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jueves, 10 de diciembre de 2015

Por Un Voto Voluntario

En las elecciones para Presidente de EE.UU. de 2004, votó un 64% de la población registrada para sufragar. Ello se tradujo en aproximadamente 126 millones de votos, equivalentes a un 46% de la población en edad de votar en ese país (el 54% restante no votó o no estaba inscrito en los registros electorales).
Muchos pueden caer en la falacia de argüir que, debido a esta baja participación en los comicios, los resultados son los que todos conocemos y lamentamos actualmente. Pero si nos remitimos a las leyes de probabilidad y estadística y suponemos que las preferencias políticas de quienes decidieron no votar no difieren mayormente de quienes sí participaron en las elecciones, no tenemos por qué pensar que los resultados hubieran sido diferentes si a los ciudadanos registrados para sufragar de Estados Unidos los hubieran obligado a votar como sucede acá en Chile. Más aún: habiéndose también analizado las características etáreas, civiles, raciales y de otras índoles de los votantes, no se muestran pruebas concluyentes que respalden una falta de representatividad en quienes dieron su preferencia a Junior. Y por último, aunque la hubiera, ello sería un producto de las decisiones personales de las personas. Quienes optaron por no votar en noviembre de 2004 sabían que la decisión se tomaría igual, a manos ajenas. Quienes sí votaron, muestran en el detalle su heterogeneidad en variados aspectos, asegurando una gama amplia de preferencias (dentro de lo posible en un sistema político bi-partidario donde además se hacen elecciones primarias).
Con lo cual queda claro que en cuanto a elecciones populares, lo que prima es el derecho a pronunciarse respecto de las preferencias hacia un candidato. No se puede afirmar que la obligatoriedad del voto permita obtener resultados dramáticamente diferentes.
El escenario electoral en Chile difiere bastante del norteamericano. Ya en la Constitución Política del Estado, en su artículo 15º, se establece que el voto es obligatorio para todos los ciudadanos. En la Ley Orgánica Constitucional 18.700 se enumeran todas las causales para excusarse de votar, no siendo una de ellas la falta de ganas o la indecisión. También se detallan las sanciones a quienes no cumplan con su “deber cívico”, que van desde multas hasta reclusión. Y sólo por informar a los amables lectores, resulta que uno también puede ser elegido arbitrariamente como vocal de mesa, hasta dos veces seguidas. O las que invoque “el solo ministerio de la ley”, en su defecto.
Dudo seriamente que el espíritu detrás del artículo 15º de la Constitución, sea contar con un espectro lo más amplio posible de las preferencias de la población. No olvidemos que esta “carta legal” se redactó durante el gobierno de facto de Pinochet, quien no tenía el menor interés en considerar opiniones ajenas. Con lo que podemos concluir que ése es tan sólo otro ejemplo del autoritarismo que ha marcado el carácter de nuestra nación. Recuerdo cuánto me chocó que una muy amiga mía, hablando de estos temas, mencionara que se había inscrito en los registros electorales inmediatamente después de cumplir 18 años, puesto que su padre (ex integrante del Ejército) la había obligado al igual que a su hermano.
Mi llamado es a que el voto sea voluntario. No me interesa si la inscripción es automática o no (como promete lograr el candidato Piñera). Pero no se puede seguir obligando a la gente a hacer cosas que está en su derecho a no hacer, sin darle explicaciones a nadie. Me produce risa saber de la “preocupación” que autoridades y personas comunes y corrientes sienten por la baja participación política de los jóvenes. Lamento decir que los desasosegados son parte del rebaño que obedece sin pensar. Porque los jóvenes (y ya no tanto) que no votamos sí participamos de la política, por cuanto somos parte de la sociedad y nos regimos por sus reglas y trabajamos y pagamos impuestos (alguna vez lo hicimos, al menos). Simplemente me revienta cuando alguien dice que el que no vota no tiene derecho a opinar. A ellos les contesto que tengo todo el derecho no sólo a opinar, sino también a cuestionar y criticar. Y que mi resistencia a votar no pasa por desinterés ni desconocimiento (de hecho creo tener mucho más que varias personas que me han venido con la dichosa frase). Pasa por resistirme al sistema. Pasa por respetar mi derecho a expresarme y mi autonomía para elegir. Y no es gratis, pero creo que el costo vale la pena. Porque es hora de que este país avance un poco y cambie su mentalidad de una vez por todas.

El Piropo

Estaba leyendo una carta enviada a El Mercurio por una gringa que se quejaba de que los chilenos "piropean" a las mujeres en la calle.
Luego me puse a leer los comentarios de hombres y mujeres respecto del tema (opiniones que temo la gringa nunca leyó, aun cuando muchas estaban dirigidas a ella: qué plancha ajena).
Por cierto que muchos hombres me dejaron admirada al defender nuestro derecho a ir por la calle o en la micro o donde sea, tranquilas y sin tener que soportar ordinarieces, miradas impertinentes, comentarios no deseados o "galanterías", como algunos les llamaban. Me sentí muy identificada con las respuestas y opiniones de algunas mujeres bien plantadas, sobre todo una señora de apellido alemán que al parecer es chilena pero no vive acá.
Sin embargo, siempre está el lado flaco. Y lo acepto con resignación y tristeza cuando viene de parte de los "perpetradores". Ejemplifico: participa en el debate, un hombre que defiende esta "tradición" diciendo que un buen piropo no hace daño a las mujeres. Lo apoya un abogado conocido de tiempos pasados (y que nunca fue santo de mi devoción por su patudez), explicándonos que es parte de nuestra idiosincracia y que hay que dejarlo ser.
Lo indignante es cuando salen "ellas" a defender lo que a muchas de nosotras nos parece una rotería, una demostración de tercermundismo y una falta de consideración hacia nuestro género. Sobre todo porque da la impresión de que las defensoras no están en lo que uno consideraría la flor de la juventud, por lo tanto no "inspiran" las mismas frases que una niña de veintitantos o treintitantos que no se viste con traje de dos piezas o un severo vestido. Así cualquiera aceptara un piropo, si probablemente es lo único que sustenta el ego tras mirarse al espejo y ver una cara amargada, una pinta reprimida y el reflejo de una personalidad machista, retrógrada y auto-censurada.
No puedo creer que haya gente que culpe a las mujeres de provocar los piropos. ¿Es que nadie se da cuenta del enorme insulto que eso supone hacia los hombres? O sea que ellos se mueven por un instinto sexual irreprimible. No son dueños de si mismos. No influyen los años de educación; no importan las palabras y miradas de rabia frente a una conducta más propia de cavernícola que de persona civilizada...pero no me extenderé más en este punto porque no soy hombre y no tengo por qué defender una posición que muchos de ellos adoptan solitos. Sí quiero decir que no apoyo para nada a las mujeres que opinan lo mismo. Tendrán que explicarme con qué sentido de consecuencia entonces siguen interactuando con hombres en sus vidas personales. ¿También corre para ellas el incontrolable sexual drive?
Otras mujeres (¡!) se apresuraban a decir que es la escasa ropa que usan algunas mujeres lo que gatilla esta situación. Habiendo desvirtuado el argumento de los instintos (sí, agradezcan, boys), hay que pasar a revisar los derechos individuales. En este caso, la supremacía indiscutible que hay en este país (hasta que se convierta en estado musulmán) a que cada uno se ponga lo que le venga en merecida gana. Si yo quiero salir en bikini a la calle, no tengo por qué sufrir comentario alguno por parte de nadie. Créanme que por mi mente han pasado todo tipo de apreciaciones frente a las pintas de la gente pero, por ese sentido de urbanismo al que apelo, me quedo callada. Buena sería si uno se la pasara diciéndole a los demás "agranda una talla más los pantalones"; "pide hora en la peluquería YA"; "midamos los pancitos con mantequilla" y cosas así. Con la ropa escasa es lo mismo. Es asunto de cada cual y los hombres tienen que quedarse calladitos porque el objetivo de una mujer al ponerse esa ropa no es coleccionar el mayor número posible de comentarios y miradas. Quizás de algunas sí, pero como uno no sabe cuáles, mejor no arriesgarse a molestar a nadie.
Yo misma me he reído un par de veces con algún obrero que me ha dicho algo galante pero no exento de respeto; he agradecido frases educadas y dichas con buen gusto y me encanta cuando me dicen que me veo regia y buenamoza. Mi problema es con las miradas asquerosas, las frases cochinas dichas cobardemente al oído cuando "una" pasa y las vulgaridades dichas a grito pelado en una construcción en que "una" no puede pararle el carro al roto sin que los demás agarren papa. Entiendo que para defender este derecho es casi imposible no irse a los extremos. Pero cuando tratamos con imbéciles como los que florecen el debate mencionado, parece que hay que ser más enfático que lo mínimo requerido por personas con dos dedos de frente para que entiendan. Por lo mismo es de una gravedad preocupante que haya personas (sobre todo si son mujeres) que aceptan esta conducta sin detallar a qué nos estamos refiriendo. Pero claro, en vistas de lo que comento más arriba respecto de la selección del piropo de acuerdo a lo que se ve, cómo no va a suceder esto.

