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jueves, 10 de diciembre de 2015

Pasatiempo

No cabe duda de que una de las actividades más sanadoras y terapéuticas para cualquier persona es un pasatiempo; algo que se hace por mero gusto en el tiempo libre.
Hace unos años me dio algún achaque emocional (tuve tantos que no recuerdo la causa de éste en particular) y, para distraerme, me puse a cuidar las plantas de mi mamá que estaban en la terraza todas escuálidas y famélicas. Partí limpiándoles las hojitas con el dedo; después me di la molestia de ir a buscar un poco de papel húmedo al baño y al fin de semana siguiente ya les había comprado un spray con vitaminas y nutrientes y tenía guantes, palitas, píldoras para la floración, un paño especial para limpiarles las hojas y una mascarilla por si acaso. Así soy: obsesiva. Y ellas crecieron lindas, frondosas y sanas y dieron de esas flores con olor asqueroso por doquier. Cuando se me pasó la pena, confieso con pesar que también quedó atrás mi interés por las plantas. Pero fue un aprendizaje valioso.
Hay gente cuyo pasatiempo es hacer puzzles o crucigramas, y eso no tiene nada de malo (tampoco mucho de útil salvo para el que vende los puzzles o crucigramas). Yo tuve un período de adicción al Sudoku cuando estaba esperando a Gordo. Un día fui a sacar la revisión técnica del auto y me llevé un librito de Sudokus. Gracias a Dios también llevé lápiz a mina y goma para borrar por si me equivocaba: la cola fue tan larga, que alcancé a borrar buena parte de los puzzles que ya había hecho y los hice otra vez. Cuando –por fin- me tocó el turno para que me atendieran, me dijeron que la revisión todavía estaba vigente por otros seis meses y que me fuera. Y yo con mi panza de siete meses. Rico. También hubo un tiempo en que me dio por hacer yoga. Para que la plata me cundiera al máximo (en ese tiempo pagar la mensualidad me significaba desembolsar una proporción significativa de mis escuálidos ingresos de recién titulada), iba todos los días de Dios. Si tenía mucho que hacer en el día, iba a la primera clase de la mañana: a las 7. Todo bien, por fin empecé a comer nutritivamente, andaba feliz y en forma (un poco adormilada, nomás) y por supuesto me leí todo lo habido y por haber respecto al yoga que cayó en mis manos. Podría haber sido profesora (instructora, le llaman), pero justo entonces encontré mi primera pega. Estoica, seguí yendo a clases de amanecida. Hasta que un buen día me desperté de la relajación final con mi propio ronquido y ahí no volví más. No en ese horario, al menos. Qué plancha.
Pero siento que los pasatiempos adquieren otro carácter y otra importancia cuando tienen como resultado, algo útil. Por ejemplo, hay gente que teje. Otras personas sacan fotografías (¿habrá algo más entretenido que ver imágenes lindas, evocadoras, inspiradoras, acompañadas de un texto? Yo puedo pasar horas leyendo cosas así: ¡blogs!). He sabido de gente que hace trabajos en madera. Mi cuñado arma aviones a escala. No sé qué uso tendrán, pero debe ser muy valioso, a juzgar por la pasión con que los resguarda de los niños. Hay gente que fuma. Hay gente que toma. Pero ése es otro tema.
Yo hago pan. Todo tipo de pan.

En términos más amplios, horneo. La otra vez tuve que darles buen uso a unos arándanos maravillosos que nos regalaron unos amigos exportadores y de ahí salieron estos muffins que le dan la gorda a los del Starbucks.

También, como soy amante de las frambuesas, me apliqué a esto.

Pero queda igual de rico con frutillas.
El famoso queque de zanahoria.

Desapareció a las pocas horas de salir del horno. En mi barrio hay chacales.

Este es un queque de mantequilla. Sí, de mantequilla. ¿Light? No. ¿Delicioso? Sí.


Se nota.

Mi semana está lista

1. Una frase: “Mamá, quiero que me eches talco para quedar blanquita como una nube”
2. A propósito de las restricciones a las ventas cortas: “What do you say to a hedge fund manager who can’t hedge? Quarter pounder and fries, please” – James Mackintosh, The Financial Times
3. Para sorprender a los amigos: unas cuantas ramitas de romero fresco en las brasas hacen un asado aromático


4. Un sitio que no se pueden perder: Mujeres contra Sarah Palin (en inglés)
5. Para meditar, pensar, mirar lindos jardines, estar en paz y silencio: Casa de Ejercicios de Punta de Tralca






6. Otro abono gratis: en Starbucks Coffee hay paquetes de café usado que los clientes se pueden llevar sin costo para echar en la tierra y abonar plantas de todo tipo. La única precaución es esparcirlo bien y justo antes de regar, porque el café es ácido y puede quemar las plantas
7. Peeling natural y efectivo: esponja de mar. Inigualable.


8. Algo que amé ayer y que hoy mi hígado odia: Churros con chocolate caliente


9. Ya la han pelado, pero no me importa; me uno: el sitio web de Gwyneth Paltrow (¿cuál es el punto?)
10. Sorpresa: es primavera pero el clima no nos acompaña. Bu.

