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jueves, 10 de diciembre de 2015

Qué se puede decir

Reconozco que estoy triste por los resultados de las elecciones presidenciales de ayer. Los intuía, pero constatarlos es otra cosa. Aunque ninguno de los candidatos me parecía idóneo para el cargo.
Uno porque su grupo ha estado ya demasiado tiempo en el poder y, como todo, ha decaído. La corrupción, la automatización de actitudes y propuestas, el estar atado de manos por acuerdos políticos que impiden innovar en temas sociales (no de combatir la pobreza, sino de cambiar a la sociedad) y otros hace tiempo lo hicieron merecedor de irse para la casa.
El otro, por la persona que lidera. Me parece incomprensible que gente "de bien", educada y que se dice cristiana o preocupada por el prójimo y el ejemplo de Jesús, haya votado a un hombre que todos saben formó parte de su fortuna por medios menos que transparentes. Un hombre cuyo carácter arrogante, prepotente e impulsivo no dudará en enemistar a Chile con sus países vecinos en tanto él los vea como menos que nosotros.
Yo soy la primera persona en abogar por la alternancia en el poder, pero no a ciegas. No idealizando a las personas. Mirando al conjunto de quienes tendrán puestos importantes en el gabinete y en el sector público.
Tomando en cuenta la vaga respuesta del presidente electo en cuanto a dar cargos públicos a personas que apoyaron la Dictadura, siento un poco de aprensión. No son pocos los que sentirán un dedo en la llaga siempre abierta de los parientes de detenidos desaparecidos, de los exiliados, de los reprimidos. De todos los que sintieron que Chile se rompió un poco desde el año 1973. Haya sido guerra civil o no, el hecho es que el Goliat de la situación venció porque tenía más poder y más medios y además se instaló en el poder durante tantísimos años sin preguntarle nada a nadie.
En los aspectos económicos tampoco está la salvación. Quien piense así, por lo demás, deja de lado importantes aspectos valóricos que una democracia no puede ignorar. Pero sin ir a ese detalle, algunas personas se apresuran a creer que Chile será un símil de país rico gracias a que es un empresario de derecha el que gobierna. No tanto. Ese empresario, sospecho, no tardará en dar concesiones y proyectos de obras públicas a sus amigos en desmedro de otros emprendedores que no sean de su agrado. Si eso no es corrupción, entonces no sé nada. Opiniones irán y vendrán respecto del criterio de selección, pero el hecho es que la gente no cambia y quien protagonizará la imagen de Chile estos próximos cuatro años es conocido por sus triquiñuelas para salir adelante en sus negocios. ¿Alguien que me lea lo conocerá tanto para poner sus manos al fuego por él y decir que será imparcial en esto? Es mejor ir olvidándose, también, de la pobladora sonriente con la que se fotografió el entonces candidato. Ahora que ganó, es prudente suponer que sus miras están en lados muy otros que los más vulnerables de la sociedad. Este hombre también es de los que creen en el "chorreo", enfoque que ya se ha comprobado ineficaz. Podríamos igualmente matar a todos los pobres, porque la atención efectiva que se les dará en este gobierno no será mayor que la que se les dio en veinte años de gobierno concertacionista.
El hecho de que el presidente electo se proclame católico no ayuda a este país de decreciente apoyo a la Iglesia. Al margen de mi propia opinión religiosa, queda claro que un presidente así no es representativo. Sabiendo que esta persona tiene el potencial de ser represivo por carácter, es de esperar que muchas medidas que ayudarían a que este país avance quedarán en el tintero. Lo "valórico" primará por sobre lo concienzudo de la opción individual, lo que no sólo no es democrático sino que es altamente condescendiente. Se cree que la gente es imbécil y falta de criterio y por lo tanto se busca "guiarla", como un padre a su hijo de un año. Tontos hay en todos lados (de sobra), pero una persona adulta tiene derecho a cometer sus propios errores y aprender de ellos y traspasar esa experiencia a otros. Lo que digan las autoridades eclesiásticas, supuestamente alejadas de lo sexual, sólo debería primar para los feligreses que creen que un hombre alejado de este procaz mundo puede enseñarles algo que ellos, simples corderitos, no son capaces de ver por sí mismos o en diálogo con su pareja e hijos. Esa "lección" no puede ser ley para todos los chilenos, que incluyen musulmanes, judíos, protestantes, agnósticos y ateos. Y otros. Ese "proteger" valores es imponerlos, al final del día. Una cómoda solución para los que creen algo pero no se quieren dar la molestia de ir a quienes estén en situación de escucharlo y convencerse. Nos saltamos ese paso de hacerlo por las buenas. Qué fácil. Qué "fraternal", para usar las propias palabras de quien también abusó de "la generación del bicentenario" y "el futuro". Ufff.
En fin. Para este día semi otoñal, prefiero quedarme oyendo la música de cierta película semi francesa, dirigida por el sublime Luc Besson. Música evocadora de playa, de olas chocando contra las rocas, de espuma efervescente en la superficie y de obscuridad y tesoros escondidos en la profundidad. De tenderse en la arena oyendo el sonido del agua; de sentir el abrazo del sol en la espalda hasta que ya atosiga y se entrega uno a las frescas aguas saladas, para partir luego de regreso con la piel un poco tirante, pero el aroma marino en la nariz y en el pelo (también un poco tieso y necesitado de agua dulce) y el alma henchida de felicidad y gratitud por este planeta tan bello y tan silenciosamente delicado. Música que se oía en años antiguos con amistades que ya no están y que siempre se extrañan por su optimismo, simpleza y pragmatismo y lealtad. Eterna amistad.