La Reforma Previsional: Sigamos Incentivando El Desempleo

Primero, me preocupa que no se diga explícitamente que se tomará en cuenta, a la hora de entregar estos beneficios, el patrimonio de la persona que los solicita, así como otras rentas que pueda tener y que no signifiquen o hayan significado fuente de ahorro previsional. No falta la vieja que tiene una casa en arriendo y no le ha contado a nadie y después se muere de la risa porque el Estado le da plata que no se merece.
El Aporte Previsional Solidario (APS): Ya el apellido me saca ronchas. Por qué estos socialistas aprovechan cualquier oportunidad para usar su terminología demagógica, es algo que no deja de llamarme la atención, en un momento de crisis política e institucional. En cuanto a la explicación que da El Mercurio para este beneficio, más claro sería decir que su objetivo es “asegurar un monto mínimo a recibir”, con topes. Porque decir que es un monto máximo suena feo. Me hace pensar que no les importa mantener la brecha de ingresos en el país. Pero esto es semántica.
El APV Colectivo sí que es una estupidez sin pies ni cabeza. Dando el Gobierno el vamos a esta iniciativa, los sindicatos (como es lógico) comenzarán a negociar cuanto antes con sus empleadores, el monto con que “se tendrá que poner” el jefe. En algunos casos donde haya buena voluntad por parte de los empleadores o demasiada presión de los sindicatos, la cosa resultará. Pero en otros, tendremos las clásicas huelgas y el consiguiente desincentivo para contratar más trabajadores a futuro. Brillante. Sáquense los pillos, nomás, quienes manejan los fondos aportados por todos los chilenos. Que las tasas de interés y la esperanza de vida. Esas cosas se solucionan de otras maneras (eliminando los límites a la inversión fuera de Chile para los inversionistas institucionales, por ejemplo; fijando tasas de comisiones claras y conocidas), pero no inyectando fondos fiscales y obligando a pagar a quienes además generan empleo y oferta a diestra y siniestra, disfrazándolo de aporte “voluntario”. No tengo mucho más que decir de las reformas a la administración de seguros de invalidez y sobrevivencia y sus comisiones.
Sí creo que los CAPRI (Centros de Atención Previsional Integral) aumentarán la burocracia y nos otorgarán otra institución sórdida, ineficiente y potencialmente corrupta. Las AFP encontrarán maneras de ganarse las preferencias de los empleados de dicha institución, para que las recomienden. Eso siempre ha pasado en Chile y siempre pasará.
Respecto de los trabajadores independientes, lastre de las pensiones estatales, creo que deberían empezar a cotizar desde ya lo que les corresponde, cuando puedan. Que se les asista complementariamente con los nuevos planes ya expuestos, si es necesario. Aquí podemos meternos de lleno en el tema de los que trabajan “boleteando”, lo cual legalmente no puede durar más de 6 meses. En la realidad puede durar años o la vida laboral completa de una persona (por ejemplo los abogados), debido entre otros factores a lo poco flexibles que son las leyes laborales respecto a contratación y terminación de contratos de trabajo. Que los mismos leguleyos no contratados no hagan nada al respecto, lo dice todo. Curioso es que el país destaque por su liberalidad en los rankings...
¿Quién paga el bono por hijo nacido vivo a las mujeres? Y sólo por ser pesada: Si lo hace el Estado, ¿de dónde saca la plata? Ya repetiré esta pregunta más adelante.
Ah, y por favor no sigan buscando “beneficiar” a las mujeres. Nuestro real beneficio, en lo que se refiere a leyes, es establecer una única edad para la jubilación: 65 años. Cuándo van a entender, digo yo, que las mujeres ganamos menos durante nuestra vida laboral y además tenemos mayor esperanza de vida que los hombres, con lo cual: 1) acumulamos menos fondos para nuestra pensión; y 2) tenemos que distribuir dicho monto en más años.
El Gobierno se jacta mucho de sus reformas, que supuestamente traerán más justicia social y equidad al país. A la luz de lo que acabo de escribir, lo dudo. Es que hay que dar un paso hacia atrás, obtener un poco de perspectiva y darse cuenta de que se generan demasiados incentivos negativos a nivel de contratación, sobre todo cuando existen sindicatos, personas jóvenes, mujeres y demases en relativa “ desventaja”. Además, me encantaría que me dijeran claramente qué fuentes tan maravillosas son ésas que financiarán toda esta reforma y que el Gobierno de Chile asegura son “sólidas”. Tengo mis sospechas, pero me gustaría saberlo de los mismos que cavilan todas estas ideas tan progresistas.

