahonda.
No es mi objetivo polemizar en torno a si ciertos anticonceptivos son abortivos o no. Ya he expresado mi propia opinión. Me interesa que se entienda que la conciencia y los principios en este tema son algo personal e individual. Quien no esté de acuerdo (por la razón que sea) con los anticonceptivos, la píldora del día después o el aborto, tiene la libertad de no usarlos. Pero quien no objete a ellos también debe poder adquirirlos sin estar quebrantando la ley, que para estos efectos no merece ese nombre. Se ha transformado ella en una imposición arbitraria, subjetiva y, para usar una de mis palabras favoritas en relación a Chile, autoritaria.


[1] En caso de que se legalizara el aborto, sería muy importante que hubiera en consultorios y hospitales, un centro de orientación que entregara apoyo psicológico y cuidado prenatal (esto para quienes optaran por no abortar, claro está; las que sí, tendrían controles post-aborto). Las fundaciones pro-vida tendrían un excelente papel que jugar, siempre y cuando se limitaran a la presentación de opciones como la adopción y no recurrieran a instaurar culpa o cargo de conciencia. Dicho centro también debería tener una bolsa de trabajo para las mujeres que elijan tener a sus hijos y enfrenten una situación económica difícil.

Los derechos obligatorios: oxymoron

Finalmente nuestros “representantes” se han civilizado y aceptado mayoritariamente que el ejercicio de un derecho no puede ser obligatorio: está tramitándose una reforma constitucional para que la inscripción electoral sea automática y el voto, voluntario.
Me gustaría recalcar que quienes aprobaron dicha reforma no pertenecen a un sector definido de nuestro mundillo político. Lo cual elimina de plano cualquier crítica partidista que se pueda hacer. Una muletilla menos para los quejones de uno u otro bando.
Quienes hayan leído mi breve análisis estadístico respecto a la selección que se produce bajo modalidad voluntaria de sufragio en el verano, sabrán que éste es un tema que me interesa sobremanera. Como los números no mienten, me apoyo en ellos nuevamente para parafrasear de EMOL el otro lado de la moneda: la selección que las leyes han producido en la población chilena que sí vota. Dice: “Adicionalmente, hay más de tres millones de personas -jóvenes en su mayoría- que podrían inscribirse pero no lo hacen, porque ello les significaría verse obligados a votar en cada elección, y no cuando a ellos les parezca apropiado. Esto ha ido sesgando el padrón electoral hacia segmentos de población de mayor edad: en 1988, el 36 por ciento de los inscritos tenía entre 18 y 29 años de edad; hoy, sólo el 8,5 por ciento corresponde a ese segmento etario (sic), lo que modifica los temas de las campañas y es crecientemente inconveniente para la democracia”.
I rest my case.
Queda en el tintero un análisis a otros derechos que uno debe ejercer obligatoriamente, como por ejemplo el prenatal en las mujeres que trabajan a contrato. Tal derecho es irrenunciable, pero todos sabemos que en realidad son muchas las que prefieren (con justa razón) trabajar hasta que ya no dan más (he sabido de mujeres que van a trabajar un día y al siguiente tienen la guagua: valientes ellas) y después recuperan esos días en el post natal, donde tiene mucho más sentido quedarse en la casa si médicamente no hubo razón antes del parto. El empleador enfrenta multas si no “obliga” a sus empleadas a acogerse al prenatal: recuerdo que cuando redacté mi carta de renuncia tuve que mencionar explícitamente que se me habían respetado todos mis derechos como “madre”. Pero esto es Chilito y a la hora de los quiubos todo queda entre jefe y subalterna. Por suerte. Estamos esperando que la ley se flexibilice en eso también y permita que las mujeres tomen el descanso maternal cuando quieran, siempre y cuando su médico no diga lo contrario. La guagua la tienen ellas y la tienen que dejar con menos de tres meses de edad, ellas. No la ley.

Qué se puede decir

Reconozco que estoy triste por los resultados de las elecciones presidenciales de ayer. Los intuía, pero constatarlos es otra cosa. Aunque ninguno de los candidatos me parecía idóneo para el cargo.
Uno porque su grupo ha estado ya demasiado tiempo en el poder y, como todo, ha decaído. La corrupción, la automatización de actitudes y propuestas, el estar atado de manos por acuerdos políticos que impiden innovar en temas sociales (no de combatir la pobreza, sino de cambiar a la sociedad) y otros hace tiempo lo hicieron merecedor de irse para la casa.
El otro, por la persona que lidera. Me parece incomprensible que gente "de bien", educada y que se dice cristiana o preocupada por el prójimo y el ejemplo de Jesús, haya votado a un hombre que todos saben formó parte de su fortuna por medios menos que transparentes. Un hombre cuyo carácter arrogante, prepotente e impulsivo no dudará en enemistar a Chile con sus países vecinos en tanto él los vea como menos que nosotros.
Yo soy la primera persona en abogar por la alternancia en el poder, pero no a ciegas. No idealizando a las personas. Mirando al conjunto de quienes tendrán puestos importantes en el gabinete y en el sector público.
Tomando en cuenta la vaga respuesta del presidente electo en cuanto a dar cargos públicos a personas que apoyaron la Dictadura, siento un poco de aprensión. No son pocos los que sentirán un dedo en la llaga siempre abierta de los parientes de detenidos desaparecidos, de los exiliados, de los reprimidos. De todos los que sintieron que Chile se rompió un poco desde el año 1973. Haya sido guerra civil o no, el hecho es que el Goliat de la situación venció porque tenía más poder y más medios y además se instaló en el poder durante tantísimos años sin preguntarle nada a nadie.
En los aspectos económicos tampoco está la salvación. Quien piense así, por lo demás, deja de lado importantes aspectos valóricos que una democracia no puede ignorar. Pero sin ir a ese detalle, algunas personas se apresuran a creer que Chile será un símil de país rico gracias a que es un empresario de derecha el que gobierna. No tanto. Ese empresario, sospecho, no tardará en dar concesiones y proyectos de obras públicas a sus amigos en desmedro de otros emprendedores que no sean de su agrado. Si eso no es corrupción, entonces no sé nada. Opiniones irán y vendrán respecto del criterio de selección, pero el hecho es que la gente no cambia y quien protagonizará la imagen de Chile estos próximos cuatro años es conocido por sus triquiñuelas para salir adelante en sus negocios. ¿Alguien que me lea lo conocerá tanto para poner sus manos al fuego por él y decir que será imparcial en esto? Es mejor ir olvidándose, también, de la pobladora sonriente con la que se fotografió el entonces candidato. Ahora que ganó, es prudente suponer que sus miras están en lados muy otros que los más vulnerables de la sociedad. Este hombre también es de los que creen en el "chorreo", enfoque que ya se ha comprobado ineficaz. Podríamos igualmente matar a todos los pobres, porque la atención efectiva que se les dará en este gobierno no será mayor que la que se les dio en veinte años de gobierno concertacionista.
El hecho de que el presidente electo se proclame católico no ayuda a este país de decreciente apoyo a la Iglesia. Al margen de mi propia opinión religiosa, queda claro que un presidente así no es representativo. Sabiendo que esta persona tiene el potencial de ser represivo por carácter, es de esperar que muchas medidas que ayudarían a que este país avance quedarán en el tintero. Lo "valórico" primará por sobre lo concienzudo de la opción individual, lo que no sólo no es democrático sino que es altamente condescendiente. Se cree que la gente es imbécil y falta de criterio y por lo tanto se busca "guiarla", como un padre a su hijo de un año. Tontos hay en todos lados (de sobra), pero una persona adulta tiene derecho a cometer sus propios errores y aprender de ellos y traspasar esa experiencia a otros. Lo que digan las autoridades eclesiásticas, supuestamente alejadas de lo sexual, sólo debería primar para los feligreses que creen que un hombre alejado de este procaz mundo puede enseñarles algo que ellos, simples corderitos, no son capaces de ver por sí mismos o en diálogo con su pareja e hijos. Esa "lección" no puede ser ley para todos los chilenos, que incluyen musulmanes, judíos, protestantes, agnósticos y ateos. Y otros. Ese "proteger" valores es imponerlos, al final del día. Una cómoda solución para los que creen algo pero no se quieren dar la molestia de ir a quienes estén en situación de escucharlo y convencerse. Nos saltamos ese paso de hacerlo por las buenas. Qué fácil. Qué "fraternal", para usar las propias palabras de quien también abusó de "la generación del bicentenario" y "el futuro". Ufff.
En fin. Para este día semi otoñal, prefiero quedarme oyendo la música de cierta película semi francesa, dirigida por el sublime Luc Besson. Música evocadora de playa, de olas chocando contra las rocas, de espuma efervescente en la superficie y de obscuridad y tesoros escondidos en la profundidad. De tenderse en la arena oyendo el sonido del agua; de sentir el abrazo del sol en la espalda hasta que ya atosiga y se entrega uno a las frescas aguas saladas, para partir luego de regreso con la piel un poco tirante, pero el aroma marino en la nariz y en el pelo (también un poco tieso y necesitado de agua dulce) y el alma henchida de felicidad y gratitud por este planeta tan bello y tan silenciosamente delicado. Música que se oía en años antiguos con amistades que ya no están y que siempre se extrañan por su optimismo, simpleza y pragmatismo y lealtad. Eterna amistad.

