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jueves, 10 de diciembre de 2015

Pasatiempo

No cabe duda de que una de las actividades más sanadoras y terapéuticas para cualquier persona es un pasatiempo; algo que se hace por mero gusto en el tiempo libre.
Hace unos años me dio algún achaque emocional (tuve tantos que no recuerdo la causa de éste en particular) y, para distraerme, me puse a cuidar las plantas de mi mamá que estaban en la terraza todas escuálidas y famélicas. Partí limpiándoles las hojitas con el dedo; después me di la molestia de ir a buscar un poco de papel húmedo al baño y al fin de semana siguiente ya les había comprado un spray con vitaminas y nutrientes y tenía guantes, palitas, píldoras para la floración, un paño especial para limpiarles las hojas y una mascarilla por si acaso. Así soy: obsesiva. Y ellas crecieron lindas, frondosas y sanas y dieron de esas flores con olor asqueroso por doquier. Cuando se me pasó la pena, confieso con pesar que también quedó atrás mi interés por las plantas. Pero fue un aprendizaje valioso.
Hay gente cuyo pasatiempo es hacer puzzles o crucigramas, y eso no tiene nada de malo (tampoco mucho de útil salvo para el que vende los puzzles o crucigramas). Yo tuve un período de adicción al Sudoku cuando estaba esperando a Gordo. Un día fui a sacar la revisión técnica del auto y me llevé un librito de Sudokus. Gracias a Dios también llevé lápiz a mina y goma para borrar por si me equivocaba: la cola fue tan larga, que alcancé a borrar buena parte de los puzzles que ya había hecho y los hice otra vez. Cuando –por fin- me tocó el turno para que me atendieran, me dijeron que la revisión todavía estaba vigente por otros seis meses y que me fuera. Y yo con mi panza de siete meses. Rico. También hubo un tiempo en que me dio por hacer yoga. Para que la plata me cundiera al máximo (en ese tiempo pagar la mensualidad me significaba desembolsar una proporción significativa de mis escuálidos ingresos de recién titulada), iba todos los días de Dios. Si tenía mucho que hacer en el día, iba a la primera clase de la mañana: a las 7. Todo bien, por fin empecé a comer nutritivamente, andaba feliz y en forma (un poco adormilada, nomás) y por supuesto me leí todo lo habido y por haber respecto al yoga que cayó en mis manos. Podría haber sido profesora (instructora, le llaman), pero justo entonces encontré mi primera pega. Estoica, seguí yendo a clases de amanecida. Hasta que un buen día me desperté de la relajación final con mi propio ronquido y ahí no volví más. No en ese horario, al menos. Qué plancha.
Pero siento que los pasatiempos adquieren otro carácter y otra importancia cuando tienen como resultado, algo útil. Por ejemplo, hay gente que teje. Otras personas sacan fotografías (¿habrá algo más entretenido que ver imágenes lindas, evocadoras, inspiradoras, acompañadas de un texto? Yo puedo pasar horas leyendo cosas así: ¡blogs!). He sabido de gente que hace trabajos en madera. Mi cuñado arma aviones a escala. No sé qué uso tendrán, pero debe ser muy valioso, a juzgar por la pasión con que los resguarda de los niños. Hay gente que fuma. Hay gente que toma. Pero ése es otro tema.
Yo hago pan. Todo tipo de pan.

En términos más amplios, horneo. La otra vez tuve que darles buen uso a unos arándanos maravillosos que nos regalaron unos amigos exportadores y de ahí salieron estos muffins que le dan la gorda a los del Starbucks.

También, como soy amante de las frambuesas, me apliqué a esto.

Pero queda igual de rico con frutillas.
El famoso queque de zanahoria.

Desapareció a las pocas horas de salir del horno. En mi barrio hay chacales.

Este es un queque de mantequilla. Sí, de mantequilla. ¿Light? No. ¿Delicioso? Sí.


Se nota.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Se viene...

Ya puedo prender el horno y no morir de deshidratación por el calor.Estoy releyendo mis recetas de pan y me pican las manos cuando veo libros relacionados al tema de factura panadera casera en las librerías...