Lenta y Dolorosa Destrucción de un Barrio



Con indignación observo el desmantelamiento de las casas aledañas a la plaza Las Lilas (“Parque” Las Lilas como estúpidamente publicita la constructora Penta en el barrio que fue) por calle Jorge Matte. También de las emblemáticas y encantadoras casas de calle Tomás Guevara.
¿Hasta cuándo se permite que las constructoras de viviendas masivas sigan arruinando el barrio?
Bueno, ya lo arruinaron, así que éstos son los lamentos de quien hace rato mira la muerte de parte de su pasado con pena, rabia e impotencia.
Muchos son los que dicen que el alcalde de Providencia es corrupto. Anónimos plasman grafittis en las construcciones del sector denunciando sus “lazos” con los dueños de constructoras e inmobiliarias que sistemáticamente compran grupos de casas y construyen edificios que colapsan el tráfico, roban luz del sol y destruyen lo poco que queda del barrio.
No tengo evidencia de tal corrupción. Pero al menos ese escenario incluiría ganancias para el alcalde. Porque la alternativa es que sea tan imbécil como a primera vista parece y estuviera permitiendo gratuitamente, desde su escritorio de alcalde, que las “oportunidades de inversión” se lleven a cabo. Sin tomar en cuenta, una vez más, la opinión de quienes más importan en esta contienda: los vecinos y residentes del sector. O incluso algo más perdurable: el sentido urbanístico y estético que toda ciudad bella y con los atributos que él pretende darle a la comuna, debe tener.
Es una vergüenza el slogan que la Municipalidad ha puesto a la comuna: Agradable para vivir, atractiva para invertir. Francamente no le veo el agrado a vivir en un lugar donde constantemente se oyen los ruidos de máquinas y camiones levantando nuevos adefesios; donde las plazas son centro de reunión nocturna para grupos que dejan botadas botellas de alcohol y colillas de cigarrillos (gracias a Dios por ahora no he visto jeringas usadas, pero falta poco); donde por las noches los mismos grupos alborotan el descanso de los vecinos al pasar profiriendo gritos y todo tipo de garabatos; donde uno tiene que levantar coches de niños, sillas de ruedas y bicicletas en todas las esquinas porque para poner declives convenientes, al alcalde no le da la imaginación o el presupuesto. Un lugar donde las “áreas verdes” que publicitan las constructoras son manchones de pasto que no sirven para que nuestros hijos jueguen ni para que nuestros ancianos y nosotros mismos nos sentemos a disfrutar de un jardín como se entiende tal concepto.
Respecto a la segunda parte del slogan, sobran los comentarios. Si la inversión significa romper todo lo que había y que formaba parte de la historia de nuestra ciudad y de nuestras familias y vidas, para poner en su lugar edificios anónimos e incongruentes y torres que amenazan la calidad de vida de todos los vecinos y sobrepasan la densidad poblacional óptima, entonces el alcalde tiene serios problemas de entendimiento en cuanto a sus funciones y a los objetivos que persigue su ejercicio. ¿O es cierto entonces que sus metas son otras, que seguramente atentan contra quienes vivimos aquí?

Ir a la feria


Antes de ir a la Vega pensaba que sólo los valientes podían atreverse a entrar en ese lugar inmundo, atestado, peligroso y fome.
Después de ir, mi opinión cambió de forma radical.
Es cierto que basura hay mucha, demasiada para mi gusto. Los tenderos cortan tallos, hojas, ramas y demases y los botan al suelo como si nada; hay que reconocer que la concurrencia, en buena medida, no es la que mejores modales tiene, por lo que es común verlos a ellos también botar los restos de algo que ya se han comido, ya sea la cáscara de un plátano o el envoltorio de un helado o el pañuelo con el que se acaban de sonar (horror). PERO…hay personas cuyo trabajo es ir despejando esta basura continuamente y lo hacen de manera muy eficiente. Podría extenderme en el tema diciendo que la Vega se haría la América si reciclara su basura, pero eso lo dejaré para una misiva al alcalde de la comuna o algún vecino astuto que vea la oportunidad de negocio.
Tampoco exagero al referirme a los mares de gente convertida en rebaño, que impiden una circulación ya no digamos cómoda, sino que prudente. Los golpes en las costillas con bolsas llenas de repollos o choclos en su coronta; los tropezones y atropellamientos con carritos; los empujones masivos cuando hay un auto que tiene que pasar. Más de una vez estuve a punto de caer encima de un cajón de tomates o una linda exhibición de frutillas BIEN maduritas o -lo que habría sido peor-, dentro de uno de esos toneles plásticos donde guardan pickles de todo tipo. El olor…
En cuanto a peligro, no hay tal. Siempre y cuando uno tenga sus pertenencias cerca y no ande con cara de turista, creo que las probabilidades de ser asaltado son bajas. O sea, el asaltante no tendría ni cómo salir arrancando, con tantas personas…sería como escena de película en que los gallos destrozan los puestos al pasar, la mercadería sale volando por los aires, la gente cae de sus sillas y después es empujada sin piedad por el gallo que persigue al “ratero”. Un hurto por aquí y por allá debe ser frecuente, pero por eso reitero: estar alerta a la cartera, billetera, celular. El que anda paveando sale perdiendo en la Vega o en el Alto Las Condes. Sobre todo en estas épocas de gran afluencia. Por suerte uno puede contratar a uno de los empleados de la Vega que andan con sus carretas destinadas al transporte de las compras. Me reí hasta las lágrimas con uno que la había pintado como micro, con máquina para la tarjeta Bip (“recibe sólo billete”, decía) y letrero “Troncal Vega”.
La Vega es cualquier cosa menos fome. La misma gente da como para un reportaje en profundidad: la “lola” dark, el “flaite”, la dueña de casa, el jubilado, los tenderos, los niños que corren con una naranja usurpada de una esquinita (entre los cuales tengo que incluir a Pollito, jajaja), las familias, los que uno adivina son cocineros eligiendo las materias primas para sus creaciones del día. No se puede dejar de mencionar la mercadería: frutas, verduras y vegetales de todo tipo aromatizan el aire (no tanto cuando hace un calor del demonio hacia el medio día); deleitan la vista con sus colores, formas y variedad. Los granos y las legumbres, en sus sacos y cuando son sacados con cucharones y pesados, tienen un encanto propio. Cereales, productos traídos del Perú (incluyendo choclos de variados colores y concentrados un tanto dudosos de frutas exóticas), carnicerías, tostadurías (que, en mi ojo medianamente conocedor, es mejor evitar al menos en lo que a productos molidos se refiere) y algunos puestos donde venden “completos”, churrascos, café (en tazones únicos; acá no le hacen al juego de vajilla) y bebidas frías. Y hacia la “Vega Chica”, un cambio en el giro, porque uno se encuentra con ollas de diversas formas y tamaños, artefactos plásticos para la cocina y el hogars, ropa interior y exterior, juguetes, remedios naturales, etc.
Algo que me llamó la atención de la Vega es la dispersión de precios. Lo que sea, puede tener una diferencia de hasta 50% tan sólo dos puestos más allá. Hay que armarse de paciencia, concentrarse y mirar mucho antes de comprar, porque la ira que uno siente cuando cree haber hecho una regia compra y se encuentra a la vuelta con lo mismo más barato, es atroz. Es un mito eso de que todo es más barato: me encontré con precios iguales a los del supermercado. Quizás más variedad, puede que un poco más de frescura, pero el costo de ir hasta allá y buscar un buen “casero” pueden fácilmente compensarlo, si uno tiene poca tolerancia a las multitudes o escaso tiempo. Hay que saber comprar, como siempre en el mercado informal (y el formal también, para qué andamos con cosas).
Toda una experiencia, ir a la feria. Una que no vivía desde que era chica e iba a la que se instalaba en Tobalaba cerca de Bilbao. Pero que pienso repetir, con mis bolsitas ecológicas de lona y una buena dosis de humor (no me bajaron del "reina" y "princesa") y de efectivo.