lunes, 26 de octubre de 2009

Dolores Claiborne


ADVERTENCIA: Si no ha visto la película o no ha leído el libro (de Stephen King), puede que lo que leerá a continuación le arruine el desenlace.


Dios, cómo me toca esta película cada vez que la veo.

De entrada, el ambiente melancólico, inhóspito y frío de la isla.

Luego, la historia.

Los actores.

Es una película nueva en cada ocasión.

A veces mi objeto de estudio es Dolores (Kathy Bates): esa mujer fuerte como roble que sólo tiene en su mente y en su corazón el bienestar de su atribulada hija Selena. Dolores lleva en el cuerpo y el alma el sufrimiento de haber tenido un marido alcohólico, abusador y pedófilo. También, el alejamiento y resentimiento de su hija, a quien vuelve a ver hecha una persona profundamente infeliz y dependiente de fármacos y claro, el alcohol. Gracias a los raccontos y flashbacks de la narración, nos llegan visiones de una Dolores joven, contenta. En el presente es una mujer mayor, gastada en el espíritu y en el cuerpo por el rigor poco compasivo de los años y el trabajo duro en casa de Vera. Llama la atención una escena en que cuelga las sábanas al aire libre y sus dedos se ven ajados y sus manos resecas con el inclemente viento frío y los detergentes.

Otras veces (las más), me concentro en Selena (Jennifer Jason Leigh, quien también se lució en “Single White Female”). Esa presencia antipática y con poca paciencia hacia su madre, que oculta un dolor profundo tras su éxito profesional. Ambiciosa e inteligente, al volver a su pueblo natal la vemos poseída por la amargura y las ganas de irse cuanto antes. A medida que se desarrolla la trama, vamos conociendo cuál es el dolor de Selena y por qué la ha llenado por completo. Ya hacia el final, ella comprende a Dolores tras oir su relato y la perdona, al menos si se tiene en cuenta que todo lo que hizo su madre, fue por protegerla a ella. Se transforma en una persona cariñosa de su madre, sabedora de cuánto necesita afecto y que ha superado su pasado.