martes, 8 de marzo de 2011

Ya, córtenla

¿Qué tanto tenemos para celebrar hoy? ¿Que todavía no se nos paga lo mismo que a un hombre aun cuando hagamos la misma pega? ¿Que el hecho de tener hijos nos hace perder valor de mercado, como si ello equivaliera a ser más tontas? ¿Que algunas nos enfrentamos al ingrato e injusto dilema de tener hijos o tener una carrera profesional con el mismo despegue que la de nuestros colegas del otro género?
Y el resto de los días del año, díganme, ¿no vale que seamos multi tasking como nunca un hombre podría serlo? ¿No dicen nada las secuelas físicas de los embarazos y las lactancias? ¿Tiene cero peso el hecho de que nadie sino nosotras puede parir y amamantar?
Podríamos celebrar que podemos votar, que podemos estudiar cualquier carrera en la universidad, que podemos repartirnos las tareas domésticas, el cuidado de los hijos e incluso la atención de éstos cuando se enferman y tienen menos de un año de edad. Podríamos celebrar que por fin se tomó en cuenta que la lactancia dura más de 84 días corridos. Y varias otras similares. Pero nadie apoyaría esa moción, porque todos esos avances se hicieron en diferentes días del año y porque ya todas tenemos incorporados esos aspectos de la vida. Ya no son causa de celebración. Ahora son parte de las cosas “obvias”, “lógicas”, “el mínimo”. Nos sentiríamos tontas, incluso insultadas si de todas esas cosas se hiciera fiesta. Si no somos tontas, nosotras.
¿Qué estamos celebrando, entonces? ¿Por qué hoy y no todos los días? Y si es todos los días, ¿no requeriríamos trato especial siempre? ¿Es eso lo que queremos, trato especial? ¿Por ser la otra mitad del mundo? No es razón atendible, ésa. De ser así, tendríamos que celebrar el “Día del Hombre”, o el “Día de la Piedra”, ya que hay tantas. No queremos ser especiales ni distintas; queremos ser NOSOTRAS. Todos los días, ni más ni menos.
Entonces córtenla de destinar un día del año para marcar la diferencia. Déjense ya de dispararse en el pie. Hágannos a todas un favor y péguense el palmotazo en la espalda todos los días, pero sin tanto bombo. Porque somos personas como los demás, NI MÁS NI MENOS.

domingo, 12 de diciembre de 2010

La enésima es la vencida

A veces la discriminación positiva se me va tan para el otro lado que termino yo perjudicada, cuando en realidad la cosa es un delicado equilibrio de respeto mutuo, trato digno y un contrato que cumple con todas las de la ley.
Ayer descubrí que no siempre la culpa la tiene mi mal genio, si no que también la puede tener la desubicación de otros. Entonces decidí que esta mujer no vuelve a mi casa nunca más. Lo he dicho varias veces, como por ejemplo cuando me avisó el jueves que el lunes ya no volvía y yo figuraba con la tremenda panza de siete meses y medio, una guagua y una niñita chiquitísima y una casa llena de maestros. Como cuando le hizo la misma a mi hermana. La misma. Como en las ocasiones en que ha sembrado cizaña entre mi suegra y yo. Como cuando se amurra conmigo porque le digo qué hacer y qué no hacer en mi casa. Como cuando me quita a los niños de los brazos como si yo no pudiera solucionar sus pequeños quehaceres y conflictos, sin que le haya pedido ayuda a ella.
Parece que soy un imán para la gente dominante, territorial y manipuladora. No es la primera vez que una persona así logra que yo la mantenga en órbita durante bastante tiempo. Y por mientras, yo me siento dependiente de esa persona, incapaz de dar un paso o tomar una decisión o solucionar un problema si esa persona no da su opinión y mete su cuchara.
Al menos en el otro caso estaba disfrazado de amistad. Pero acá no era favor lo que yo pedía; estaba pagando por un servicio que sí, recibía, pero envenenado y pasado a utilización, a maquinaciones mezquinas, a ideas soterradas de que yo no podía hacer las cosas bien por mi cuenta.
¿Saben qué? Ya no más. Y me importan una pelota sus lágrimas de cocodrilo frente a mis hijos, tratando de pintarme como la mala de la película, la pérfida que le niega a quienes ni siquiera son sus nietos. Ándate, no quiero verte la cara nunca más. Anda a llorar a otro lado y a instaurar tu matriarcado de porquería a tu casa con tu nieto al que lograste alejar de su madre que es tu propia hija. Yo por suerte no lo soy. Mándate cambiar.

martes, 9 de noviembre de 2010

Mala madre

La verdad del asunto es que tener hijos no es sinónimo de querer estar pegada a ellos todo el día, abocada a enseñarles juegos, comunicarse con ellos (un poco de sarcasmo acá) y no tener vida propia. A mí me pasa que me aburro rápidamente de jugar a la casita, a las muñecas, a hacer puzzles y quisiera que lo hicieran entre ellos. No por nada los tuve tan cerca a unos de otros. Y no sólo por eso, pero no va al caso listar las razones. Y entre ellas no está esa tontera de "sacar la pega rapidito". If anything, tener varios cabros al hilo es regalarse más pega pesada para el día de mañana. Si logro salir airosa de eso, ahí sí que me pueden elogiar. Estoy en terapia para sacarle todo el provecho al tiempo que me queda y así maximizar las posibilidades de éxito.
Entonces que venga la educadora y me pida que "le eche una manito" en sacarle los pañales a la chica o que "le pegue una ayudita" en enseñarle que ofrecer combos e improperios a diestra y siniestra no es una actitud deseable, me parece un poco patudo. ¡Loca, si te estoy pagando para que TÚ ME AYUDES A MÍ en esto! Te aclaro desde ya que sí le trato de enseñar que no sea matona y bully, pero con hermanos mayores que le pelean la atención y los juguetes con más astucia, no le queda alternativa. Y respecto de los pañales, don't even get me started, porque no voy a mover un dedo hasta que la otra literalmente se desabroche el pilucho y se saque el pañal y se siente sola en el wáter. Así de simple. Si sucede mañana o en un mes o dos meses más, maní. Tengo mi plato demasiado lleno para preocuparme por nimiedades y ya incorporé el costo de los pañales en mi presupuesto familiar.
Ahora, lo que me queda de "tarea" a mí es bastante no trivial. Me queda aprender cómo tratar a estos niños ya que no me creo el bullshit de los comerciales de cereales en que la mamá vive abnegada por sus hijos para llevarlos y traerlos de sus actividades extraprogramáticas, recibir a los amigos con snacks hechos por ella y preguntarles cómo estuvo su día, todo ello con una sonrisa. Me da rabia que se postule que hay que hincarse al lado de ellos y repetirles las cosas mil veces con el mismo tono dulce y cariñoso, si la verdad es que a la tercera en una misma tarde dan ganas de pegarles un buen combo a ver si así entienden y la cortan.
Ya y denúncienme, porque tengo hartos otros temas que tocar con las autoridades. Porque una cosa es decir lo que he expuesto y otra es irse al chancho.