Mi semana está lista

1. Una frase: “Mamá, quiero que me eches talco para quedar blanquita como una nube”
2. A propósito de las restricciones a las ventas cortas: “What do you say to a hedge fund manager who can’t hedge? Quarter pounder and fries, please” – James Mackintosh, The Financial Times
3. Para sorprender a los amigos: unas cuantas ramitas de romero fresco en las brasas hacen un asado aromático


4. Un sitio que no se pueden perder: Mujeres contra Sarah Palin (en inglés)
5. Para meditar, pensar, mirar lindos jardines, estar en paz y silencio: Casa de Ejercicios de Punta de Tralca






6. Otro abono gratis: en Starbucks Coffee hay paquetes de café usado que los clientes se pueden llevar sin costo para echar en la tierra y abonar plantas de todo tipo. La única precaución es esparcirlo bien y justo antes de regar, porque el café es ácido y puede quemar las plantas
7. Peeling natural y efectivo: esponja de mar. Inigualable.


8. Algo que amé ayer y que hoy mi hígado odia: Churros con chocolate caliente


9. Ya la han pelado, pero no me importa; me uno: el sitio web de Gwyneth Paltrow (¿cuál es el punto?)
10. Sorpresa: es primavera pero el clima no nos acompaña. Bu.

Budapest

Cuando trabajaba en el encantador barrio El Golf, solía almorzar acá:


Este petit bistrot está ubicado, muy apropiadamente, en un reducido par de cuadras de estilo francés:








Hace unos años los mayordomos de estos edificios eran los más pudientes, porque la gente les pagaba para que avisaran cuando un departamento se desocupaba. Ello, claro está, antes de la fiebre inmobiliaria que ha azotado a Santiago:


Tengo fe en que la crisis económica obligará a la industria a darnos una tregua.
Pero vuelvo al Budapest. Tenía un chef directamente importado de Francia, un rucio flacuchento y muy serio que trabajaba sin parar. Hacía una quiche Lorraine deliciosa con una masa delicadísima que se deshacía en la boca y con la que además nos deleitaba en el postre, a merced de una tarta de almendras con salsa inglesa para llorar de emoción por lo irresistible. He tratado de emular esta masa pero aún estoy a años luz, aunque me voy acercando:

Hace años que no he vuelto a comer ahí. No sé si se ha mantenido la calidad y no me da el corazón para sufrir la decepción de que no sea así. En su tiempo hasta mi papá llegó desde el lejano campus a acompañarme a almorzar (entablando conversación instantáneamente en impecable francés, digno de un nativo, con el chef) y mi mamá desde el centro. También pololeé ahí con mi marido (ah, qué tiempos aquéllos en que éramos sólo dos) un par de veces y no creo errar si digo que en parte nos inspiramos en esa rica comida para elegir el menú de nuestro matrimonio, que merece publicarse y que en otra oportunidad compartiré en este espacio.

Quiero uno de éstos


Lo vi en EE.UU. y fui tan tonta (y apretada) que no atiné a comprármelo...
Y desde entonces sufro porque no tengo uno.
De hecho lo busqué en los malls pitucos y costaba EL DOBLE que en Williams Sonoma, que ya es bastante caro y además me perseguía donde fuera, lo juro, incluso caminando por la calle, en esos barriecitos simpaticones que hay en el lado nor este de Manhattan (amo esa tienda. Y esa ciudad. Y esos barriecitos).
Ah...las maravillas que podría hacer con él.
Y ahora regalan ¡3! en uno de mis blogs favoritos...
Pero como vivo en el poto del mundo...
Alguien quiere sacarme pica y lo logró.
Porque nadie podrá consolarme con que los de marcas nacionales son tan buenos como el KitchenAid. ¡No lo son! Yo soy chiquilla que hace sus tareas y averigüé y miré y son una mugre, al lado de esta preciosura. Con suerte se pueden hacer tres tazas de harina por vez y la paleta para amasar es casi artesanal. Patética. La "mía" tiene capacidad para un kilo de harina y todos los agregados necesarios y se pueden elegir movimientos y velocidades para todas las paletas. Leru leru.
Mejor voy a ver ElGourmet.com mientras lloro de rabia y pena.

Foto: The Pioneer Woman

El factor RASCA

Estoy planeando las vacaciones familiares para abril de este año y mis requisitos son:
1. una cabaña decente
2. una cabaña que no sea impagable
De acuerdo a mi standard, conciliar ambas condiciones en Chile es casi imposible. Y no porque sea cuica, sino porque ya pasé por la onda aventurera de dormir en cualquier lugar, encapsulada en mi saco, con la mochila de almohada para que no me la roben y encomendada a la mejor suerte que tener pueda. Ahora que tengo hijos y estoy raja todo el rato, no tengo ganas de andar aperrando.
Para ilustrar un poco mi idea, baste decir que inicialmente quería que fuéramos a este pedazo de cielo en la tierra.


Ya estuve en el sector tres veces y sé que lo que se publicita, efectivamente está. Las fotos muestran fielmente lo que uno va a ver. En resumen, si no fuera por el pique (que tendría que ser en avión y después en un auto arrendado para cruzar la frontera, lo que significa que igual tendríamos que llevar las sillitas de los niños, en fin, un queso), sería ideal. Gracias a EFE, que suspendió indefinidamente el auto tren y, para el caso, cualquier recorrido más allá de Talca. Super útil.
En cambio, mis opciones realistas son más o menos así.


