Estoy planeando las vacaciones familiares para abril de este año y mis requisitos son:
1. una cabaña decente
2. una cabaña que no sea impagable
De acuerdo a mi standard, conciliar ambas condiciones en Chile es casi imposible. Y no porque sea cuica, sino porque ya pasé por la onda aventurera de dormir en cualquier lugar, encapsulada en mi saco, con la mochila de almohada para que no me la roben y encomendada a la mejor suerte que tener pueda. Ahora que tengo hijos y estoy raja todo el rato, no tengo ganas de andar aperrando.
Para ilustrar un poco mi idea, baste decir que inicialmente quería que fuéramos a
este pedazo de cielo en la tierra.
Ya estuve en el sector tres veces y sé que lo que se publicita, efectivamente está. Las fotos muestran fielmente lo que uno va a ver. En resumen, si no fuera por el pique (que tendría que ser en avión y después en un auto arrendado para cruzar la frontera, lo que significa que igual tendríamos que llevar las sillitas de los niños, en fin, un queso), sería ideal. Gracias a
EFE, que suspendió indefinidamente el auto tren y, para el caso, cualquier recorrido más allá de Talca. Super útil.
En cambio, mis opciones realistas son más o menos
así.
El mismo precio por noche pero, como se puede apreciar, con una diferencia de calidad que es como para sentarse a llorar. Reconozco que me cargan los lugares y las cosas feas. Y si voy a estar pagando para irme de vacaciones, lo mínimo que pido es algo bonito y bueno. Pero vamos al detalle para que quede claro en qué baso mi crítica.
Mientras la cabaña argentina tiene un estilo arquitectónico bonito, está calefaccionada y equipada con sacacorchos, cuchillo de cocina, cuchara para escurrir tallarines y hasta copas para vino, la chilena está hecha con paneles prefabricados, con cero aislación acústica y térmica (aquí entran las clásicas estufas a parafina) y cuenta con un par de platos picados, cubiertos que no son del mismo juego y una olla con el fondo redondo de lo gastada. En Argentina uno realmente está rodeado de bosques limpios y a una distancia aceptable de la otra cabaña. En Chile las cabañas están dispuestas en una fila separadas por diez metros entre sí, en medio de un tierral espantoso y lleno de basura por los cabros chicos picantes que comen puras porquerías y después tiran el papel al suelo (tampoco suelen abundar los basureros, en beneficio de los mencionados cabros chicos picantes). En Argentina los niños juegan en un parque con entretenciones buenas; acá se tienen que conformar con un columpio roto y un resbalín oxidado. En Argentina las terminaciones son buenas y hay atención a los detalles; en Chile se nota el óxido y la corrosión en las cañerías y la mala instalación eléctrica. En Argentina las sábanas son suaves y mullidas; en Chile son tiesas y las frazadas tienen un olor a dudosa limpieza de varias temporadas atrás. En Argentina el desayuno consiste de café, pancito recién hecho y mermeladas caseras, más alguna masita dulce y mantequilla. Acá, el mismo café a lo mejor (sin leche), pero con un pan industrial y un “sachet” de mantequilla Soprole (marca que boicoteo) y otro de mermelada llena de aditivos.
Chile, en pocas palabras, tiene una infraestructura turística RASCA Y PENCA. Y cara.
Anoche me acosté francamente deprimida tras mi navegación por Internet. Ni siquiera las páginas de turismo son decentes en este país. Por lo cual, valga mencionar, retiro de mis links recomendados a
Sernatur. Es una mugre.
Es cierto que el pique a Villa la Angostura es grande, pero la diferencia de calidad es tan abismante que para mí casi vale la pena el sacrificio. No sé si para mis hijos, por desgracia. Parece que el mejor negocio para el conjunto es quedarnos acá, en nuestra amada casa que es la realización de nuestros sueños y necesidades.
Yo no necesito el lujo pero sí el diseño inteligente, práctico y de buena calidad. De hecho ni siquiera necesito una cabaña. Si tuviera este
Volkswagen Camper partiría donde fuera. Le he recriminado a mi marido que me hablara del tema, porque yo vivía feliz ignorando que existían estas “van-casa rodante”. Desde entonces mi vida ya no es la misma. Paso horas soñando con que estamos recorriendo Europa o Estados Unidos o la Carretera Austral, en familia. Tiene butacas para piloto y co-piloto y dos filas más de asientos. Las butacas se dan vuelta para enfrentar una mesita donde todos comen. Hay cocina con hornillas, lavaplatos, espacio para guardar las cosas de la cocina. Los asientos después se transforman en 6 camas (incluyendo una matrimonial en el "segundo piso"). Hay closets para guardar de todo. Y claro, tracción completa, GPS, equipo de música ultra sofisticado, calefacción, comandos electrohidráulicos y otros detalles técnicos increíbles (de lo que entendí traduciendo de holandés y alemán a inglés).
Esta es una versión más antigua:
Si alguien sabe de alguno que esté en venta, buen estado y no sea demasiado antiguo, AVÍSEME. En serio. En cualquier lugar de Chile. Yo compraría el Camper nuevo, pero cuesta la módica de € 50.000.- y sólo está en Europa. Ta maire, maldito sea vivir en Macondo.
Si alguien tiene sugerencias para nuestras vacaciones, también le quedaré agradecida. Ha sido el Servicio de Utilidad Pública.