domingo, 6 de junio de 2010

A life less ordinary

En el idealismo de la inexperiencia uno planifica su vida para que sea perfecta, única y especial. Se convence a sí mismo de que saldrá adelante con más astucia que el resto, con menos amargura y que sabrá “ganársela al mercado”: sacar más ganancias que los otros con las mismas herramientas.
Es cierto que somos todos distintos y que buena parte de lo que logramos depende de nuestra actitud e inteligencia emocional, pero la verdad de las cosas es que en el camino el punto de vista y la perspectiva cambian y muchas veces uno se va contento a la cama emulando a Scarlett O’Hara: “mañana pensaré en eso”, porque no puede más. Otras tantas se da por vencido ante los modos del mundo y deja pasar cosas por malas que le parezcan, porque sabe que meterse en una discusión no logrará nada. Más de una vez uno toma, a ojos superficiales, una actitud un tanto derrotista e impensada incluso hace poco tiempo, en que el deporte era criticar todo y a todos.
Puede que uno deje de ser heroico, contestatario, inconformista y dado a la contraria, pero eso no quiere decir que deje de poner su grano de arena. No ha perdido valor humano quien decide no pelearla. Es más bien la sabiduría que viene con la edad (y el cansancio y la frustración de encontrar más paredes que oídos y manos), que nos susurra suavemente que tenemos que escoger nuestras batallas. Porque no sólo no da la energía para andar defendiendo todas las causas en que uno cree; es también que esa energía se usa para trabajar bien y ojalá obtener un reconocimiento de ello; para criar a los hijos con dedicación y amor en vez de dejárselos a una nana o una parvularia; para cultivar el propio espíritu y bienestar. Ahora, ninguna de esas actividades se contradice con pelear causas que nos parezcan justas: nuestro trabajo bien puede estar situado en un lugar que ayude a los demás. Nuestros hijos son la oportunidad más maravillosa para traspasar valores, normas de comportamiento e ideales, incluyendo en la acepción de “hijos” a alumnos o estudiantes. Nosotros mismos somos siempre ejemplo para los demás, con quienes convivimos a diario en tantos ámbitos.
Entonces no hay que ser ingeniero para darse cuenta de que es una gran injusticia juzgar a los que “se relajan”, porque es bien fácil sentarse en un departamento de soltero y con una cuenta corriente con saldo al debe a decir que el resto es una masa gris y fome.
Lo gris y fome es la gente que sigue los patrones que le han sido impuestos desde generaciones; los que pretenden que todo siga igual porque mejor diablo conocido que santo por conocer; los que impiden sin ninguna vergüenza que se vean las podredumbres que surgen de no alterar nada; los que ven al resto del mundo como un agresor al que hay que reducir al más puro estilo policial. Los que no piensan o que dejan esos pensamientos en suspenso porque están yéndose por sendas peligrosas, revolucionarias, herejes. Yo, que nunca cito a la Biblia, esta vez me remito a una parábola que va más allá de lo dogmático: la de los talentos. Dios también nos dio el intelecto como un don que hasta ahora ninguna otra especie ha usado en el plano espiritual y abstracto. Usemos entonces ese intelecto y pensemos por nuestra cuenta, en vez de recibir dictados ajenos como verdades absolutas. No pequemos dejando nuestra capacidad de análisis en el cajón porque alguien nos dijo que ciertas cosas no se discuten.
Lejos de querer sonar petulante o condescendiente para con los más inexpertos, mi pensamiento va más bien dirigido a que esas mismas personas también cambien para que no se vean solamente a sí mismas como los impulsores de una nueva sociedad. Para que comprendan que, cada uno en su frente particular, muchos tenemos conciencia de que hay cosas que hacer y las estamos llevando a cabo de modos que una persona que no ha pasado por ciertas vivencias no está en condiciones de entender.
Con lo cual, con orgullo digo que la vida a uno no se la gana si uno se mantiene despierto para oir esa vocecita que aprueba o rechaza ciertas actitudes, obras, omisiones y palabras. Siempre, aunque se tengan cien años, es posible marcar la diferencia, ser un soplo de aire fresco para la humanidad, un aporte para alguien que se de la molestia de mirar con los ojos de adentro. Los que vivimos a conciencia dormimos tranquilos sabiendo y con pruebas concretas que nuestra vida no es común, corriente ni promedio. Es mejor.

P.S.: No quise decir que una nana o una parvularia no crien con amor o que desmerezcan en ningún aspecto; sólo que si LA MADRE tiene la oportunidad de criar a sus hijos con dedicación y amor, eso es lo mejor para ellos.