Fin de año

Estoy agotada. No, en serio, reventada; no puedo más. Puede que me haya llegado el temido viejazo. Considerando mi relativamente tierna edad, esa posibilidad es bastante lamentable. Pero también ha sido un año difícil, como no he dejado de repetir en estas “páginas” (una está acostumbrada a escribir un diario de vida, vous savez).
El otro día comentaba con alguien (¡no puedo recordar quién! No les digo yo…) que en este hemisferio la cosa es especialmente dura, porque no sólo hay que organizar y celebrar Navidad y Año Nuevo, sino que también tocan los cierres contables en las empresas, el fin del año académico (en la otra mitad de la naranja es sólo fin de semestre), hace un calor del demonio y uno ya está pensando en las vacaciones de verano, que de por sí conllevan también su propia organización de presupuesto, fecha, arriendo de casa si corresponde, preparación de viandas no perecibles, revisión del auto, etc. Pasada esa pausa en que muchos no alcanzan a descansar (tres semanas no es mucho, que digamos, para dejar atrás la neurosis trabajólica de que sufren muchos compatriotas), vamos comprando útiles, uniformes, pagando matrículas, dejando cheques a fecha, elaborando presupuestos, planes de negocio, revisando papeles para el pago de impuestos, etc.
Por mi parte estoy a punto de sacarle giro comercial a la casa, que ha sido sede de infinitos almuerzos, tés, comidas, cocktails y demases desde que empezaron los calorcitos. He tenido la posibilidad, eso sí, de practicar tanto que ya soy una bala de eficiencia y puedo organizar una comida para 12 personas en cuatro horas, incluyendo las compras y la preparación del menú. Todavía no me resulta salir mucho rato de la cocina, así que en realidad de vida social yo no he tenido demasiado, pero tengo mi lado perfeccionista y sé que si me desentiendo salen todos los aperitivos al mismo tiempo y se juntan los vasos vacíos en las esquinas y la comida se recuece.
En todo caso ya anuncié mi jubilación temporal del rubro de banquetería. No sólo me ha tocado comer las sobras durante días (porque, por muy elegante que sea, uno no quiere comer las carnes más finas con acompañamientos exóticos tres veces seguidas) sino que tengo que andar haciendo malabares para que pasteles, tortas y postres quepan en el refrigerador junto a las necesarias verduras y otras comidas más corrientes pero básicas en la alimentación diaria de estos niños. Se apilan también botellas de pisco sour, cola de mono (guac), bebidas y otros que no puedo dejar a la intemperie. Pero me quitan espacio. A lo mejor voy a instaurar un aperitivo antes del almuerzo, aunque corro el riesgo de terminar alcohólica, porque los grupos de gente que frecuentan mi casa no toman tanto como yo creo cada vez que voy al supermercado.
No puedo dejar de mencionar mis galletitas de Navidad. Fueron un éxito entre los vecinos. Mi nana se pasó, porque me ayudó a hacer unas encantadoras cajitas de papel con motivos de hojas verdes por un lado y rojas por el otro. Como retribución recibí un frasco de mermelada de damascos (mi favorita) hecha por mi vecina (con los mismos damascos que yo codiciaba desde mi lado de la pandereta y que un día no amanecieron más en el árbol, así de misterioso) y una bandeja enorme de pasteles finísimos de parte de doña M., quien se hizo tiempo en la apretada agenda de ella y su marido para acordarse de nosotros. Me inspiraron, para que Uds. sepan y hagan su propia obra, estas hermosas galletas (con receta en inglés, pero muy fácil).

¡Felicidades a todos!

Foto: Design*Sponge

Budapest

Cuando trabajaba en el encantador barrio El Golf, solía almorzar acá:


Este petit bistrot está ubicado, muy apropiadamente, en un reducido par de cuadras de estilo francés:








Hace unos años los mayordomos de estos edificios eran los más pudientes, porque la gente les pagaba para que avisaran cuando un departamento se desocupaba. Ello, claro está, antes de la fiebre inmobiliaria que ha azotado a Santiago:


Tengo fe en que la crisis económica obligará a la industria a darnos una tregua.
Pero vuelvo al Budapest. Tenía un chef directamente importado de Francia, un rucio flacuchento y muy serio que trabajaba sin parar. Hacía una quiche Lorraine deliciosa con una masa delicadísima que se deshacía en la boca y con la que además nos deleitaba en el postre, a merced de una tarta de almendras con salsa inglesa para llorar de emoción por lo irresistible. He tratado de emular esta masa pero aún estoy a años luz, aunque me voy acercando:

Hace años que no he vuelto a comer ahí. No sé si se ha mantenido la calidad y no me da el corazón para sufrir la decepción de que no sea así. En su tiempo hasta mi papá llegó desde el lejano campus a acompañarme a almorzar (entablando conversación instantáneamente en impecable francés, digno de un nativo, con el chef) y mi mamá desde el centro. También pololeé ahí con mi marido (ah, qué tiempos aquéllos en que éramos sólo dos) un par de veces y no creo errar si digo que en parte nos inspiramos en esa rica comida para elegir el menú de nuestro matrimonio, que merece publicarse y que en otra oportunidad compartiré en este espacio.

Quiero uno de éstos


Lo vi en EE.UU. y fui tan tonta (y apretada) que no atiné a comprármelo...
Y desde entonces sufro porque no tengo uno.
De hecho lo busqué en los malls pitucos y costaba EL DOBLE que en Williams Sonoma, que ya es bastante caro y además me perseguía donde fuera, lo juro, incluso caminando por la calle, en esos barriecitos simpaticones que hay en el lado nor este de Manhattan (amo esa tienda. Y esa ciudad. Y esos barriecitos).
Ah...las maravillas que podría hacer con él.
Y ahora regalan ¡3! en uno de mis blogs favoritos...
Pero como vivo en el poto del mundo...
Alguien quiere sacarme pica y lo logró.
Porque nadie podrá consolarme con que los de marcas nacionales son tan buenos como el KitchenAid. ¡No lo son! Yo soy chiquilla que hace sus tareas y averigüé y miré y son una mugre, al lado de esta preciosura. Con suerte se pueden hacer tres tazas de harina por vez y la paleta para amasar es casi artesanal. Patética. La "mía" tiene capacidad para un kilo de harina y todos los agregados necesarios y se pueden elegir movimientos y velocidades para todas las paletas. Leru leru.
Mejor voy a ver ElGourmet.com mientras lloro de rabia y pena.