El mismo precio por noche pero, como se puede apreciar, con una diferencia de calidad que es como para sentarse a llorar. Reconozco que me cargan los lugares y las cosas feas. Y si voy a estar pagando para irme de vacaciones, lo mínimo que pido es algo bonito y bueno. Pero vamos al detalle para que quede claro en qué baso mi crítica.
Mientras la cabaña argentina tiene un estilo arquitectónico bonito, está calefaccionada y equipada con sacacorchos, cuchillo de cocina, cuchara para escurrir tallarines y hasta copas para vino, la chilena está hecha con paneles prefabricados, con cero aislación acústica y térmica (aquí entran las clásicas estufas a parafina) y cuenta con un par de platos picados, cubiertos que no son del mismo juego y una olla con el fondo redondo de lo gastada. En Argentina uno realmente está rodeado de bosques limpios y a una distancia aceptable de la otra cabaña. En Chile las cabañas están dispuestas en una fila separadas por diez metros entre sí, en medio de un tierral espantoso y lleno de basura por los cabros chicos picantes que comen puras porquerías y después tiran el papel al suelo (tampoco suelen abundar los basureros, en beneficio de los mencionados cabros chicos picantes). En Argentina los niños juegan en un parque con entretenciones buenas; acá se tienen que conformar con un columpio roto y un resbalín oxidado. En Argentina las terminaciones son buenas y hay atención a los detalles; en Chile se nota el óxido y la corrosión en las cañerías y la mala instalación eléctrica. En Argentina las sábanas son suaves y mullidas; en Chile son tiesas y las frazadas tienen un olor a dudosa limpieza de varias temporadas atrás. En Argentina el desayuno consiste de café, pancito recién hecho y mermeladas caseras, más alguna masita dulce y mantequilla. Acá, el mismo café a lo mejor (sin leche), pero con un pan industrial y un “sachet” de mantequilla Soprole (marca que boicoteo) y otro de mermelada llena de aditivos.
Chile, en pocas palabras, tiene una infraestructura turística RASCA Y PENCA. Y cara.
Anoche me acosté francamente deprimida tras mi navegación por Internet. Ni siquiera las páginas de turismo son decentes en este país. Por lo cual, valga mencionar, retiro de mis links recomendados a Sernatur. Es una mugre.
Es cierto que el pique a Villa la Angostura es grande, pero la diferencia de calidad es tan abismante que para mí casi vale la pena el sacrificio. No sé si para mis hijos, por desgracia. Parece que el mejor negocio para el conjunto es quedarnos acá, en nuestra amada casa que es la realización de nuestros sueños y necesidades.
Yo no necesito el lujo pero sí el diseño inteligente, práctico y de buena calidad. De hecho ni siquiera necesito una cabaña. Si tuviera este Volkswagen Camper partiría donde fuera. Le he recriminado a mi marido que me hablara del tema, porque yo vivía feliz ignorando que existían estas “van-casa rodante”. Desde entonces mi vida ya no es la misma. Paso horas soñando con que estamos recorriendo Europa o Estados Unidos o la Carretera Austral, en familia. Tiene butacas para piloto y co-piloto y dos filas más de asientos. Las butacas se dan vuelta para enfrentar una mesita donde todos comen. Hay cocina con hornillas, lavaplatos, espacio para guardar las cosas de la cocina. Los asientos después se transforman en 6 camas (incluyendo una matrimonial en el "segundo piso"). Hay closets para guardar de todo. Y claro, tracción completa, GPS, equipo de música ultra sofisticado, calefacción, comandos electrohidráulicos y otros detalles técnicos increíbles (de lo que entendí traduciendo de holandés y alemán a inglés).
Esta es una versión más antigua:


Si alguien sabe de alguno que esté en venta, buen estado y no sea demasiado antiguo, AVÍSEME. En serio. En cualquier lugar de Chile. Yo compraría el Camper nuevo, pero cuesta la módica de € 50.000.- y sólo está en Europa. Ta maire, maldito sea vivir en Macondo.
Si alguien tiene sugerencias para nuestras vacaciones, también le quedaré agradecida. Ha sido el Servicio de Utilidad Pública.

Matriarcas II

En mi entrada anterior, María Paz comentó que las mujeres tratan de dominar a los hombres en un intento de "vengarse" por el machismo que reina en el país. En base a ello, he sacado otra conclusión espeluznante. Si somos tan brujas con los hombres que los hacemos sentir incapaces (a pesar de que contribuyen mayoritaria o completamente a poner el pan sobre la mesa), claro que nos resienten. Es fácil entender, en ese contexto, la alta tasa de homicidios de mujeres a manos de sus parejas; se capta altiro por qué existe la discriminación laboral femenina. Los hombres no quieren seguir oyendo nuestros retos, críticas y mandoneos. Entonces nos asesinan o nos cierran las puertas de sus oficinas y negocios.
No justifico ni los "femicidios" ni la discriminación laboral femenina. Por cierto que hay maneras más civilizadas de lidiar con estos asuntos y solucionarlos. Es algo que tomará varias generaciones, sin embargo, porque cada "parte" (hombres versus mujeres) se aferra a su posición y perpetúa la brecha de entendimiento.
Pero da para pensar. Hay mujeres que quieren dominarlo todo y consideran que nada queda bien hecho si no es hecho o supervisado por ellas, incluso lo que concierne a su marido en lo personal e individual. Porque él espere que así sea o porque a ella la criaron para hacerlo, a estas alturas da lo mismo. El punto es que es ancestral.
Mientras escribo pienso que fijo mi marido lee esto y pone el grito en el cielo por mi manera de retratar a los hombres. Pero él sabe por qué me fijé en él y no en cualquier hijo de vecino chileno. Asimismo, él sabe cómo soy yo y dudo que haya olvidado los años en los cuales llegaba reventado de la oficina y me cocinaba la comida a mí. Le amo.

Matriarcas


Mientras lavaba los platos, pensaba en dos blogs que me encantan pero me hacen sentir (qué tonto lo que están a punto de leer) ya no imperfecta, sino que abiertamente mediocre y dueña de casa y mamá a medias. Porque no tengo capacidad para hacerme cargo de una casa sola con tres cabros y aún así cocinar cosas increíbles, escribir un blog famoso (como las interpeladas), pololear con mi marido y cuidar mi belleza. Y eso que todavía me quedo corta en un niño en comparación y no los educo en la casa ni hago manualidades de ningún tipo.
Entonces me dije que claro, como en EE.UU. trabajan de 9 a 5, obvio que estas gallas tienen a su marido de vuelta y listo para ayudar (otra cultura, chiquillos) en las cosas domésticas a una hora decente. No como acá, en que los maridos (e incluyo al mío) llegan a las horas miles en estado de bulto.
Mi siguiente meditación (especialidad mía mientras ordeno, limpio o viajo en micro) fue que en Chile los hombres trabajan hasta más tarde no sólo por esa vieja costumbre de "sacar la vuelta" (tomar varios café al día mientras se mira por la ventana, conversar durante horas con los compañeros, etc.) o por la cultura trabajólica que tanto nos enorgullece y nos llena de enfermedades cardiovasculares, sino precisamente porque este país es un matriarcado. Háganse una imagen mental de Susanita, la amiga de Mafalda, recibiendo al marido: "Quitate el saco (chaqueta), que lo arrugás"; "vení a comer que se te enfría"; "sacate la corbata que la manchás con sopa"; "te ponés este pijama porque el otro lo lavé, estaba re sucio, cómo no te fijás si te lo he dicho tanto"; etc.
O sea: ¿quién quiere llegar a semejante bruja? Mejor quedarse en la oficina recibiendo órdenes del jefe, que no se las da de querer criarlo(a) a uno(a).
Yo siempre dije que no quería ser madre de mi marido, sino que sólo de mis hijos. Por eso me sonrío disimuladamente cuando mi suegra (a quien respeto mucho, sin embargo) me dice que le ponga tal crema a mi marido, o que lo obligue a acostarse a dormir siesta. Puede que a veces tenga razón, pero un hombre adulto sabrá lo que hace, pienso yo.
En conclusión, no es que yo no dé. Es que el sistema es diferente. La cultura es otra.