martes, 27 de abril de 2010

Karadima

Tras ver y leer numerosas noticias, reportajes, entrevistas y cartas respecto a las denuncias por abuso sexual por parte del sacerdote Fernando Karadima (no me nace llamarlo “Padre” porque de mí no lo es y nunca he usado esa palabra para dirigirme a ningún sacerdote), es imposible abstraerse de tener una opinión. En mi caso, no se me ocurre una razón por la cual personas que trabajan para sustentarse, que tienen familia, hijos, amigos y conocidos y que en algún momento estuvieron en estrecho contacto con la Iglesia Católica, quieran hacerle daño a nadie porque sí al exponer situaciones personales de índole íntima y dolorosa. Menos aún respecto de una persona que supuestamente no tiene en su mira más que el bien de la sociedad y especialmente de su congregación o círculo cercano. Siento muy profundamente el sufrimiento, dolor, vergüenza y desengaño de los denunciantes.
Me molesta saber que el proceso eclesiástico ha demorado hasta ahora tres años en ver una causa que, como dice el sacerdote jesuita Marcelo Gidi, no debiera tomar tanto tiempo ni estar supeditada a otras por su naturaleza tan delicada. Me parece que el Cardenal Errázuriz metió la pata al reconocer que dejó la causa de lado a la espera de mayores antecedentes: toda vez que los denunciantes dicen no haber recibido ninguna respuesta formal de parte de la Iglesia, se ve que hay dejadez intencional, gracias a la cual pasa el tiempo en medio de la más absoluta desidia y nuevamente nos enfrentamos a la posibilidad de que el acusado muera antes de que le toque declarar o se entere al menos de su condena y la cumpla en lo que le quede de vida. Entonces da mucha rabia que la Iglesia pida que se le tenga confianza, si hay un abuso de ésta cuando recibe los antecedentes (en un gesto de buena voluntad y discreción por parte de los demandantes, que podrían haber partido por entregarlos a los tribunales civiles o a los medios de comunicación) y se los deja acumular polvo creyendo (quizás) que así los demandantes desistirán de su acción.
En lo legal, no estoy segura de que haya gran éxito en las gestiones. En primer lugar está la supuesta prescripción, que ya se cumplió. Segundo, hay poca o nula evidencia: sólo se cuenta con testimonios a favor de una u otra parte.
La mayor posibilidad de éxito reside en comprobar que los afectados eran menores de edad cuando comenzaron los abusos. Al respecto llama la atención la porfía con que uno de los abogados defensores, un Sr. Bulnes, insiste en que eran todos mayores de 18 años al entrar en contacto con el Sr. Karadima. Su hipótesis, en todo caso, es avalada por una carta firmada por seis médicos que conocieron a uno de los acusadores y que dice que ya eran todos mayores de edad al comenzar sus visitas a la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en Avenida El Bosque, comuna de Providencia. Cuando la evidencia se sustenta en algo tan fácilmente comprobable es como para preocuparse por la falta de tino de dichos médicos y por su salud mental, que al parecer está deteriorada en cuanto a memoria se refiere.
Por otro lado, el hecho de que los afectados hayan tenido 16, 18 ó 21 años durante la época de los supuestos abusos es del todo irrelevante y es un argumento indigno de un abogado que se precie de ser persona decente. No sólo porque cada persona madura a ritmos diferentes en cuanto a lo sexual y a defenderse de agresiones psicológicas y sexuales -dificultando y haciendo perder gran parte de su sentido a una legislación de este tipo-, sino porque aunque haya sido sexo consensuado entre dos adultos, ello no es conducta propia de un hombre que voluntariamente hizo votos de castidad. Esto último no compete a los tribunales civiles porque depende del honor personal, pero la manipulación emocional, la amenaza y anulación de voluntad ante una figura de poder y de autoridad, de manera reiterada y masiva, no puede no ser juzgada (y con más rigor que la mera opinión) por un grupo de personas integrantes de la sociedad laica.
También me deja pensando el contingente de personas que han salido en defensa del Sr Karadima. Dejaré de lado a las mujeres porque, de ser cierto que el sacerdote es homosexual, ninguna de ellas tiene razones para acusarlo de conductas impropias en lo sexual (la única que habló en contra de él en el reportaje de TVN se refiere a su carácter dominante y totalitario). Sería posible que hubiera jóvenes que en el cura no despertaban emociones impropias y a los que pudo efectivamente guiar sin mayores sobresaltos en lo espiritual: serán ellos los que ahora salen en férrea defensa de su mentor (es posible que ellos también hayan sido objeto de acoso sexual y no quieran reconocer que, por una u otra razón, no hicieron nada al respecto y prefirieron guardar silencio; me parece que defender la propia dignidad y negar la propia debilidad es un reflejo muy esperable). Muy probablemente ejerció sobre ellos el control mental que todos quienes hablan en su contra mencionan, pero ello es difícil de esclarecer, sobre todo en una relación de guía espiritual, figura de autoridad y paternal a aprendiz joven e inocente de malas intenciones. Para no sonar condescendiente de personas adultas dotadas de criterio, no cuestionar ciertas actitudes o conductas es muy fácil valiéndose de la interpretación de humildad y obediencia que la Iglesia Católica predica en nombre de Jesús.
Es difícil no cuestionarse qué objetivo persiguen los denunciantes con hacer públicos sus testimonios. ¿Destituir al Sr. Karadima de su posición? Karadima tiene 80 años y está “jubilado”. No se sabe a ciencia cierta si su alejamiento de ser cabeza de la Iglesia de El Bosque fue por estas acusaciones. ¿Impedir que otros jóvenes sufran lo que ellos? Un poco tarde, considerando que el Sr. Karadima siguió incólume en su posición durante bastantes años después de que estos abusos tuvieran lugar. ¿Quedar con la conciencia tranquila? A lo mejor. Pero es una pobre estrategia la que han elegido, por cuanto han presentado una acción legal sobre un delito prescrito y del cual no hay evidencia. Sí se han amparado bajo la figura de un destacado y conocido abogado (Hermosilla) quizás bajo la premisa de que “quien pega primero pega más fuerte”, ya que si hubieran acudido a los medios de comunicación se les habría podido denunciar por injurias y calumnias o difamación. De hecho no es imposible que ello ocurra, ya que la solidez de su caso depende, como decíamos anteriormente, de que se compruebe la minoría de edad de los acusadores al momento de comenzar los abusos. Y que se pase por alto la prescripción. Y el éxito más grande del caso depende de que el nuevo sistema penal no se declare incompetente por la antigüedad de los casos y transfiera éstos al sistema que antes regía, cuya (falta de) eficiencia y rapidez todos conocemos.
Por último cabe preguntarse por qué los afectados decidieron hablar ahora y no antes. Las viejas a la salida de la misa dicen: “¿Y por qué entonces no dijeron nada antes?” pretendiendo restarle credibilidad a las acusaciones, cuando en realidad debieran estar dando gracias de que todo esto no haya sucedido sino ahora que el Sr. Karadima está retirado. La caja de Pandora, todos podemos estar de acuerdo en eso, habría tenido muchas más sorpresas entonces que hoy. Si miramos al acusado vemos a un señor entrado en años, cansado, investido de toda la solemnidad que su edad le confiere y todos tendemos a pensar como primera cosa que “a una persona de esa edad no hay que alterarla con algo así, por caridad”. Eso es de hecho lo que un sacerdote de la parroquia le habría dicho a uno de los acusadores, a diferencia de un jesuita (cuándo no) que lo instó a hablar cuanto antes. Pero, ¿a qué se debe el silencio de tantos años? Yo me imagino que a dolor, vergüenza, paulatina y trabajosa aceptación de lo sucedido. A todos nos ha pasado conocer a alguien, admirarle y después sentirnos decepcionados de esa persona. Es una experiencia triste, desoladora incluso. Nos sentimos más solos en un mundo hostil. Todo esto sin considerar que la persona en cuestión además nos ha hecho daño, lo que transforma la tristeza en devastación y trauma. Cuando, más encima, la persona nos amenaza con divulgar nuestros secretos (de confesión, en este caso) o con sacarnos del círculo al cual habíamos sido tan amablemente invitados (la Iglesia y su beneplácito), que nos acogió en un momento de desorientación, soledad y desconsuelo, no es de extrañar que uno se sienta atado de manos y pies y llegue a tardar años en decir algo. Pretender que surja la denuncia inmediatamente cuando se trata de jóvenes cuyo mentor ha abusado de ellos en aspectos tan íntimos, es no sólo simplificar la situación, sino tener verdadera falta de compasión por una persona que sufre, y mucho.
Ante el daño irreparable sólo cabe esperar una disculpa o explicación pública, pero mucho me temo que la Iglesia considerará aquel paso dado tras la Conferencia Episcopal en que la Iglesia Católica chilena pidió públicas disculpas a sus feligreses por los abusos cometidos por algunos sacerdotes. Lo cual hace que todo esto deje un sabor aún más amargo en la boca, porque quien predicaba que la obediencia y la sublimación del ego eran lo más importante, ahora calla cobardemente con tal de no humillarse frente a una comunidad a la cual parece haber engañado durante décadas.
Es casi imposible que muchos de nosotros volvamos a tener confianza en una institución humana que no se reconoce como tal. Una institución que encubre delitos imperdonables que ni siquiera afectan a adultos responsables, sino que a niños indefensos en proceso de formación. Por cierto que no podemos condenarlos a todos por las faltas de algunos (en qué proporción son esos algunos es algo que nunca sabremos), pero un reconocimiento llano, humilde, genuino de los errores que se cometen no estaría de más. Tampoco que se tomaran las medidas correspondientes en lo moral ya que en lo legal quedan muchos vacíos: si creen estar por encima de las leyes de los hombres, que lo justifiquen a través de una conducta si no intachable, al menos franca.

jueves, 4 de marzo de 2010

Mezquindades políticas

Así se refirió un político concertacionista al intento de la todavía Oposición de criticar el manejo que del terremoto han hecho las autoridades.
Ello, sumado a los interminables y morbosos “reportajes en terreno” donde se entrevista a los damnificados y deudos y se nos muestran imágenes espantosas con ominosa música de fondo, ha generado en Chile una ola de críticas que, si bien tienen algún asidero, perdieron mucha seriedad casi desde el inicio de esta tragedia.
Primero:
Todavía no sabemos qué confusión hubo a la hora de alertar a la población de tsunamis. Al margen de lo cual se me ocurre, por sentido común, que la gente que vive en la costa sabe o al menos debiera saber que, después de un terremoto, se viene la ola. En ese sentido, ¿quién necesita una alarma que dé la alerta cuando ya todos han sido sacudidos de sus camas por lo que a todas luces es un sismo? Por lo demás, ya está claro que quedamos como idiotas a la hora de comunicarnos en momentos difíciles. Celulares, Internet e incluso el viejo truco del teléfono fijo demostraron morir al primer sacudón. Así las cosas, ¿quién y cómo iba a recibir la alerta y mucho más, comunicarla a los demás?
Conclusión: no les podemos echar la culpa a las autoridades. Hasta en Juan Fernández hicieron sonar la campana de alerta de tsunamis y ahí si que no hubo terremoto anticipatorio y mucho menos alertas de parte de nadie más que la intuición de una niña de 12 años.
Segundo: La ayuda se demoró en llegar. Por cierto que era necesaria considerando que el sábado no se abrieron negocios y no había agua ni luz y para muchos ni siquiera techo, pero por favor. Nada es instantáneo. Hasta donde yo sé el Estado no tiene bodegas llenas de alimentos no perecibles, frazadas, carpas y pilas esperando a que se desate un desastre natural. En un momento de caos, ¿no es un poco mucho empezar a rezongar a menos de 24 horas, que “no ha llegado la ayuda”? Suena como si el terremoto fuera culpa de un descuido del Gobierno.
Conclusión: La gente necesita empezar a madurar y entender que no todas las gratificaciones son instantáneas. El Estado aún tiene un rol demasiado paternal y la gente se victimiza demasiado.
Tercero: En ausencia de despensas y billeteras, y con los negocios cerrados, la gente empezó a saquear. Hoy en día hay que llamar pudor no al hecho de esperar la famosa “ayuda”, sino a que se roben cosas de primera necesidad. Los caras de raja pasan a ser los indecentes que aprovechan de llevarse su televisor de plasma, lavadora y otros que difícilmente sirven sin electricidad. Entonces se impone el toque de queda y se hacen ver las “fuerzas del orden”, que protegen grandes negocios y con ello derivan el saqueo a lo que queda de casas y departamentos.
Conclusión: En tiempos de crisis, mejor permitir el saqueo a grandes negocios. No es socialmente deseable, pero peor es coartar toda vía de subsistencia legítima hasta que llegue socorro. Los emprendedores/comerciantes saben que su oficio conlleva riesgos y habrán tenido la astucia de asegurarse. Cómo va a ser peor permitir un saqueo e impedir así la delincuencia en las casas, que reprimir a la gente desprovista que con justa razón está aterrada.