Foto: The Pioneer Woman

Cinnamon, baby

Cuando llueve me inspiro, qué puedo decir. Llámenme cuica si quieren, pero creo que todo el mundo debería usar la cocina como terapia. Nada de sentarse en un diván a hablar; hay que hacer. Y si es para terapia, hacer cosas ricas.
El martes estaba cavilando que no quería comprar un queque plástico y lleno de aditivos para la colación del miércoles de mis niños, y decidí romper mi larga pausa de horneado para hacerles algo rico en la casa.
Mal día elegí: debido a la inminente lluvia, me pareció más sensato no llevarlos a la plaza y se quedaron en la casa toda la tarde. Eso no habría sido tan terrible si Chiquitina no hubiera decidido no dormir siesta. Al final me cansé de arrullarla en vano y, como tenía los ingredientes listos y la hora avanzaba, me vi obligada a poner manos a la obra entre gritos de aburrimiento, juegos bruscos (en el suelo de la cocina) y manitas curiosas que insistían en tocar la masa. Cumpleaños de mono.
Pero déjenme decirles que todo, absolutamente todo valió la pena. Porque hice el queque más delicioso de la Tierra, cortesía de Deb, quien me tiene al borde de la adicción con su blog.

Desearía tanto que pudieran oler mi cocina en este momento. La canela, las manzanas, la masa...celestial. La canela, sobre todo. Había olvidado cuánto me gusta la canela. Y ahora que descubrí un queque húmedo verdaderamente fácil (no sé si más rico, pero sí más novedoso que el de zanahoria), ya nunca seré la misma.
Y como estoy publicando esto, no me va a quedar otra que guardarle un pedazo a mi hermano, que es mandado a hacer para todas las masas que incluyan manzanas. ¿Será muy feo si le vendo el trozo de queque? Porque lo vale, créanme.

A pesar de que en este momento me está empezando a doler la panza por comer el queque aún caliente, creo que tengo que ir a ver que esté todo bien en la cocina. Uds. entienden: una madre no descansa.


Primera foto: Smitten Kitchen

lunes, 26 de julio de 2010

Disfrutarse a los hijos

Uno sufre mucho con sus hijos al comienzo, porque no sabe cómo tratarlos. Para cuando uno empieza a sentir que ya sabe manejarse, mira a su niño/a y ya no es una guagua y, por distintas aprensiones o mañas de uno, pasó casi desapercibido ese período irrecuperable y ahora tiene un párvulo. Y no es que lidiar con un párvulo sea lo peor del mundo tampoco, pero la "guagüez" no volverá.
De mi intensa experiencia, puedo contar que cuando esperaba a la Pollito me sentía muy angustiada porque no cachaba nada de cuidar a una guagua y no sabía si me iba a dar el cuero para estar de turno las 24 horas del día. Me sentía tan abrumada, que el día que me iban a dar el alta tras su nacimiento me subió la presión hasta el techo. Igual me dejaron irme, pero en la noche tuvimos que llamar a la Coronaria Móvil porque mi presión era... 15/9. Y como estaba "puérpera" (qué palabra más fea, sobre todo para esa situación) no me pudieron dar ningún medicamento. Pero en la primera visita al pediatra, éste me recetó Sulpilán y no lo dejé hasta que la Pollo cumplió 7 meses. Tomaba uno cada cuatro horas. Para quienes no saben, ese remedio está prescrito originalmente para pacientes esquizofrénicos y actúa como antipsicótico, ansiolítico y antidepresivo, lo que ayuda a las madres que amamantan a tener una oferta constante y abundante de leche materna (porque "tener leche" se correlaciona mucho con estar tranquila y relajada). Esa onda.
Sufrí mucho con la crianza durante muchos meses, años incluso. No sé si puedo decir que es un capítulo superado, de hecho, porque el primer hijo es el Conejillo de Indias; siempre enfrenta a sus padres a experiencias desconocidas.
Pero con el tiempo me fui dando cuenta de que no podía vivir sufriendo en mi interacción con mi hija: lo estábamos pasando mal y no era un disfrute para ninguna de las dos. Para cuando llegué a esta conclusión ella ya había dejado de ser guagua hacía un buen rato.
Por cierto que atesoro todos sus aprendizajes, su voz de guagüita, su carita maravillosa, nuestros paseos y regaloneos y cada vestidito, baño, caricia y sonrisa. Es sólo que desearía no tener también tan presentes nuestros altercados a la hora de comida (que terminaban con ella vomitando todo y yo llorando de frustración y desesperación, rogando porque llegaran mi mamá o mi marido a relevarme; si hubiera sabido entonces lo que era lidiar con 2 ó 3 al mismo tiempo me habría cagado de la risa todos los días), mi fijación por enseñarle altiro a ser "perfecta": con buenos modales, cariñosa, sociable y siempre impecable. Quisiera haber sido más relajada, más cariñosa que correctiva, haber confiado más en su criterio en vez de perseguirla aterrada porque podía caerse por las escaleras o meter los dedos al enchufe cuando ya se lo había dicho varias veces (¿creyéndola tonta?, haciéndoselo sentir de todas maneras) y ella no se acercaba. Qué arrepentimiento más amargo.
Tener más niños no compensa los malos ratos vividos con el hijo mayor. Cada niño es diferente y único y se expone a distintos problemas con uno y con el mundo, porque sus intereses no son iguales a los de los hermanos. Sí es gratificante tener varios hijos y me siento inmensamente bendecida y afortunada por ello, pero cada niño es un mundo y con cada uno se es una madre nueva, distinta. Es "una" la que va aprendiendo, pero no por eso se legitima que uno siga teniendo niños PORQUE con el próximo "todo será más fácil" y uno será "mejor mamá". Si no es concurso, la cosa. Y como digo, lo que fue "tema" con un niño no lo es con otro, pero ese otro trae todo un set de situaciones difíciles propias a las que los padres no se han enfrentado antes. Cuidado con lo que se desea, al margen de lo cual el segundo hijo y los que vienen después sí son más fáciles, pero porque uno aprendió, no porque los niños en sí sean menos complejos que el primogénito.
El único consejo que puedo dar con toda autoridad a las mujeres que están por tener un hijo, sea el primero o no, es que se relajen. Que no sufran imponiéndoles horarios desde el comienzo, hábitos alimenticios que se ven bonitos pero que traen más perjuicios que beneficios (por ejemplo, obligarlos a que se coman tooooda la comida del plato si se sabe que comieron una colación abundante o no se sienten bien) y comportamientos sociales que obedecen más a un protocolo de adultos que a una interacción natural entre niños. No estoy diciendo que hay que dejarlos crecer como salvajes (no sería yo si escribiera eso), pero sí imploro que se lo tomen con más serenidad, porque tiempo para enseñarles hay mucho y los niños se pagan, más que de cualquier otra cosa, de que uno sea cariñoso con ellos y se sienta seguro de lo que está haciendo. El aprendizaje así no será ni más lento ni más rápido, quizás, pero irá acompañado de un clima rico, agradable, cariñoso, como el que merecen todos los niños, que no pidieron venir al mundo.
Yo no sé qué costos de largo plazo pagará mi Pollito por mi reiterada estupidez para con ella, pero es algo con lo que tengo que aprender a vivir, tratar de perdonármelo y detener desde ya, manteniendo el esfuerzo sobrehumano que estoy haciendo para "reeducarme" en mi actitud y trato hacia ella. Me deseo toda la suerte del mundo, pero sobre todo sabiduría y humildad para darme cuenta y reconocer cuando estoy metiendo la pata. Y cariño infinito, porque por Dios que la amo.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Se viene...