Apatronados


Hoy me tocó lidiar con unos maestros que nos tienen prometidas unas obras de carpintería desde hace unos 3 meses. No sé si el hecho de que yo haya tratado con ellos –en vez de mi marido-corazón-de-abuelito- hará alguna diferencia a la hora de que cumplan con su pega, pero empezaron a ofrecer plazos concretos y se mostraron más comprometidos cuando les empecé a interceptar sus frases vagas con frías y cortas acotaciones. A veces puedo ser bien pesada. Y cuando se hicieron los mártires diciendo que no aceptaban dinero por adelantado, no les dije “no, maestro, déjeme hacerle un adelanto para facilitarle las cosas”, sino que “qué bueno, porque a estas alturas yo tampoco pago nada antes”. Silencio.
Es que ya no creo en esta gente. Su palabra vale absolutamente nada. Los plazos de entrega, la instalación, el servicio post-venta y la calidad son todos términos nebulosos y subjetivos. Y la situación es especialmente lamentable considerando que la gente que hace estos trabajos es pobre y desfavorecida. Pero hay que ver cómo echan por la borda las oportunidades de buenos negocios, de generarse recomendaciones convenientes, de organizar su tiempo con mayor eficiencia para poder hacer más trabajos. Da para pensar que quieren ser pobres.
Mi marido, idealista y siempre en shock por cómo los chilenos nos ladramos los unos a los otros, suele creer que apelar al buen sentido de la gente y hablarles en un tono amable servirá para que trabajen más gustosos y cumplan mejor con las expectativas. Durante un año y medio hemos sido testigos de que no es así: bastó que yo cambiara el tono en un minuto para que los maestros se “enderezaran”. Casi faltó que se cuadraran cuando se despidieron.
¿Por qué habrá que hablarle golpeado a la gente para que entienda que uno dice las cosas en serio? ¿No sería lógico que uno favoreciera a quien lo trata bien en vez del que lo trata con tono de patrón de fundo?
El alcalde Labbé, de Providencia, no es santo de mi devoción. Pero una vez dijo una frase genial que contiene mucho de verdad. Alguien le preguntó por qué en el ejército los que mandaban les hablaban a gritos a los que tenían que obedecer, al estilo “¡AL SUELO! ¡DOSCIENTAS FLEXIONES, AHORA!” A lo que él replicó que sería muy poco probable que alguien obedeciera con prontitud si les dijeran “tiéndete mi negro, que vamos a hacer unos ejercicios”.
A la gente le gusta que la traten al combo y la patada. Si uno no lo hace, no lo ven como una amabilidad y una perspectiva de buen vivir. Lo ven como una oportunidad de relajarse y “tomarse el codo” de la persona que les tendió una mano.

Qué se puede decir

Reconozco que estoy triste por los resultados de las elecciones presidenciales de ayer. Los intuía, pero constatarlos es otra cosa. Aunque ninguno de los candidatos me parecía idóneo para el cargo.
Uno porque su grupo ha estado ya demasiado tiempo en el poder y, como todo, ha decaído. La corrupción, la automatización de actitudes y propuestas, el estar atado de manos por acuerdos políticos que impiden innovar en temas sociales (no de combatir la pobreza, sino de cambiar a la sociedad) y otros hace tiempo lo hicieron merecedor de irse para la casa.
El otro, por la persona que lidera. Me parece incomprensible que gente "de bien", educada y que se dice cristiana o preocupada por el prójimo y el ejemplo de Jesús, haya votado a un hombre que todos saben formó parte de su fortuna por medios menos que transparentes. Un hombre cuyo carácter arrogante, prepotente e impulsivo no dudará en enemistar a Chile con sus países vecinos en tanto él los vea como menos que nosotros.
Yo soy la primera persona en abogar por la alternancia en el poder, pero no a ciegas. No idealizando a las personas. Mirando al conjunto de quienes tendrán puestos importantes en el gabinete y en el sector público.
Tomando en cuenta la vaga respuesta del presidente electo en cuanto a dar cargos públicos a personas que apoyaron la Dictadura, siento un poco de aprensión. No son pocos los que sentirán un dedo en la llaga siempre abierta de los parientes de detenidos desaparecidos, de los exiliados, de los reprimidos. De todos los que sintieron que Chile se rompió un poco desde el año 1973. Haya sido guerra civil o no, el hecho es que el Goliat de la situación venció porque tenía más poder y más medios y además se instaló en el poder durante tantísimos años sin preguntarle nada a nadie.
En los aspectos económicos tampoco está la salvación. Quien piense así, por lo demás, deja de lado importantes aspectos valóricos que una democracia no puede ignorar. Pero sin ir a ese detalle, algunas personas se apresuran a creer que Chile será un símil de país rico gracias a que es un empresario de derecha el que gobierna. No tanto. Ese empresario, sospecho, no tardará en dar concesiones y proyectos de obras públicas a sus amigos en desmedro de otros emprendedores que no sean de su agrado. Si eso no es corrupción, entonces no sé nada. Opiniones irán y vendrán respecto del criterio de selección, pero el hecho es que la gente no cambia y quien protagonizará la imagen de Chile estos próximos cuatro años es conocido por sus triquiñuelas para salir adelante en sus negocios. ¿Alguien que me lea lo conocerá tanto para poner sus manos al fuego por él y decir que será imparcial en esto? Es mejor ir olvidándose, también, de la pobladora sonriente con la que se fotografió el entonces candidato. Ahora que ganó, es prudente suponer que sus miras están en lados muy otros que los más vulnerables de la sociedad. Este hombre también es de los que creen en el "chorreo", enfoque que ya se ha comprobado ineficaz. Podríamos igualmente matar a todos los pobres, porque la atención efectiva que se les dará en este gobierno no será mayor que la que se les dio en veinte años de gobierno concertacionista.
El hecho de que el presidente electo se proclame católico no ayuda a este país de decreciente apoyo a la Iglesia. Al margen de mi propia opinión religiosa, queda claro que un presidente así no es representativo. Sabiendo que esta persona tiene el potencial de ser represivo por carácter, es de esperar que muchas medidas que ayudarían a que este país avance quedarán en el tintero. Lo "valórico" primará por sobre lo concienzudo de la opción individual, lo que no sólo no es democrático sino que es altamente condescendiente. Se cree que la gente es imbécil y falta de criterio y por lo tanto se busca "guiarla", como un padre a su hijo de un año. Tontos hay en todos lados (de sobra), pero una persona adulta tiene derecho a cometer sus propios errores y aprender de ellos y traspasar esa experiencia a otros. Lo que digan las autoridades eclesiásticas, supuestamente alejadas de lo sexual, sólo debería primar para los feligreses que creen que un hombre alejado de este procaz mundo puede enseñarles algo que ellos, simples corderitos, no son capaces de ver por sí mismos o en diálogo con su pareja e hijos. Esa "lección" no puede ser ley para todos los chilenos, que incluyen musulmanes, judíos, protestantes, agnósticos y ateos. Y otros. Ese "proteger" valores es imponerlos, al final del día. Una cómoda solución para los que creen algo pero no se quieren dar la molestia de ir a quienes estén en situación de escucharlo y convencerse. Nos saltamos ese paso de hacerlo por las buenas. Qué fácil. Qué "fraternal", para usar las propias palabras de quien también abusó de "la generación del bicentenario" y "el futuro". Ufff.
En fin. Para este día semi otoñal, prefiero quedarme oyendo la música de cierta película semi francesa, dirigida por el sublime Luc Besson. Música evocadora de playa, de olas chocando contra las rocas, de espuma efervescente en la superficie y de obscuridad y tesoros escondidos en la profundidad. De tenderse en la arena oyendo el sonido del agua; de sentir el abrazo del sol en la espalda hasta que ya atosiga y se entrega uno a las frescas aguas saladas, para partir luego de regreso con la piel un poco tirante, pero el aroma marino en la nariz y en el pelo (también un poco tieso y necesitado de agua dulce) y el alma henchida de felicidad y gratitud por este planeta tan bello y tan silenciosamente delicado. Música que se oía en años antiguos con amistades que ya no están y que siempre se extrañan por su optimismo, simpleza y pragmatismo y lealtad. Eterna amistad.