No estoy exculpando la falta de agilidad en la entrega de raciones y ropa limpia ni la inoperancia de un pelado o dos que no pasaron el recado a otro, por poco que pudiera servir. Estoy diciendo que nos falta educación cívica y preventiva; que carecemos de sentido común y que nos las damos de gran cosa cuando en realidad somos bastante tontos.

Por suerte hay miles de otras personas, sobre todo jóvenes, que se organizan sin tanto aspaviento y juntan cosas y las llevan donde son necesarias. A todos ellos mis humildes gracias y mi más enorme admiración. A diferencia de los periodistas que, como decían en otro blog, se tomaron como verdadera competencia quién llegaba antes a la "zona de desastre" y no se preocuparon de llevar ni un pedazo de pan a los damnificados, pero luego relataban con gran "estoicismo" (término con que alguien en otro blog se autodenominaba) las penurias que estaban pasando, como dormir en un sofá de la estación de bomberos y no poder lavarse más que los dientes. Habríamos agradecido más que dedicaran su tiempo a nombrar a la gente que estaba en los lugares, para dar calma a parientes y amigos, que pasarse el día enfocando casas derruídas y perros vagos en busca de comida.

Y ahora, un muy necesitado tira pa’rriba:


jueves, 3 de diciembre de 2009

Más estupideces de la gente

Esto no tiene nada que ver conmigo y sucedió hace un buen par de años, pero cada vez que me acuerdo o que se comenta quedo igual de estupefacta que la primera vez que me lo contaron.
Una de mis mejores amigas había entrado a trabajar a una empresa como por estas fechas. Menos de un mes después de entrar, fue la celebración/paseo de fin de año en dicha empresa, evento al que por supuesto fue invitada.
Le dijeron que la cosa era con piscina, pero mi amiga prefirió no llevar traje de baño porque no tenía ganas de andar mostrándose ante desconocidos a los que después tenía que ver igual todos los días. Le pareció bien ponerse unos pantalones blancos de lino para ir a la famosa convivencia.
Una vez ahí, el problema comenzó cuando uno de los compañeros de trabajo de ella le dijo que daba lo mismo si tenía traje de baño o no, porque la costumbre era tirar al agua al integrante más nuevo del equipo todos los años (y las compañeras asintieron, para horror de mi amiga). Ella, como cualquier persona normal, declinó con una sonrisa y le explicó que no tenía ganas de mojarse, que no había traído más ropa y que no le parecía buena idea la tradición. Enfermo mental, sin embargo, no se dio por aludido y procedió a PERSEGUIRLA para tirarla a la piscina. Mi amiga, no pudiendo creer la situación, corrió donde el señor que la había contratado, su jefe. A pesar de haber demostrado que era una persona educada, éste le dijo que no podía ayudarla y que lo mejor que podía hacer era ¡dejarse tirar al agua!
A estas alturas la furia y la impotencia de mi amiga deben haber sido mayúsculas. Pobre, me la imagino y la indignación se me contagia.
La cosa es que este compañero de oficina tomó a mi amiga por la cintura, decidido a lanzarla al agua. En su desesperación, mi amiga logró pescar el brazo de este personaje y LO MORDIÓ. Tan fuerte, que le dejó una herida que esta persona posteriormente se hizo ver en un consultorio de salud. Ante este gesto, el hombre comprendió que mi amiga hablaba en serio. Frustrado su plan e irritado por la reacción, la dejó ir sin tirarla al agua, pero como se comprende la fiesta se aguó para todos.

Hace unos meses mi amiga fue despedida de ese trabajo (por otras razones) y por suerte, no tardó en encontrar otro. Hoy nos mandó un mail contando que la próxima semana tiene la celebración de fin de año en su nuevo lugar de trabajo. Todas nos acordamos del "suceso".
¿Qué tal? De seguro que mi amiga quedó con fama de conflictiva en su antigua pega. De hecho, creo que nunca logró llevarse bien con el imbécil del primer paseo. No sé si fue a los otros paseos que hubo, pero no volvimos a saber de incidentes con ella o con otros.
Yo me pregunto hasta dónde llega la incivilización en este país. Gracias a Dios a mí nunca me pasó algo ni remotamente parecido cuando trabajé, porque siempre me rodearon personas muy educadas y el ambiente no habría dado para nada así.
Creo que yo me habría quejado formalmente a mi jefe si hubiera estado en el lugar de mi amiga. Claro que es difícil, porque ella estaba recién llegando y se resistió a una tradición estúpida, pero tradición al fin y al cabo. Quizás cuándo habría vuelto a encontrar trabajo si se hubiera quejado ante las autoridades, porque luego habrían dicho que era "complicada" al pedir recomendaciones.
¿Qué opinan Uds.? Yo opino que esto es un abuso y una rotería; que a ningún adulto se le puede aplicar una "iniciación" como la que describo en un lugar de trabajo. Creo que el abuso además fue de género porque si mi amiga hubiera sido hombre, seguramente la cosa no habría pasado a lo físico. A un hombre puede importarle menos un chapuzón involuntario, pero esto va más allá. Se trata de la imposición sobre la voluntad de otra persona y la absoluta falta de apoyo y comprensión por parte de los demás.
Estupideces por el estilo se dan de manera constante en nuestra sociedad. Ejemplos: el "mechoneo" en las universidades (una "bienvenida" de corte prehistórico que los estudiantes de segundo o tercer año hacen a los novatos y que incluye desde romperles la ropa, cortarles el pelo, robarles los zapatos y hacerlos hacer cosas humillantes en público hasta lesionados en hospitales); la "pagada de piso" a los nuevos empleados ("el nuevo" invita a almorzar o comer a los "colegas", un grupo de desconocidos que se comen y toman todo a costillas de uno sin importarles si uno preferiría gastar su plata en otra cosa o si la necesita luego de un período prolongado de cesantía) y otros similares.

¿Será esto evidencia de ese resentimiento típico chilensis? Es como decirle al prójimo "Mira hueón: no te las dís de bacán por haber encontrado pega/entrado a la universidad. Toma, para que se te bajen los humos y empieces a ser cabizbajo y gris como el resto de nosotros".

lunes, 30 de noviembre de 2009

Pensamientos aleatorios

1. Quiero comer esto todo el rato

2. Cierto blog que sigo con cuasi obsesión hace poco más de un año, puede haberme hartado. Entre el proselitismo, las faltas de ortografía y algunos comentarios un poco desubicados para un blog tan masivo ("los demócratas son todos unos locos"; "voten por mi papá, háganlo por mí"; "la comida de este conocido restaurante es asquerosa"; "mientras este viejo se quejaba con el administrador del restaurante del ruido que hacían mis hijos al comer, yo sólo podía pensar en lo grandes que eran las orejas de dicho señor"; "el médico que me atendió, Dr. XX, es medio estúpido, pero igual quiero que él me opere", etc.), creo que I've had it.
3. Por fin estamos viendo la luz al final del túnel con este virus maldito, pero ni tanto.
4. ¿Cocinaré esto hoy? ¿Hará alguna diferencia que no use arroz arborio?

