A veces la discriminación positiva se me va tan para el otro lado que termino yo perjudicada, cuando en realidad la cosa es un delicado equilibrio de respeto mutuo, trato digno y un contrato que cumple con todas las de la ley.
Ayer descubrí que no siempre la culpa la tiene mi mal genio, si no que también la puede tener la desubicación de otros. Entonces decidí que esta mujer no vuelve a mi casa nunca más. Lo he dicho varias veces, como por ejemplo cuando me avisó el jueves que el lunes ya no volvía y yo figuraba con la tremenda panza de siete meses y medio, una guagua y una niñita chiquitísima y una casa llena de maestros. Como cuando le hizo la misma a mi hermana. La misma. Como en las ocasiones en que ha sembrado cizaña entre mi suegra y yo. Como cuando se amurra conmigo porque le digo qué hacer y qué no hacer en mi casa. Como cuando me quita a los niños de los brazos como si yo no pudiera solucionar sus pequeños quehaceres y conflictos, sin que le haya pedido ayuda a ella.
Parece que soy un imán para la gente dominante, territorial y manipuladora. No es la primera vez que una persona así logra que yo la mantenga en órbita durante bastante tiempo. Y por mientras, yo me siento dependiente de esa persona, incapaz de dar un paso o tomar una decisión o solucionar un problema si esa persona no da su opinión y mete su cuchara.
Al menos en el otro caso estaba disfrazado de amistad. Pero acá no era favor lo que yo pedía; estaba pagando por un servicio que sí, recibía, pero envenenado y pasado a utilización, a maquinaciones mezquinas, a ideas soterradas de que yo no podía hacer las cosas bien por mi cuenta.
¿Saben qué? Ya no más. Y me importan una pelota sus lágrimas de cocodrilo frente a mis hijos, tratando de pintarme como la mala de la película, la pérfida que le niega a quienes ni siquiera son sus nietos. Ándate, no quiero verte la cara nunca más. Anda a llorar a otro lado y a instaurar tu matriarcado de porquería a tu casa con tu nieto al que lograste alejar de su madre que es tu propia hija. Yo por suerte no lo soy. Mándate cambiar.
Ayer descubrí que no siempre la culpa la tiene mi mal genio, si no que también la puede tener la desubicación de otros. Entonces decidí que esta mujer no vuelve a mi casa nunca más. Lo he dicho varias veces, como por ejemplo cuando me avisó el jueves que el lunes ya no volvía y yo figuraba con la tremenda panza de siete meses y medio, una guagua y una niñita chiquitísima y una casa llena de maestros. Como cuando le hizo la misma a mi hermana. La misma. Como en las ocasiones en que ha sembrado cizaña entre mi suegra y yo. Como cuando se amurra conmigo porque le digo qué hacer y qué no hacer en mi casa. Como cuando me quita a los niños de los brazos como si yo no pudiera solucionar sus pequeños quehaceres y conflictos, sin que le haya pedido ayuda a ella.
Parece que soy un imán para la gente dominante, territorial y manipuladora. No es la primera vez que una persona así logra que yo la mantenga en órbita durante bastante tiempo. Y por mientras, yo me siento dependiente de esa persona, incapaz de dar un paso o tomar una decisión o solucionar un problema si esa persona no da su opinión y mete su cuchara.
Al menos en el otro caso estaba disfrazado de amistad. Pero acá no era favor lo que yo pedía; estaba pagando por un servicio que sí, recibía, pero envenenado y pasado a utilización, a maquinaciones mezquinas, a ideas soterradas de que yo no podía hacer las cosas bien por mi cuenta.
¿Saben qué? Ya no más. Y me importan una pelota sus lágrimas de cocodrilo frente a mis hijos, tratando de pintarme como la mala de la película, la pérfida que le niega a quienes ni siquiera son sus nietos. Ándate, no quiero verte la cara nunca más. Anda a llorar a otro lado y a instaurar tu matriarcado de porquería a tu casa con tu nieto al que lograste alejar de su madre que es tu propia hija. Yo por suerte no lo soy. Mándate cambiar.
5 comentarios:
Es mejor extirpar el apéndice antes de la peritonitis.
Muy bien!
Lo mejor es eliminar todo lo que no aporta, después haces un sahumerio y las cosas empiezan a mejorar solas...
Qué bueno que volviste!
qué excelente expresión es "mándate cambiar", la había olvidado!!! la voy a reinstaurar en mi vocabulario: tate quieto o te mandai cambiar!!!
Hay gente toxica, por aqui tengo una madre de cole igualita... cuanto más lejos mejor!!
Estoy encantada con tu vuelta
Besos
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