Me han llegado dos indirectas de que ponga manos a la obra.
Y yo, obediente, lo haré, por mi bien y a lo mejor el de los demás.
¡Porque no garantizo que vaya a compartir! Éste será el año de los panes de campo.
(En la foto, pan con cebolla y queso, que fue prontamente devorado el invierno pasado con un bowl de sopa de verduras, vino tinto y buena compañía).
Buena terapia.

martes, 8 de septiembre de 2009

Me importa un comino


Hasta hace poco tiempo, no tenía idea de qué era el comino ni tenía intención alguna de usarlo ever, salvo como metáfora de algo que me tenía sin cuidado. Todo eso cambió con mi incursión en el mundo del pan. Más específicamente, cuando empecé a hacer panes europeos a la antigua: sin levadura.
Suena como la solución a quien quiera hornear pan y se encuentre sin los ingredientes necesarios, pero...nones.
Los panes sin levadura se demoran.
Éste, en particular, lo empecé un día domingo en la mañana y lo horneé recién el viernes en la noche. Durante todos esos días, fui armando una masa agria (sour dough) que alimentaba cada dos días con nuevas adiciones de harina y agua. Por mientras la masa fermentaba e iba tomando un aroma ácido (agrio) que determinó la formación de un pan sabroso, aromatizado por su propio fermento más una pizca de...comino. El comino es una hierba de la que se usan las semillas levemente machacadas y otorga un sabor anisado y delicado a las preparaciones.
Sí, yo también me horroricé de entrada por la idea de comer un pan fermentado, pero no hay que equivocarse: el fermento es un cultivo de bacterias y hongos (levaduras) cuya liberación de gases al entrar la harina en contacto con el agua, hace que el pan leve (crezca durante el reposo después de ser amasado y antes de ser horneado) y tome un sabor más rico y complejo. Todos los panes, por consiguiente, llevan fermento. Para dar una idea más exacta de esto se puede citar el caso extremo opuesto: el Matzá o pan ácimo, que comen los judíos durante Pesaj (fiesta que generalmente coincide con la Pascua cristiana) y cuya característica es que no lleva harina ni es fermentado, en conmemoración de la huída de los israelitas de Egipto, en que no hubo tiempo para dejar levar el pan y por lo tanto lo comieron así, plano y con sabor a harina.
Hay otros panes fermentados que ya he preparado con anterioridad y poco éxito (Pugliese, por ejemplo), pero me enorgullezco al decir que he mejorado mi técnica y mi instinto y éste quedó en su punto de acidez y sabor. Con ayuda de algunos secretillos a la hora de hornear, la cáscara quedó crujiente y la miga, suave. Delicioso para tostar -cortado en delgadas láminas- y untar con mantequilla, o bien para comer con un queso Brie como fue el caso ayer donde mis padres.
Toda esta introducción, entonces, para plasmar detalles de lo que fue una maravillosa experiencia haciendo y probando San Francisco Sourdough Bread, famoso en su ciudad de origen y alrededor del mundo, como se puede apreciar.



miércoles, 2 de septiembre de 2009

Pan perfecto

Tengo una fila de posts listos para publicarse, pero vivo postergándolos porque me dan ganas de publicar otra cosa.
Como por ejemplo estos panes franceses, que me quedaron
p e r f e c t o s
en su aspecto, textura y oh! sabor.
Esta vez sí me voy a arriesgar a infringir copyrights y les daré a conocer la simple receta porque creo que es en beneficio de toda la humanidad que esto se sepa por doquier. Pero si a su vez Uds. publican la receta, les ruego que citen la fuente. Piensen cómo se sentirían si esta obra fuera suya. Gracias.

PAN FRANCÉS


Fuente: libro "Bread" de Christine Ingram y Jennie Shapter, Edit. Hermes House 2005


Ingredientes:

3 1/2 tazas de harina todo uso (sin polvos de hornear)
1 1/2 cucharaditas de sal
1 cucharadita de azúcar
15 gramos de levadura fresca
1/2 taza de leche tibia (yo usé un par de cucharadas más)
3/4 taza de agua tibia

Rinde 10 pancitos


Preparación:

Mezclar en un bol la harina, sal y azúcar y despejar el centro (lo que algunas personas llaman "volcán"). Mezclar en otro recipiente la levadura con la leche hasta que se disuelva; luego vertir esta mezcla en el volcán. Echar encima UN POCO de la harina y dejar a temperatura ambiente hasta que empiecen a salir burbujas, entre 15 y 25 minutos.
Agregar el agua y mezclar con la harina de a poco, hasta obtener una masa más bien blanda.
Vertir la masa a una superficie LEVEMENTE enharinada y amasar 8 a 10 minutos, hasta que la masa esté suave y elástica. Tratar de no agregar más harina, salvo en los dedos si está muy pegote. Poner la masa en un bol levemente aceitado (también las paredes), tapar con plástico y dejar levar una hora y media o hasta que doble su volumen.
Nuevamente vertir en una superficie LEVEMENTE enharinada y desgasar presionando suavemente con los dedos en toda la superficie de la masa. Tapar con el mismo plástico y dejar descansar 5 minutos. Luego, dividir la masa en 10 unidades de igual peso (yo partí la masa como una pizza y saqué 8 pancitos más grandes). Formar bollos ovales con suavidad, poner sobre las placas para horno cubiertas con papel para hornear y echar un poco de harina por encima. Tapar con plástico y dejar levar unos 30 minutos, durante los cuales se aprovecha de prender el horno a 220°C (cercano al máximo).
Pasado ese tiempo, aceitar el dorso de la mano y hacer una hendidura (sin miedo) en el medio de cada pancito. Dejar levar; por mientras preparar un recipiente con agua para meter dentro del horno donde no estorbe durante el horneado.
Se hornean los pancitos durante 15 minutos o hasta que estén dorados. Luego se dejan enfriar en una rejilla alta para que pase aire por arriba y por abajo y así no queden con el fondo húmedo.

Notas: 1. Siempre hay que trabajar con el mínimo de harina posible para que los panes no queden duros/demasiado densos. Es mejor que se pegotee la masa en los dedos que quedar con pancitos de textura parecida al hormigón armado.
2. Yo uso gluten para mejorar las harinas de pobre calidad protéica que hay en Chile. Una cucharadita por taza de harina de trigo basta.
3. No olviden el recipiente con agua, que permite que los panes crezcan sin que se quiebre la corteza una vez dentro del horno.
4. Amasar es una lata, pero HAY QUE HACERLO BIEN. ¡Además quema parte de las calorías que se ingerirán después!
5. El pan se hornea en la mitad inferior del horno. Si no tienen suficiente espacio, hay que estar mirando los pancitos de arriba para que no se doren en exceso. En el último tercio del tiempo de horneado se pueden intercambiar las rejillas para que los panes de abajo también tomen un lindo color dorado por encima.
6. Confesión: Tengo un par de utensilios con los que me ayudo. Para las masas que se pegotean a la tabla (y para dividir la masa si es más de una pieza):


Para medir: cucharadas y tazas y sus fracciones.


jueves, 20 de agosto de 2009

Esto sucede cuando mando a arreglar mi computador


Pain bouillie (centeno, tomillo alemán y miel) & petit pains au lait (harina de trigo, leche y mantequilla)!
Con todos los cuales he recibido tan buenos comentarios, que estoy seriamente considerando empezar a vender pan a pedido.
¿Será buena idea?
Ah, a propósito de bicicletas: ¿es mi imaginación o cambió la fuente (tipo de letra) de mi blog? Por favor comenten para saber. Soy medio negada para estas cosas tecnológicas.
¡Buen jueves luminoso primaveral!

domingo, 16 de agosto de 2009

El milagro en acción. Un ensayo fotográfico.

Hace un tiempo se me propuso iniciar un negocio de repostería, a raíz de que una amiga mía convidó a un tecito y nos mostró cómo hacer chocolates en paleta con formas entretenidas para los niños, alfajores y cuchuflíes rellenos. Tuve que declinar la oferta porque, aunque respeto y celebro que otras personas den un valor agregado a productos cuasi terminados, lo mío es la transformación. Hacer que un conjunto de ingredientes termine siendo algo completamente distinto a lo inicial.
Por eso es que tengo una fascinación con las masas y el horneado: porque lo que comienza no alcanza a ser ni un reflejo de lo que terminará.
Para graficar mejor mis palabras, he aquí el proceso de preparación del pan integral que hago para mi familia (y que ya está siendo solicitado por otros parientes):


La levadura. Todavía no se ha multiplicado, por lo que sólo se ve este líquido aguachento con un olor bastante sospechoso.


Las harinas: de trigo, integral y de centeno. Más los cereales o semillas: sésamo y linaza. A veces también incluyo avena pero la verdad es que casi siempre se me olvida.


La masa ya lista para su reposo/crecimiento. Se le agregó, obviamente, la levadura, más miel, sal, gluten y otras cosillas para que el producto final sea irresistible.


Ya levada.


Los moldes dispuestos para su propia siesta. ¿Notan las semillitas de linaza?


¡Al horno!




Pan horneado.


Listo para comer.

Fin.