Ya puedo prender el horno y no morir de deshidratación por el calor.Estoy releyendo mis recetas de pan y me pican las manos cuando veo libros relacionados al tema de factura panadera casera en las librerías...


Me han llegado dos indirectas de que ponga manos a la obra.
Y yo, obediente, lo haré, por mi bien y a lo mejor el de los demás.
¡Porque no garantizo que vaya a compartir! Éste será el año de los panes de campo.
(En la foto, pan con cebolla y queso, que fue prontamente devorado el invierno pasado con un bowl de sopa de verduras, vino tinto y buena compañía).
Buena terapia.

lunes, 3 de mayo de 2010

Idea para paliar la falta de ideas


Me tiene harta cavilar todos los días a las 10 de la mañana, qué ha de cocinarse para el día. Más harta aún estoy de que, cuando finalmente dilucido qué mandar a cocinar, faltan ingredientes y así termino yendo 4 veces en la semana al supermercado.
Entonces ideé un rudimentario sistema para decidir entre plato único o ingrediente principal y acompañamiento. Cada opción tiene un número asociado y un generador aleatorio de números decide qué se cocinará, de qué manera y acompañado de qué, lo cual también se abre a un sub abanico de diversas posibilidades. Brillante. Me hice un calendario y determiné con "el método" los menús para lo que resta de esta semana y para la próxima y así, mañana iré por segunda y espero que última vez al super a comprar lo que falta. Mi nana también se mostró muy complacida y aliviada con la decisión, ya que más de una vez ha tenido que inventar algo rápido para la hambrientita de la casa mientras yo vuelvo con los ingredientes para el plato del día.
Como ejemplo, quiero compartir el menú que nos toca esta semana:

Martes: locro falso (especie de charquicán pero sin carne)
Miércoles: garbanzos
Jueves: Tortilla con puré de papas
Viernes: asado alemán con papas a la crema (no muy light; por eso digo que es rudimentario, pero tendremos que comer a la francesa: de todo un poco)

No puedo creer que me haya tomado tanto tiempo armar algo que era tan simple. Pero por otro lado me alegro de confirmar que mi intelecto aún tiene sus chispazos por ahí. El método, más mi bulletin board que armé con plumavit, papel bonito para forrarlo y encachadas tachuelas de colores, son un gran paso en la vía a facilitarme la vida y no meter la pata por desordenada u olvidadiza o, digámoslo, cansada.


También me felicito por un nuevo enfoque a la porfía de algunas personas que apliqué esta tarde, que consistió en no retar, no arrinconar ni perseguir, sino que en dejar hacer y que se pagaran las consecuencias. En efecto, cuando la persona vio que los hermanos estaban acostados y que todos habíamos comido y nos aprestábamos a retirarnos, terminó diligente su plato y se puso pijama y lavó los dientes sin ayuda y en un santiamén.

Y ésa es toda la sesión de terapia por hoy.

lunes, 22 de marzo de 2010

Por ser

1. Ya estoy más tranquila. Créase o no, ventilar mi angustia me sirvió. Me ahorró al menos una sesión de terapia. Coming soon: más del miedo nocturno y sus entretelones.
2. Qué onda estas tontonas que andan shoplifting...ya, te creo lo haga una hija de vecino que nadie conoce, pero por qué una paca primero y después, siguiendo el regio ejemplo, la modelo televisiva. Hay gente tonta.
3. Mucho embarazo alrededor mío. Me hace sentir rara porque por una vez, la que espera guagua no soy yo!
4. Regresé al ejercicio. Corro y uso las máquinas de la plaza 3 veces a la semana y los otros dos días, estoy considerando volver a yoga ashtanga, que es "todo mi onda". Si el apetito me acompañara (menos), todo perfecto.
5. La verdad me tiene chata la gente que insiste en que Piñera venda las famosas acciones de Lan, como si ello hiciera la más mínima diferencia. Así como su autoridad le permitiría beneficiar a la empresa de la cual es dueño, esa misma autoridad le permite beneficiarse de los billetitos que la venta le produciría. Vía tasas, instrumentos, etc. Así que todos los ilusos que porfían en la famosa venta, desengáñense.
6. Ya pues, que llegue el otoño. Hasta cuándo me abrigo en la mañana para empezar a sudar al medio día y congelarme al atardecer. Todos los años lo mesmo.
7. Y que cambien la hora, por favor. Hay que ver que cuesta sacar a ciertas personas de la cama porque ven que afuera está como boca de lobo e insisten (con gritos y patadas, algunos) en seguir durmiendo.
8. Oda al pollo a la parmesana. Compartiré irresistible receta apenas encuentre esas pechugas de pollo deshuesadas que ya casi no compro por temor al efecto de las hormonas en las personas afore mentioned. Oda también a las berenjenas a la parmesana.
9. El Consejo de la Cultura debería prohibir que sigan ensuciando el nombre de Martín Rivas en ese insulto de teleserie histórica con montaje, guión y actores de pacotilla (Alfredo Castro, ¿qué te pasó?)
10. Amiguis en el colegio nuevo. Aún desadaptada (la apoderada). Feliz (la pupila).