martes, 10 de mayo de 2011

Y no es broma...

Que tengo dos posts a medias, que me mueven mucho, pero que no puedo publicar.
Que me siento medio sola, porque estoy atada en cuanto a lo que puedo decir en las distintas esferas sociales de mi vida.
Que quisiera descansar.
Que veo una distorsión tan grande entre las vidas de algunas personas respecto de las vidas de otras personas, y me parece increíble que todos convivamos en la misma ciudad al mismo tiempo.
Que, aunque aprecio y agradezco la realidad que a mí me toca, también aprecio y a veces es como que echara de menos la otra, en algunas cosas, como la simplicidad y la falta de pretensión.
Que lamento que esas cosas (lo simple y no pretensioso) se mueran, desaparezcan, en pos de una vida más "glamorosa", moderna, agitada e impersonal. Y son proyectos como HidroAysén los que venden la idea de que así es mejor.
Que me duele que haya gente tan vulnerable, tan al margen, mientras otros tienen tanta seguridad, tanta riqueza innecesaria, tantos horizontes que no siempre ayudan, porque no se traducen en una mejora para toda la sociedad; sólo para la de ellos.
Que era cierto: salir de la casa me ha hecho bien. NOS ha hecho bien.

viernes, 3 de septiembre de 2010

El otro Chile

Anoche Marido me contaba que había tenido audiencia con el gobernador de una remotísima provincia del extremo sur de Chile. Ahí, le contó el gobernador, viven como 20.000 personas, de las cuales aproximadamente 60 habitan las pequeñas islas de los archipiélagos frente a la ciudad más cercana en tierra firme. El gobernador le contó que estas 60 personas son hombres que viven de hacer hoyos en la playa, donde meten choros, centollas y otros y los crían. Cada 6 meses o cuando el clima lo permite, pasa una lancha (léase bote de madera con una pequeña cubierta y motor fuera de borda, no muy distante a lo que uno encontraría en la caleta de Algarrobo) que lleva a los que quieran vender su mercadería al continente. El viaje es de unas 30 horas por el circuito que debe hacer y las corrientes, tormentas de viento y el peso de la mercadería y los tripulantes. Una vez en la ciudad, estos hombres ganan unos $300 (menos de un dólar) por cada docena de unidades que venden a las empresas japonesas (que luego revenden a un precio equivalente a su peso en oro) y vuelven a las islas en la lancha con su escuálido ingreso convertido en agua, alcohol y cigarros.
Luego el gobernador le contó que él había decidido viajar en la lancha para ver con sus propios ojos cómo era el viaje y el hábitat de estos hombres. El relato era del terror: el capitán del bote era prácticamente ciego; el ayudante iba borracho como zapato y el tercer tripulante tenía unos 70 años. Para mantenerse algo calientes, llevaban prendido un brasero en el suelo del bote que, como mencioné, es de madera. Cuando desembarcaron en las islas, se encontraron con seres casi subhumanos, hoscos en extremo y con la irritabilidad a flor de piel. Vivían parapetados entre roqueríos con un plástico de techo y alguna plancha de zinc que habían ajustado en su lugar con piedras de la playa. Comían algas, choros y centollas con aceite y harina.
Marido preguntó, entre otras cosas, si no podía haber un sistema alternativo mediante el cual los hombres no estuvieran tan aislados y en condiciones tan precarias: los que se enferman o se meten en peleas no tienen más opción que saber mejorarse o aguantar hasta que pase el bote, que los llevará en un viaje infernal a un hospital desabastecido. No todos llegan. Nadie tiene registro de quiénes han fallecido ahí, cómo ni dónde están sepultados. La respuesta fue que muchos son fugados de la justicia, prófugos que saben que a esas lejanías no los va a ir a buscar nadie, pero que si arman una actividad comercial formal serán rastreados.
Hace un par de semanas Marido me había dicho, en relación al mismo tema central, que en su oficina están haciendo un catastro de todos los lugares remotos habitados en nuestro gran Chile, que son muchos más de los que uno piensa o ve cuando va de viaje de estudios al Lago Chungará o a carretear a San Pedro de Atacama, si del Norte se trata. El "grupo objetivo" del catastro es precisamente el caserío al cual no llega señal de celular; que no tiene luz eléctrica ni agua potable y donde viven antiquísimas familias (que a estas alturas tienen una endogamia alarmante), descendientes sin duda del imperio Inca y de otros habitantes indígenas de nuestras tierras. Esos lugares donde el castellano no se habla y donde los niños que van a la escuela tienen que caminar 20 ó 30 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta para aprender a leer y contar. Donde el médico va una vez al trimestre. Personas que no se han asimilado a la sociedad actual y que probablemente viven hoy igual que lo hicieron sus ancestros hace 300 ó 400 años.
Ya en los lugares conocidos o más cercanos a poblados importantes, también hay situaciones difíciles que Marido me cuenta cuando llega de noche agotado en la mente y el espíritu: niños que viven internos toda la semana porque la casa les queda demasiado lejos de la escuela. Yo no sabía que aún había tantos internados en Chile (¡tantos!), pero con el famoso terremoto ha quedado expuesto que muchos niños han perdido buena parte del año escolar no porque su escuela se haya derrumbado (problema del Sr. Lavín y su team, por lo demás) o porque no haya camino, sino porque no tienen dónde alojarse durante la semana, ya que el internado se cayó porque el edificio tenía más de 100 años.
Tremendo. Apabullante. Sórdido y tenebroso.
Es como para pensarlo seriamente antes de volver a llenarnos la boca con eso de que estamos avanzando, que tenemos tecnología de punta en cuanto a conexiones y comunicaciones y que la población tiene un nivel de vida decente.