5. Procrastinating mi ida a la Universidad Pluralista a averiguar mi status y requisitos para reincorporarme. En mala.
6. Jardín invadido por...cuncunas. Mátenme. No, mejor mátenlas a ellas. Puaj.
7. Riego por goteo "fácil"...JA.
8. Dos semanas para que termine el jardín infantil...horror.
9. Presiones para instalar el arbolito. ¿Mejor un poste de Festivus? Digo, para que cierta persona no saque todos los adornos...

10. Todavía no sé por quién voy a votar. Por suerte no soy vocal de mesa. ¿Y tú?

Fotos: Smitten Kitchen, ici

jueves, 12 de noviembre de 2009

Desahogos de tránsito

Rabio mucho todas las mañanas cuando manejo y tengo que doblar hacia la izquierda desde una calle chica a una avenida con doble tránsito y donde sólo cuento para mi maniobra con un paso de cebra. Este conjunto de líneas amarillas dibujadas en la calle les indica a los conductores que van por dicha avenida que no pueden detener su auto ahí, porque vienen otros vehículos (como el mío) entrando a la calle.
Como la gente en este país tiene serios trastornos mentales, sin embargo, los que respetan la mencionada señal de tránsito son los menos. La mayoría se instala cómodamente encima a esperar que avancen los de adelante y uno queda atravesado en la avenida, impidiendo que pasen por ella los que van en el sentido contrario. Hasta que uno se envalentona y le echa su auto encima a alguien o recibe la limosna de un gesto cívico por parte de algún conductor.
Mientras adquiría experiencia y seguridad en el asunto de manejar, más de una vez debo haber bloqueado un paso de cebra. Otras veces no respeté la preferencia. Como estaba conciente de mi nivel de sabiduría y como no siento que se me caiga ninguna corona al reconocer (algunos de) mis errores, si alguien me tocaba la bocina o me miraba con odio pedía disculpas. ¿Qué puede pasar si uno hace eso? En el peor de los casos, si el oponente es antipático, quizás uno reciba un escarmiento. Desgradable, pero merecido. Se aprende, se olvida el mal rato y se sigue adelante.
Curiosamente parece que la gente acá estuviera esperando que uno se enfrasque con ellos, sólo para pelear y conseguir que todos lleguemos a nuestro destino lo más disgustados y violentados que se pueda. Para que la mala onda se esparza por doquier. Entonces las alternativas son: a. la gente es tan imbécil que le importan un huevo las reglas y la convivencia gentil; b. la gente está conciente de las reglas, pero es tan amargada que está dispuesta a no respetarlas por si alguien "pica" y así logra descargar un poco de su malestar.
Volviendo al tema, es inevitable que se me acelere el corazón a medida que me acerco a esta situación que comento. Me pregunto con qué pelotudo me iré a topar en el paso de cebra y cuántos segundos me permitirán los de los autos detrás del mío antes de levantarme a bocinazos porque no quise tirarme a la avenida sólo para que me bloquearan en un lado y me siguieran bocineando del otro.
Creo que saqué mi propia conclusión. La gente es amargada e imbécil. Porque no puedo entender que este país prospere como lo hace y que la gallá pueda manejar los autos que maneja (o sea tenga un nivel de ingresos no tan malo) si no tiene un mínimo nivel de discernimiento. No; lo hacen a propósito. El idiota que pasa con roja o que se cuela en el vuelito de la ambulancia; la vieja estúpida que va a doblar pero no señaliza y se pega la chantada en la esquina, arriesgando que uno la choque por atrás; el choro que estaciona su cacharro en un sector con línea amarilla y cree que por poner los intermitentes está todo bien; los descerebrados que arman taco cuando quieren doblar a la izquierda habiendo línea continua. Haciendo honor, por último, a mi caso particular, los descriteriados de porquería que deciden por mí que no me están bloqueando el paso a mi propia casa.

Ya que estoy en esto, contaré que el otro día iba con dos de mis niños en un coche por la calle. Llegué a una esquina donde había un paso peatonal, pero estaba bloqueado por un regio Jaguar. Miré a la persona que estaba al volante para pedirle que se corriera, porque mi única alternativa era bajar a una calle con tránsito rápido y me pareció peligroso, injusto e innecesario ya que tenía delante mío mi posibilidad legítima y legal. El diálogo (en señas, porque la vieja ni bajó la ventana) fue más o menos así:

Yo: Por favor, quiero pasar por el paso peatonal con el coche con mis hijos.
Demonio: Lo siento, estoy acá porque no hay más espacio para estacionar. No me voy a correr.
Yo: Disculpe, pero tengo un coche con dos niños, acá hay un paso peatonal y quiero usarlo. Córrase.
Demonio: No, vas a tener que pasar por otro lado.
Yo (hirviendo de rabia pero manteniendo la compostura porque estaba con mis hijos y en la vía pública): ¿No te vas a correr? Perfecto.

Con un temblor visible en mi mano y el corazón saliéndoseme por la boca, saqué mi celular (que estaba cortado por no pago), fui a la parte de atrás del auto a tomar la patente, hice como que hablaba y daba el nombre de las calles. Demonio, rezongando, prendió el motor y avanzó hasta despejar el paso peatonal.
No sigo transcribiendo el diálogo porque, aunque ahí sí bajó la ventana, Demonio me lanzó una sarta de improperios demasiado vulgar para alguien que maneja un Jaguar en barrios decentes. Me puse a cantar canciones para mis niños, quienes por suerte no se dieron cuenta de la tensión porque mamá mantuvo la calma como persona educada que trata de ser. Le tiré un beso a Demonio (en serio, lo hice), le cerré un ojo y seguí mi camino como si nada.


No sería yo si hubiera pasado por ahí al regreso y no me hubiera encontrado con Demonio nuevamente. Debo haberme puesto de todos colores, pero pasé tranquila (por suerte el paso peatonal estaba despejado) y con la frente en alto y los niños ni se enteraron. Así que me felicito, aunque no sentí alegría sino que una inmensa tristeza de que las cosas sean así.

Para más remate, ésta no es la primera vez que me quejo de esto. Y qué nerd mi dibujo explicativo fotografiado.

viernes, 16 de octubre de 2009

Te las mandaste, Sergio


Buscando en Emol.com una columna de Warnken que comentaban mis padres anoche, llegué a una de Sergio Paz, titulada "¿En qué momento se jodió Farkas?".
Debo decir que, aunque los periodistas en general no cuentan con mi total respeto, Paz al menos era una lectura entretenida, novedosa y aguda.
Hasta que se chacreó (la frase la tomé prestada del propio Paz; gracias, Sergio, por tu aporte). Se creyó su propio cuento y no cayó en cuenta de que, a pesar de contar con seguidores de amplio grupo etáreo y heterogéneos intereses y actividades, ello no significaba que cualquier personaje de nuestro mundillo nacional le daría la pasada.
Ahora, he mencionado varias veces que Farkas me cae bien, muy bien; no habría votado por él si efectivamente hubiera seguido adelante con su candidatura presidencial (que me parecía un poco risible, como si un actor se presentara para candidato en EE.UU.-err...wait a minute...or two), pero creo que es un gallo super respetable.
Porque no se arruga con nuestra mentalidad falsamente modesta de "no figurar en boca de nadie para bien ni para mal" y dona millones públicamente y se pasea en un Rolls Royce. Como toda persona que surgió mediante el trabajo duro debiera poder hacer si le da la merecida gana y si es capaz de sobreponerse al escrutinio de las viejas copuchentas y los envidiosos. Porque le trabaja al look que nosotros consideramos "Miami" con su melena de dios germánico y sus corbatas de seda chillonas, pero igual se codea con los chilenitos grises y sus señoras vestiditas de negro y con las mechas laaargas y laaacias pegadas al cráneo creyéndose el summum de la elegancia. Porque nos dice en la cara cuán mediocres y cerrados de mente y amarretes somos y que eso es parte de la razón por la cual hay tanto resentimiento de clases y tanta depresión generalizada.
Enigüeis. Para rebatir la columna del Sr. Paz, que exhuda despecho por la biografía que no pudo armar debido al desinterés de Farkas, debo decir:

a) Que no sé si Farkas sigue apareciendo en los medios "porque le divierte". Claro, no le molesta, pero yo creo que el exceso de bombo se lo damos nosotros: los lectores. Siempre ávidos de cahuin ajeno y siempre listos para sacar la radiografía al prójimo a ver qué pelambre podemos encontrar. ¡Si en Chile no sucede nada emocionante! Obvio que nuestra atención se desvía a lo sensacionalista. En este caso, al millonario excéntrico.
b) Que no le encuentro relevancia al punto de vista de Paz sobre la "seriedad" de Farkas. Además, ¿qué tiene de poco serio? ¿Ha protagonizado algún incidente público que manche su reputación? ¿Ha hablado mal de alguien salvo para defenderse de injurias previas? ¿Manifestó en algún momento sus ganas o su impresión de representar al "empresariado" chileno? Los condoros se los mandan los mismos de siempre. Pero siempre está el chaquetero que quiere embarrarle la imagen a uno nuevo. En este caso, el Sr. Paz al Sr. Farkas.
c) Que no veo en qué se ha jodido Farkas con la gente. Pero si me lo preguntan, creo que se jodieron él y su familia en venirse a este poto del mundo donde nadie le desea el bien a nadie; donde no se puede hacer ni decir sin que salte la gallá a criticar; donde no los quieren porque rompen los esquemas latifundistas, achunchados, apatronados, condescendientes, clasistas, austeros al peo y mezquinos de Chile.

Foto: The Clinic

viernes, 11 de septiembre de 2009

Todo ordenado

Con gran alegría escribo las siguientes líneas:

1. Saqué toda la maleza de las jardineras que adornan mi balcón. No tan felizmente descubrí que sólo algunas de mis hiedras sobrevivieron al invierno, pero por suerte las que sí han florecido lo han hecho con inusitada fuerza que me permitirá trasplantar y volver a poblar de flores al estilo tirolés (salvo que no son flores tirolesas, pero la frase va por lo estético) la visual de mi ventana.
2. También me hice el ánimo y cargué el auto 2 veces con basura reciclable, la que fui a dejar i. al supermercado, ii. al centro de reciclaje. Compré más contenedores plásticos y le quité a mi perrita una fuente de entretención: destrozar las cajas de leche rancia en el patio de servicio.
3. Hoy me toca sortear la ropa de los niños para desechar/regalar/legar la ropa muy viejita/chica. También hoy abriré las cajas plásticas donde guardo la ropa que me llega de hijos/as de amigas y parientes y que selecciono para que posteriormente la usen mis niños. Es que me gusta lo vintage y me gusta ahorrar donde puedo.
4. Todavía espero la iluminación divina que me señale qué puedo cocinar que estos niños coman sin mayores mañas. Sí, hoy cocino yo.
5. En mi mente estoy comenzando a hacer las listas de cosas que debemos llevar al campo en nuestra visita de la próxima semana. ¿Cabrán el triciclo y la bicicleta en nuestro fiel auto? They'd better.
6. Esta tarde estamos los 5 convidados a comer, por lo que abocaré el resto de mi tiempo libre a hacer muffins con arándanos. Si no me manío en exceso, sacaré fotos para el registro. Ojalá no se me caiga la cámara dentro del bowl de masa.
7. También compré nuevos frascos de vidrio para guardar harina. Grandes frascos.
8. Por fin vinieron a hacer la mantención del jardín y me acordé (¡bien!) de pedir que sacaran toda la menta que ya está creciendo incluso en el pasto.
9. Del tiempo libre que me queda, tengo que ir a comprar regalitos para nuestros anfitriones del sur.
10. También TENGO QUE IR A INSCRIBIRME EN EL REGISTRO ELECTORAL. 14 años de resistencia pasiva idos a la mierda porque en todo ese tiempo ningún candidato de los calzonudos que se presentan, ha sido capaz de cumplir con que el voto en este país dictatorial por naturaleza sea voluntario. Típico me eligen vocal de mesa o alguna huevá por el estilo.

¡FELICES FIESTAS PATRIAS!

martes, 25 de agosto de 2009

Protocolo en Yoga

Durante muchos años tomé clases de yoga en un estudio ultra top, que fue uno de los primeros en Chile y que contaba entre sus lujos con un "resort" en el litorals norte donde se hacían clases magistrales, retiros y cursos con profesores traídos desde todos los rincones del planeta. Chorísimo. La mensualidad en dicho centro era bastante elevada, pero yo la pagaba feliz porque me quedaba en el camino a cualquier parte, había clases a toda hora para acomodar a todos los gustos y la escuela en sí era muy seria en su formación y los profesores eran de un nivel excelente. Además, en entrando uno sentía que cambiaba de atmósfera: siempre había suave música new age de fondo, un rico aroma a incienso y la sombra que regalaba el bambú, más el silencio y la calma tranquilizaban e inspiraban e invitaban a la meditación y la relajación.
Siempre me chocó un poco el exceso de "gente linda": actores taquilleros, empresarios choros, modelos y otra fauna perfecta pululaban con escasa y apretada vestimenta y un leve aire insolentón como diciendo "mírenme, no sólo soy regio/a sino que también iluminado/a". Puaj. Pero preferí centrarme en aprender y superarme. Entre nos, creo que logré bastante.
De a poco, como todo en Chile, la cosa se fue chacreando. La gente no respetaba la petición de silencio del vistoso cartel de la entrada; los teléfonos celulares sonaban en medio de la clase (y algunas personas contestaban la llamada); las socialités se lo conversaban todo dentro de la sala durante la meditación. Recuerdo que una vez estábamos en alguna posición enrevesada como ésta:


y entró la recepcionista, preguntando compungida que quién había dejado un Vitara estacionado en el pasto del vecino de enfrente. Sin atisbo de plancha, salió llave en mano el prototipo de usuario de Vitara (siempre hay excepciones; no se me ofenda naiden por favor): pelo engominado, músculos entrenados en gimnasio, bronceado fascinante, polera de fibra sintética ceñida y actitud prepotente (quien además había llegado atrasado porque de seguro los músculos del cerebro no lo dejaron interpretar los símbolos del letrero de la puerta, que decía en letras occidentales y en castellano que se podía entrar con retraso sólo después de la meditación inicial pero no más tarde que eso).
Así las cosas, empecé a buscar otros centros más baratos y menos snob. No fue fácil y entre partos, crianzas y otros ajustes, dejé la práctica de lado intermitentemente. Pero nunca volví a ese lugar y después supe que todos los profesores que me formaron se fueron yendo, la mayoría de ellos a formar sus propios estudios, que hoy gozan de justificado prestigio.
Considerando que ahora vivo literalmente al lado del dichoso centro y que sus precios deben haber bajado por la creciente competencia, qué puedo decir, es una de esas ironías de la vida.
En otros centros más humildes me he topado con gente más respetuosa, pero hasta por ahí nomás. Es que en esta sociedad no existe el concepto del metro cuadrado personal. Mientras yo pongo mis pertenencias en un rinconcito y trato de no invadir a nadie, me ha pasado demasiadas veces que alguien pasa caminando encima de mi mat (especie de esterilla plástica individual sobre la que uno practica para no resbalar en el suelo):


No soy patológicamente asquienta pero me da un asco atroz que alguien que no conozco se sienta en el derecho a tocar con su pie desnudo el lugar donde podría estar mi cara, mi boca, mi nariz. Es cierto que mucha gente usa los mats que provee el estudio o centro de yoga (y que tienen un olor...), por lo que le da lo mismo si alguien camina sobre él (entendamos que muchas zonas del cuerpo de muchos otros desconocidos tocaron ese mat, lo cual me retuerce un poco el estómago; espero que toda esta gente tenga a bien bañarse concienzudamente después de la práctica). Pero no es mi caso y por ello me he visto obligada a instalarme en la esquina menos transitada de la sala (también la de menos visibilidad del instructor, lo que me obliga a descifrar los nombres en sánscrito de las posturas).
Otro problema habitual es, otra vez, la falta de consideración a las reglas. Ya mencioné al ridiculoculturista que se sintió tan importante como para estacionar en cualquier parte; también los hay que creen que las reglas no aplican a ellos y por tanto entran a estos estudios con zapatos. Ahora, yo entiendo que a no toda la gente le acomoda sacarse los zapatos al entrar a un lugar porque pueden tener problemas de olor (ewww), o papas en los calcetines o desconfianza a dejar sus zapatos en una estantería y después no encontrarlos y tener que llevarse unas hawaiianas ajenas. Lo comprendo. Pero ¡para todo hay solución! Cuando yo iba a yoga después (o antes) de la oficina, también me daba lata dejar mis zapatos lindos preciosos en medio de chancletas carreteadas y zapatillas viejas. Entonces tuve la brillante y única idea de llevar una bolsita extra para los zapatos. Ooooh. Y cuando olvidaba llevarla, tomaba los zapatos con la mano y después los guardaba con el resto de mi ropa en el camarín. A veces uno se ilumina y tiene que compartir estos secretos con el mundo, ¿no?