martes, 23 de febrero de 2010

De huertas, vegetales y cosechas


Ya en el ocaso del verano, mis tomates están a punto. Gracias a ellos hemos tenido el privilegio de disfrutar de voluptuosas ensaladas de vegetal orgánico, sabroso y colorido como casi nunca se ve en las variedades ofrecidas en el comercio urbano.
La riqueza de la tierra de nuestro jardín, además, ha permitido que germine cuanta semilla cae en ella, lo que ha generado sorpresa cuando nos acercamos a ver la huerta y encontramos apio y perejil crespo que creíamos ya acabados por cuanto fueron cosechados la temporada pasada o a comienzos de ésta.


Lo que comenzó como un ordenado y pulcro proyecto de yours truly, sin embargo, terminó tomando vida propia y transformándose en una maraña de ramas, hojas, flores y frutos, a pesar de varios intentos de orientar el crecimiento a través de guías y podas. La reja que mantenía todo contenido y protegido de los niños y la mascota, tuvo que ceder paso a la exhuberancia casi selvática de las plantaciones, que obligaron a su dueña (moi) a pasar interminables horas cuasi a punta de machete tratando de clarificar un poco el desorden. El riego por goteo puede haber sido la mejor idea a la fecha, pero nunca hubo sospecha por parte de los ingenuos desconocedores de técnicas de huerta que somos de que todo iría tan excesivamente bien. Sólo se lamenta que el calor esté cediendo y se corra el riesgo de que la fruta aún verde no termine de madurar y se pierda.
Otra fuente de arrepentimiento es la acaso tardía fecha en que comenzamos los trabajos de plantación, porque jamás nos imaginamos que la planta se abocaría a crecer en magnitud y altura hasta cubrir y casi exterminar una humilde mata de ruda y otra prometedora y cumplidora de romero, para recién revelar diminutas pelotitas verdes en enero. A fin de acelerar la maduración, no fue muy brillante tampoco la idea de podar hojas y ramas sin frutos, pues los tomates requieren cierta dosis de sombra y así hubo mermas innecesarias que se habrían evitado de haber contado con conocimientos más acabados (¿iniciados?) de cuidado.

Evidencia de mi ineptitud agrícola

A pesar de todo lo cual, la experiencia de cultivar vegetales en el propio terruño regala una gratificación enorme, terapéutica y ecológica. Pensar que se cuenta con el ciclo completo si consideramos la cajita de humus siempre generoso que producen nuestros queridos gusanitos (un poco dejados de lado por la dueña pero diligentemente socorridos por el cuñado de dedos verdes, quien suplió la falta de manguera con innumerables idas y venidas con baldes de agua).

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Rollos de Canela

¡Todavía queda tiempo para hacer un regalo novedoso, rico y no demasiado caro! Claro, suponiendo que llega a manos del regalado, lo que por estos lados es difícil ya que la canela me encanta. Dándomelas de Neruda, creo que habría que homenajearla como se merece: su aroma, la manera en que perfuma y hace que la comida quede más sabrosa...eso es algo que me intriga mucho y que encuentro irresistible.
Hace tiempo, a pito de nada, hice esta receta. Coincidió que esa misma noche hubo un comistrajo donde mi abuela así que llevé los famosos rollos y, en menos de lo que canta un gallo, de alguna manera la parentela se repartió los que no alcanzaron a comerse y yo volví a mi casa con las manos vacías. Así de ricos son. Una autoproclamada seguidora me dijo que ni los del Dunkin' Donuts son tan buenos.
Entonces, como ya me di la molestia de traducir y convertir la receta para uso y goce de quienes preferimos el sistema métrico, comparto.

Rollos de Canela Deliciosos
(en el original las cantidades son el doble)

Ingredientes:

Casi medio litro de leche entera (475 cc., por ser)
1/2 taza de aceite vegetal
1/2 taza de azúcar
7 gramos de levadura en polvo (una cucharadita, más o menos)
4 tazas de harina de trigo sin polvos de hornear
1/2 cucharadita rebosante de polvos de hornear
1/2 cucharadita rasa de bicarbonato de sodio
1/2 cucharada rebosante de sal
453 grs. de mantequilla sin sal, derretida
Otra taza de azúcar
Abundante canela en polvo


Azúcar flor
1 cucharadita de jarabe de maíz
1/4 taza de leche
113,4 grs. de mantequilla sin sal, a temperatura ambiente
1/8 taza de café negro (o sea café instantáneo con agua)
1/4 cucharadita de sal

Preparación:

En una olla, mezclar la leche, aceite y azúcar, revolver y calentar casi hasta que hierva. A continuación, dejar enfriar (unos 45 minutos). Cuando esté TIBIO, se le agrega la levadura y se deja reposar 1 minuto. Luego del cual, se agrega la harina, se revuelve y de nuevo al reposo por una hora (tapado para que no se arme una costra).
Pasada la hora, se agrega media taza más de harina, polvo de hornear, bicarbonato y sal. Durante otro reposo, enharinar levemente una superficie espaciosa. Ahí se vuelca la preparación y con uslero, se estira hasta formar un rectángulo largo y flaco. Se esparce encima una taza de mantequilla derretida (yo usé lo suficiente para que cubriera la superficie, pero no más porque igual no quiero morir de infarto en tres años más) y encima de ésta, la taza de azúcar y abundante canela en polvo. Se enrrolla con cuidado HACIA UNO, apretado. Si se sale mantequilla por los lados, no importa.
Luego se cortan los rollitos de más o menos dos dedos de ancho y se disponen en fuentes como las que ven en mis fotos o bien en envases de aluminio como sugiere la autora. Se dejan levar una media hora y se meten a un horno PREVIAMENTE CALENTADO a 190°C por 17-18 minutos o hasta que se doren.
Durante el horneado, se mezcla el azúcar flor (yo diría una taza y media e ir agregando si queda muy aguachento; la idea es que quede una cremita) con el jarabe de maíz (corn syrup, lo venden en todos los supermercados), la leche, más mantequilla, el café (le da un sabor especial) y la sal (POCA). Esta cremita bien batida se echa sobre los rollos RECIÉN SALIDOS del horno.


Qué les puedo decir...no son light, pero pucha que son ricos.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Pensamientos aleatorios

1. Quiero comer esto todo el rato

2. Cierto blog que sigo con cuasi obsesión hace poco más de un año, puede haberme hartado. Entre el proselitismo, las faltas de ortografía y algunos comentarios un poco desubicados para un blog tan masivo ("los demócratas son todos unos locos"; "voten por mi papá, háganlo por mí"; "la comida de este conocido restaurante es asquerosa"; "mientras este viejo se quejaba con el administrador del restaurante del ruido que hacían mis hijos al comer, yo sólo podía pensar en lo grandes que eran las orejas de dicho señor"; "el médico que me atendió, Dr. XX, es medio estúpido, pero igual quiero que él me opere", etc.), creo que I've had it.
3. Por fin estamos viendo la luz al final del túnel con este virus maldito, pero ni tanto.
4. ¿Cocinaré esto hoy? ¿Hará alguna diferencia que no use arroz arborio?

5. Procrastinating mi ida a la Universidad Pluralista a averiguar mi status y requisitos para reincorporarme. En mala.
6. Jardín invadido por...cuncunas. Mátenme. No, mejor mátenlas a ellas. Puaj.
7. Riego por goteo "fácil"...JA.
8. Dos semanas para que termine el jardín infantil...horror.
9. Presiones para instalar el arbolito. ¿Mejor un poste de Festivus? Digo, para que cierta persona no saque todos los adornos...

10. Todavía no sé por quién voy a votar. Por suerte no soy vocal de mesa. ¿Y tú?

Fotos: Smitten Kitchen, ici

martes, 10 de noviembre de 2009

Guiso de tallarines con pollo

Ando corta de inspiración.
Además soy mañosa y me gusta saber qué estoy comiendo; en especial cuando se trata de pollo desmenuzado, porque puedo morir del asco si estoy masticando un bocado y me sale un pedazo de cuero o grasa o nervio.
Ergo, me he dedicado al cocineo. Le plat du jour es gratamente traído a Uds. por The Pioneer Woman Cooks! Recomiendo hagan click en el enlace para que vean sus fantásticas fotos paso a paso y vean si pueden ser más fieles a la receta que moi.


Entonces. Compré un pollo trozado (argentino, que es infinitamente de mejor calidad que el nacional y por un precio bastante similar), queso parmesano rallado (la receta original era con Cheddar, cosa inexistente por estos lares salvo en láminas que parecen más de poliuretano), corté tallarines (lo que en general considero un crimen), piqué vegetales (incluyendo un diente de ajo para que las vías respiratorias de la familia se fortalezcan) y puse manos a la obra.
Se cuece el pollo en abundante agua con un poco de sal; una vez cocido (digamos casi una hora durante la cual tiene que haber ebullición) se retira del agua y se desmenuza (separar la carne de los huesos y picarla; si está aún caliente, es más fácil hacerlo con la mano y con guantes). Se reservan dos tazas de caldo, se meten los tallarines picados en el que queda en la olla y se los deja cocer casi al dente (después se vuelven a cocer en el horno). En este momento conviene encender el horno a 180°C.
Mientras se cocía el pollo, uno picó cebollas, pimentones, ajo, zanahorias, hongos, lo que quiera incluir en su guiso. En mi caso pasé la cebolla por abundante agua para que no quedara tan fuerte dado que iría al horno cruda.
Luego se juntan todos los ingredientes en un bol grande, junto con al menos una taza de queso rallado (preferible comprar el más carito que viene rallado más grande; el que parece leche en polvo no sirve) y un tarro de crema "Campbell" de pollo o de champignones (no es LO barato, pero cunde mucho. Me imagino que un sobre de esas cremas/sopas también sirve, pero yo le echaría leche en vez de agua y un poco menos que lo que dice la receta para que quede espesito). El caldo que se había reservado se vierte con criterio mientras se revuelve para que la preparación quede suave, pero no como sopa. Se vierte todo en una fuente apta para horno, se espolvorea más queso en la superficie y se lleva a hornear unos 45 minutos o hasta que tenga burbujas y el queso esté dorándose.
Rinde para unas 8 personas y es para chuparse los dedos.

Mis disculpas por ser tan desordenada en el relato...es que como entregué el link a la receta original, me relajé.

martes, 3 de noviembre de 2009

Queque de zapallitos italianos


Cuando no tenía libros de cocina, buscaba recetas en internet y me salían cosas bien ricas.
Ahora que tengo no sé cuántos libros (y tiempo), me puedo dar el lujo de comparar recetas hasta encontrar la que más me guste.