Aún otras veces me he fijado en el Detective Mackey: su instinto le dice que hay algo extraño en la muerte del marido de Dolores, pero la falta de evidencia le impide meterla a prisión y eso él lo considera una mancha en su impecable carrera hasta que tiene la oportunidad de aprehender a Dolores nuevamente, a raíz de la muerte de Vera Donovan. Convencido o no de la solidez del caso, manipula a la gente (incluida la propia Selena) para que vean en Dolores a una asesina. Patética pero magistralmente lograda por Christopher Plummer, ("La Novicia Rebelde") es la escena en que Selena le desbarata su informe respecto de Vera y Dolores, ante lo cual él, en vez de aceptar su derrota, obstinadamente repite que el informe dice la verdad.

Otro personaje notable es el que interpreta Judy Parfitt como Vera Donovan. Esos incisivos ojos azules expresan sin necesidad de palabras la intensidad de su despecho por ser engañada por su marido. Más en general, su rabia por vivir en un mundo donde mandan los hombres. Su mezquina satisfacción es la posibilidad de venganza, lo que justifica que una mujer deje de lado su actitud modosa y subyugada para hacer justicia: “Sometimos, being a bitch is all a woman has to hold on to” (“A veces, una mujer sólo puede aferrarse a ser una perra”). Una vez rica y buenamoza, termina enferma y atendida sin ceremonia por la leal Dolores, en una transformación física extraordinaria.

Por último, el villano: Joe Saint George. David Strathairn se ganó mi odio por años tras verlo en el rol de un alcohólico que no sólo golpea a su mujer y le roba los ahorros que ella ha juntado con años de trabajo duro, sino que también empieza a molestar a su hija con avances sexuales. Tras ver a este actor en roles como el de Edward Murrow en “Good Night, and Good Luck”, le tomé un respeto enorme por su capacidad de actuar como un curado perdido, hombre de poca educación y con ese acento imposible de la costa de Maine.

Y eso. Sentí que tenía que escribir al respecto, porque realmente son muchas las emociones y las ideas que me vienen a la mente cuando veo esta película. Está bien hecha y el relato es ordenado (pero desordenado) y "redondo". Otro día profundizaré en lo que quiere decir eso, pero para el caso baste mencionar que otra película que me dio esa sensación de círculo fue "Doce Monos" con Bruce Willis y sí, Brad Pitt.

miércoles, 1 de julio de 2009

Iñigo Montoya

Mis hermanos se juntaron a repasar Derecho Procesal esta tarde para el examen de mi hermano (cómo no me llamaron los mala onda, si debe ser tan entretenido) y terminaron comentando una de mis películas favoritas de todos los tiempos: The Princess Bride.
A mí se me había olvidado de dónde me dio por hablar inglés con acento, pero ahora recordé (gracias a unos videos de YouTube que mi hermana amablemente me hizo llegar vía e-mail) que uno de los personajes, un español llamado Iñigo Montoya, hablaba así. Su frase ultrafamosa (entre nosotros tres, al menos) es:

Hello. My name is Iñigo Montoya. You killed my father. Prepare to die.

Inolvidable. Tanto así que, cuando le hablo a C en inglés, lo hago con el mismo acento que Montoya y ahora temo que cuando me toque hablar inglés en serio, ¡se me va a salir ese acento!
Jajaja.
Los dejo con el video en cuestión para que vean de qué estoy hablando. Y les recomiendo mucho mucho mucho esta película porque es para terminar con dolor de guata de la risa. Además el protagonista, salvo el bigotito medio gay, es lindo. Y si de él se trata, también les recomiendo que vean Robin Hood: Men in Tights para que se rían con su frase

Unlike other Robin Hoods, I can speak with an English accent.

(burlándose de la interpretación de Kevin Costner en Robin Hood: Prince of Thieves, dos años antes). De verdad, si quieren no usar el cerebro un par de horas o subirle el ánimo a alguien, vean estas películas.