En fin. Son estos amorosos detalles los que nos dejan en evidencia. Mostramos la hilacha en cosas tan sencillas, pero al mismo tiempo tan profundas. Somos unos pobres diablos que se creen tan bacanes, que no tienen que respetar a los demás. Como ignorando que es esa conciencia del otro lo que hace evolucionar a una sociedad. Que, de no hacer caso a lo que se nos pide (con toda amabilidad, por lo demás), retornamos a ser seres cavernarios, sin pulir, que no pueden pensar más allá de su estrecha mollera.

Fotos: Yogajournal, NieNie Dialogues, Anthropologie*

* Si alguien tiene planeado ir a EE.UU. y quiere hacerme feliz, deme su número de cuenta bancaria y yo le deposito para que me traiga esos zapatos. En serio.

jueves, 6 de agosto de 2009

Pena de muerte versus presidio perpetuo

A propósito del asesinato de Francisca, se elevan iracundas voces pidiendo la reinstauración de la pena de muerte en Chile. Algunos invocan las leyes divinas para justificarse; otros prefieren ponerse filosóficos y aducir que quien asesina ha perdido la condición de humanidad; aún otros vuelven (cuándo no) a hablar de los crímenes no resueltos de la Dictadura y unos muy pocos abogan por el racionalismo y la responsabilidad.
¿Qué pienso yo al respecto? ¿Prefiero que la sociedad se pronuncie respecto de la vida de un hombre y la termine, o bien estoy dispuesta a financiarle una vida de prisión a un asesino, hasta que muera?
Creo que ni lo uno ni lo otro. En tanto creo que personas así no pueden ser parte libre de la sociedad, no me queda claro que el encarcelamiento de por vida haga entrar en razón (que en poco redundaría, ya que la niñita no va a volver y desde la cárcel él puede llegar a re poca gente con su mensaje o lección) o arrepentirse. No me hace sentir muy cómoda la idea de ejecutarlo y pretender con eso paliar el daño y el sufrimiento; todos hemos tomado venganza en algún momento y sentido una satisfacción bastante menor a la que anticipábamos al ver a nuestro adversario en situación desmejorada. Ya no digamos verlo muerto, entonces. Además, como no todos tenemos la misma idea respecto de la muerte, es poco efectivo creer que una ejecución pueda ser el mejor escarmiento para ése y todos los criminales que se sientan impulsados a cometer acciones parecidas en el futuro. Hoy en día la gente es bastante más descreída de lo que era antes y un sermón apocalíptico respecto de las penurias eternas para quien haya dejado este mundo sin la gracia del Señor, cala mucho menos hondo que cuando no había tanta información, tanta experiencia extra sensorial, tanta filosofía alternativa al cristianismo y en general tanto escepticismo, tanta independencia y diversidad de pensamiento. Ya no estamos en la Edad Media (o así parece cuando uno sale a la calle, aunque a veces las apariencias engañan, sobre todo en este rincón del mundo).
¿Qué tan terrible puede ser que un grupo de personas juzgue que te toca morir y, entre esa decisión y el hecho mismo, te dejen al menos escribir cartas para expresar desahogos y atar cabos sueltos y despedirte de tu gente, te den todas las comidas del día E IGUAL VENGA UN CURA A CONFESARTE y absolverte de tus pecados, incluso el que te ha llevado a morir por ejecución? En ese sentido, ¿no es peor de todas maneras que alguien te pegue un tiro en plena calle, cuando ibas feliz pensando en cualquier cosa y no preveías que nunca más ibas a estar con quienes amabas ni podrías saldar asuntos pendientes? A lo mejor ibas camino a la Iglesia a confesarte y no llegaste. ¿Estás menos fuera de la gracia divina que el asesino ejecutado pero confeso? Porque nótese, si te condenan a morir tampoco estás eligiendo tú el momento de tu muerte, pero al menos lo sabes con antelación y puedes preparar tu conciencia y tus asuntos. Y te mandan al cura igual.
En vistas de lo anterior, la sociedad no gana nada matando a un criminal, salvo la mezquina satisfacción de haber devuelto la misma moneda. Eso no me habla de grandes cristianos ni de grandes personas. Me habla de infantilismo que sólo ve un poco más allá de sus propias narices. Aunque el dolor de parientes y conocidos es infinito y lo comparto, me parece haber descartado una de las alternativas sobre qué hacer con el asesino.
El encierro de por vida, entonces. Al margen de que el sistema judicial es un poco “especial” y que otorga rebajas de pena y libertad condicional casi arbitrariamente (o sea un veredicto de chorrocientos años en prisión no es garantía de nada), la teoría de privar de libertad a alguien es ideal. En teoría. Por falta de libertad se entiende que el gallo no es dueño de ir a donde le parezca cuando quiera; que no puede elegir ni siquiera dónde vivir (a diferencia de otros afortunados que viven en “arresto domiciliario” en su propia casa, con juicios por asesinatos mútiples). Más allá de eso, el preso se mete en una emulación a escala de la sociedad, con limitantes (léase mujeres, esparcimiento) que se suplen de alguna u otra manera. El preso no trabaja remuneradamente, por lo que es necesario mantenerlo. ¿Quién hace eso? Todos los chilenos que pagamos impuestos. No sólo ni necesariamente su propia familia. El preso tiene techo, comida, salud y algún orden de horarios en su vida. Quizás más de lo que jamás habría tenido afuera. ¿Es eso castigo? Hoy ya no se permite esclavizar a alguien, ni torturarlo. ¿Cuál es la lección?
¿Cuál será la SOLUCIÓN? Sentimos que vamos avanzando como sociedad y humanidad, pero crímenes como éste ponen de manifiesto que nuestras leyes y sistemas se han tornado, más que neutros, incapaces de reparar ciertos daños. Hay veces en que uno querría poder recurrir a la justicia impartida por la propia mano o a una muerte en hoguera delante de toda la comunidad, con el preso traído a la plaza mayor a la rastra, atado con cuerdas, desnudo, descalzo, sufriendo azotes y recibiendo piedrazos, insultos y escupitajos de todos los ciudadanos que quieran desahogar su justa indignación. Ahí podríamos hablar con autoridad de escarmientos.

martes, 7 de julio de 2009

Trolls, acechadores y privacidad

¿Dónde quedaron los choritos que tanto me consumían la poca paciencia que tengo cuando mi blog era público y abierto a todos los comentarios?
Porque ahora sólo pueden llegar a mí a través de un e-mail privado, que seguramente borraré antes de leer como toda la basura que entra en mi casilla, ¿no se atreven a pronunciarse?
Su misión evangelizadora, ¿se esfumó? ¿sólo la hacen cuando tienen público? ¿era fama lo que buscaban, entonces?
¿Por qué hay gente que cree tener derecho a atacar a las personas por lo que dicen, piensan, creen y escriben?
¿No es dominio de cada uno su propio blog? (a menos que uno explicite "por favor siéntase libre de decir la pelotudez que le venga en gana", cosa que nunca escribí en mi antiguo blog)
Si no tiene nada amable que decir, entonces no diga nada
Yo creo que nunca tanto. Todos somos dueños de decir lo que queramos y si me expuse de esa manera, tenía que pagar el precio. Pero aprendí.
Lamento que ciertos trolls sigan rondando blogs de gente que lee este espacio. Admiro su paciencia. Y por favor, comenten aunque no estén de acuerdo. Lo que me da rabia es esa gente que ataca desde el anonimato. Yo ya no opino en cualquier blog, tampoco.

P.S.: Más sobre el tema acá