Durante años, mi marido me pidió que hiciera "Zucchini Bread" y yo me hice la lesa porque no me tincaba mucho (a pesar de que mi queque favorito es de zanahoria). Un buen día, sin embargo, vi que tenía unos zapallitos ya viejitos y, no queriendo pasar nuevamente por la frustración de hacerlos guiso y que estos niños míos no se lo comieran, decidí hacerlos queque. Al menos mi marido lo agradecería.
Utilicé una receta de un libro escrito por una prestigiosa escuela de cocina norteamericana. Como la receta es generosa, me alcanzó para dos moldes. A uno le agregué pedacitos de chocolate; al otro, nueces picadas.
Quedaron muy ricos: sabrosos, suaves. Pero no muy esponjosos. Sacar los moldes del horno con casi la misma altura que entraron fue medio frustrante. Creo que la receta tenía demasiado líquido e insuficientes agentes elevadores.


La otra vez compré zapallitos a muy buen precio en La Vega.
Ayer los hice queque y muffins con esta receta y debo decir que son INSUPERABLES:

3 huevos
1 taza de aceite vegetal o de oliva (yo usé vegetal; el otro es muy gustoso para paladares infantiles o poco entrenados)
1 3/4 taza de azúcar
2 tazas de zapallo italiano rallado (crudo y con cáscara)
2 cucharaditas de esencia de vainilla
3 tazas de harina (sustituí la mitad por harina integral)
3 cucharaditas de canela en polvo
1/8 cucharadita de nuez moscada molida (yo usé 1/4)
1 cucharadita de bicarbonato de sodio
1/2 cucharadita de polvo de hornear
1 cucharadita de sal
1/2 taza nueces picadas
1 taza pedacitos de chocolate, frutos secos o pasas (yo usé chocolate)

Precalentar el horno a 180°C.
Mezclar en un bol los huevos batidos más aceite, azúcar, zapallo y esencia de vainilla.
En otro bol, mezclar la harina, canela, nuez moscada, bicarbonato, polvo de hornear, sal, nueces picadas y chocolate.
Incorporar el contenido del segundo bol al primero y mezclar apenas. Aún debería haber grumos (si uno mezcla demasiado, el gluten de la harina se empieza a desarrollar y el resultado es un queque duro, chicloso).
Enmantequillar o aceitar GENEROSAMENTE (créanme) moldes para queque o para muffins. La receta rinde dos moldes como de pan o bien 24 muffins; yo hice una docena de muffins y un molde.
Hornear los muffins 25 minutos; el molde demora una hora aproximadamente (utilizar el viejo truco de meter un palito al medio y ver que salga seco).
Una vez sacado del horno, todo debe dejarse enfriar en su recipiente unos diez minutos antes de sacarlo. Después se dejan enfriar en una rejilla elevada para que pase aire por todos lados y no se humedezca el fondo.


Luego por favor se me sientan, despejan su mente y prueban.

Después me dan las gracias.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Tomates


El año pasado, como en esta época, compré un par de plantas de tomate. La idea romántica que tenía en mi cabecita era un jardín perfumado de fruta madurada al sol en su mata, libre de pesticidas y fertilizantes químicos. Poder sacarlos de la planta para pelarlos y comerlos altiro me parecía el paraíso en la tierra y claro, económico y FÁCIL. Qué ilusa.
Las plantitas fueron creciendo y expandiéndose hasta que hacia fines del verano, se habían "tomado" la huerta junto con la menta (de la que había adquirido 6 brotecitos enanos y de apariencia inofensiva). Un día que vino un grupo de amigos a almorzar, uno de ellos (ingeniero agrónomo) echó el kilo ordenando la planta, poniendo tutores y tratando de hacerme entender la lógica de las plantas de tomate y lo invasivo de las plantas de menta.
Porque nada me hacía presagiar que febrero sería un infierno de hierbas debilitadas por la menta; de brotes de cilantro por todo el pasto; de tomates maduros pudriéndose en la mata, doblada por el peso de la fruta que, en contacto con la tierra, no tardaba en echarse a perder. Mención aparte merecen los malditos pájaros que picoteaban todo y que se comieron las pocas frutillas que salieron de una planta que compré demasiado avanzada la temporada.
Este año las cosas no se ven mucho más auspiciosas. Harta de los bichos, los tomates podridos y las hojas que tapaban todo lo demás, saqué la planta de tomate. Pero como soy porfiada, COMPRÉ OTRA. Por ahora es una ramita con tres hojas. Compré metros de malla metálica para ver si puedo dominarla. Pero olvidé que tengo una perrita cuyo principal placer es ROMPER todo lo que pilla, como me consta de ver mi pobre buganvillia muerta.
¿Qué hacer? No tengo dedos verdes ni cachativa botánica. Estoy que echo a esa perra a la calle, por la misma puerta por donde entró.
En mi desesperación, me metí a todos estos sitios (y más) especializados en el cultivo y cuidado de tomates caseros. Y me dieron hartas pistas, pero por desgracia ninguno envía sus tutores especializados a América del Sur y yo ni siquiera sé qué variedad de tomate planté como para elegir una estructura adecuada para dominar mi planta.
Parece que no sabía con qué chichita me estaba curando.

martes, 22 de septiembre de 2009

Cuatro ojos

A aquellos de nosotros que tuvimos la desgracia de nacer miopes, a veces la vida nos juega malas pasadas. Por ejemplo al subir la mano en la vía pública cuando nos parece ver venir nuestra micro, a pasar a agitar el brazo completo en franca desesperación cuando el vehículo en cuestión no parece aminorar su marcha, a cuando terminamos agachando la cabeza en suma vergüenza al descubrir que lo que creíamos era un medio de transporte público, era en realidad un camión tolva. La gente del paradero, además de no haber hecho el más mínimo amague de colaborar en pedir que el vehículo se detuviera (lo cual habrá suscitado nuestra indignación, porque no nos creemos empleados de nadie que se apoltrone en el asiento mientras nosotros nos humillamos rogando), después evita el contacto visual con nosotros para no estallar en carcajadas en nuestra cara, o para que no veamos (si podemos) su expresión compasiva para con nosotros, pobres dementes que gesticulan y vociferan a los vehículos que van por la calle.
Tampoco es rico pasar por pesada o “quebrada” porque uno pasó por el lado de la mejor amiga (o la que uno quiere que lo sea, si tiene entre 12 y 17 años de edad) en el mall y no la saludó. NO TE VÍ, ¿ok? Primero que soy corta de genio y me carga intercambiar miradas con gente que no conozco y segundo que, aunque lo haga, sólo adivino que lo logré porque no veo más que una figura borrosa en la que se esbozan ojos, boca y nariz. Soy capaz de saludar a un maniquí en una tienda, ¿me cachai?
Es por ésas y por otras razones que el amor propio me impide mencionar, que siempre recuerdo emocionada el día en que me pusieron mis primeros lentes de contacto y prendo una velita para el aniversario en conmemoración.


Este postre (que es una delicia) siempre me provoca dudas, que tengo que aclarar con el único sentido que nunca me engaña: el olfato. A simple vista (la mía, al menos, que es re mala) parece puré de papas sobre pino, ¿no? Si no huelo antes, capaz que un día le termine sirviendo pastel de papas con una bolita de helado a quien me acompañe a la mesa, o bien este postre caliente y con ensalada de lechuga al lado.
Así como el dentista de Seinfeld se convirtió al judaísmo para poder contar chistes de judíos, nosotros los miopes nos reímos de nuestros fellow portadores de anteojos poto de botella a nuestro antojo. Pero ¡ay! de quien nos haga una broma desde el lado de afuera del círculo de cortos de vista.
Un día mi mamá estaba cocinando arroz con leche y empezó a echarle un chorrito de esencia de vainilla, cuando el demonio se apoderó de mi mente y le grité “¡mamá, es aceite de soya!”. La pobre dio otro grito semi desmayada, miró el envase y, cuando se dio cuenta de la treta, me miró con odio tanto por el susto que la hice pasar como por las risas descontroladas de su otra hija a causa del susto que la hice pasar.
Yo también he sido víctima de estas bromas y por parte de alguien afuerino: la cruel de mi hermana (la pobre debe tener las orejas rojas desde que empecé a publicar nuestras "anécdotas"). Un día llenó un frasco con lavalozas amarillo y agua y me contó que había encontrado un panal de abejas en el patio y había sacado la miel. Yo, mocosa crédula e ilusa (claro, los panales son máquinas expendedoras de ese néctar líquido y cristalino) me zampé medio frasco sin decir agua va ni reparar en el brillo malicioso de los ojos de mi hermana. Después, burp con burbujas todo el día. No pidan más detalles.
En fin. Mi nana prepara el mentado postre con: leche condensada, nueces picadas, manzanas ralladas y merengue. Mezcla todos los ingredientes salvo el último, los hornea un rato (no sé cuánto, pero imagino que hasta que toman cierta consistencia), en seguida esparce el merengue encima y hornea hasta que queda doradito e irresistible.
Ahí tienen su receta.

martes, 8 de septiembre de 2009

Me importa un comino


Hasta hace poco tiempo, no tenía idea de qué era el comino ni tenía intención alguna de usarlo ever, salvo como metáfora de algo que me tenía sin cuidado. Todo eso cambió con mi incursión en el mundo del pan. Más específicamente, cuando empecé a hacer panes europeos a la antigua: sin levadura.
Suena como la solución a quien quiera hornear pan y se encuentre sin los ingredientes necesarios, pero...nones.
Los panes sin levadura se demoran.
Éste, en particular, lo empecé un día domingo en la mañana y lo horneé recién el viernes en la noche. Durante todos esos días, fui armando una masa agria (sour dough) que alimentaba cada dos días con nuevas adiciones de harina y agua. Por mientras la masa fermentaba e iba tomando un aroma ácido (agrio) que determinó la formación de un pan sabroso, aromatizado por su propio fermento más una pizca de...comino. El comino es una hierba de la que se usan las semillas levemente machacadas y otorga un sabor anisado y delicado a las preparaciones.
Sí, yo también me horroricé de entrada por la idea de comer un pan fermentado, pero no hay que equivocarse: el fermento es un cultivo de bacterias y hongos (levaduras) cuya liberación de gases al entrar la harina en contacto con el agua, hace que el pan leve (crezca durante el reposo después de ser amasado y antes de ser horneado) y tome un sabor más rico y complejo. Todos los panes, por consiguiente, llevan fermento. Para dar una idea más exacta de esto se puede citar el caso extremo opuesto: el Matzá o pan ácimo, que comen los judíos durante Pesaj (fiesta que generalmente coincide con la Pascua cristiana) y cuya característica es que no lleva harina ni es fermentado, en conmemoración de la huída de los israelitas de Egipto, en que no hubo tiempo para dejar levar el pan y por lo tanto lo comieron así, plano y con sabor a harina.
Hay otros panes fermentados que ya he preparado con anterioridad y poco éxito (Pugliese, por ejemplo), pero me enorgullezco al decir que he mejorado mi técnica y mi instinto y éste quedó en su punto de acidez y sabor. Con ayuda de algunos secretillos a la hora de hornear, la cáscara quedó crujiente y la miga, suave. Delicioso para tostar -cortado en delgadas láminas- y untar con mantequilla, o bien para comer con un queso Brie como fue el caso ayer donde mis padres.
Toda esta introducción, entonces, para plasmar detalles de lo que fue una maravillosa experiencia haciendo y probando San Francisco Sourdough Bread, famoso en su ciudad de origen y alrededor del mundo, como se puede apreciar.