viernes, 20 de agosto de 2010

No era fraude; era estupidez

Hacía meses que mi marido y yo sospechábamos que a nuestra nana se la habían hecho niña con un proyecto trucho que ofrecía su municipalidad. Se trataba de una postulación a viviendas básicas que iban a construir y para eso los interesados tenían que inscribirse en la alcaldía, llevar su libreta de vivienda del BancoEstado y depositar unos dineros en una cuenta "de administración de fondos de terceros" que tenía la alcaldía. A cambio recibían unos comprobantes bastante vagos y vamos esperando sentaditos a que el proyecto se concrete.
Como la cosa se dilató durante años (mi nana se inscribió a principios de 2008, pero las postulaciones ya llevaban más de un año abiertas), mucha gente se aburrió de esperar y retiró su postulación. Y sus fondos depositados.
Y acá apareció lo que más mal nos olió: la municipalidad sólo devuelve el monto nominal depositado. Es decir, no importa cuánto tiempo haya estado su plata ahí, Ud. recibirá lo mismo que depositó, sin interés ni reajuste alguno. Considerando que desde inicios de 2008 hasta ahora ha habido en Chile una inflación acumulada de 8,1% (super fácil acá y corroborado por análisis propio), no hay que ser genio para darse cuenta de que quienes han participado del proyecto han perdido como en la guerra. Y eso sin considerar el interés que podrían haber generado esas platas en una cuenta de ahorro más los intereses sobre intereses y sobre reajustes.
La gran injusticia de todo esto es que se trata de personas pobres. Juntar ese dinero les significa un sacrificio demasiado grande como para que años después se encuentren aún sin una vivienda propia (y básica) y más pobres, porque el poder adquisitivo de esos dineros ya no es el mismo, producto de la inflación. Si a eso se suma el poco entendimiento que muchos tienen de los conceptos económicos o financieros, más el inmemorial vicio de no cuestionar "porque es la autoridad", la cosa se presta perfectamente para fraude.
Con eso en mente, arremetí con sendas cartas a quienes correspondiera en la municipalidad, todas ellas copiadas vía e-mail. Por supuesto que pasaron los días sin noticias (hasta se me olvidó el asunto), hasta que me puse pesada y los amenacé con mandar una carta a Línea Directa de El Mercurio o con una intervención del abogado de la familia (uno de ellos, al menos), cuyo nombre todo Chile ubica. No bien hice esto, me llamaron por teléfono para avisarme que me habían mandado la respuesta a mi dirección de e-mail. Ah, la eficiencia de los empleados públicos bajo presión (no offense, honey).
Al final del cuento todo se reduce a las leyes pensadas con el poto y escritas con las patas. Cito textualmente lo que me escribió la persona a quien el edil mandó a contestarme:

La Srta. ... depositó la suma de $... en una cuenta de administración de terceros de nuestra dirección de Administración y Finanzas. Cuenta que sólo puede recibir dineros de los postulantes a las viviendas y que no puede ser utilizada en modo alguno por el municipio.

Los dineros depositados en cuentas de administración de terceros no pueden ser utilizados por el municipio y por tanto, mal podrían generar intereses, por cuanto nuestra dirección de Finanzas no tiene caracteres de entidad financiera.

Por cierto que me cabe la duda de que esos dineros permanezcan efectivamente empozados años de años en una "cuenta". Una normativa como ésa equivale a la tontera de guardar los billetes bajo el colchón. Pero parece que así sucede, aún a nivel público. Valor.
Lo malo de eso es que, cuando se decidan a poner manos a la obra, se van a encontrar con que no les alcanza la plata. Obvio, si la evaluación del proyecto se hizo hace años y en base a ella se calculó cuánto tenía que contribuir cada postulante. Como en los ya tres años que lleva esta lesera tanto el costo de la mano de obra como el de los materiales de construcción, ¡como el valor de los bienes raíces! ha variado, habrá que acudir a los subsidios. O recortar aquí y allá y entregar más viviendas de mala calidad: he aquí la injusticia última y sublime expresión de la perpetuación de la pobreza y desigualdad.
Podemos ponernos en el caso de que se vayan por el lado de pedirle plata a papito Estado. Todos sabemos de dónde salen los billetes: de nuestros bolsillos. Otra estupenda distribución del erario nacional.
¿Quiénes, por el amor de Dios, son estos estúpidos que crean estas leyes miopes y torpes? Hay que ser muy imbécil.

sábado, 8 de mayo de 2010

Mall de muchos, beneficio de pocos

Felipe Assadi

Ningún vecino en su sano juicio debiera aprobar una idea tan absurda como instalar un mall en su barrio, aún más considerando las adversas condiciones en las que se encuentra el terreno ubicado entre Avenida Cristóbal Colón y Martín de Zamora. La primera, una calle reversible, colapsada y lenta a toda hora; la segunda, una vía de carácter residencial a la que ya se da uso de troncal. Es más, todos los habilitados para este curioso plebiscito debieran acudir dentro de un mes a estampar su más rotundo NO para impedir la sola posibilidad de reunir al Concejo Municipal para que apruebe un cambio del Plan Regulador en beneficio de una empresa.

Hablemos las cosas por su nombre. Aquí habrá, a la larga, un sólo ganador: el elefantito rechoncho y todas sus tiendas ancla que, con una hermosa sonrisa en la cara, se sentará sobre este lugar tratando de convencer a los vecinos de la falta que les hace un nuevo supermercado en la puerta de sus casas.

No dejen de participar, señores vecinos. Aprópiense de la oportunidad que les da el alcalde para dejar claro que no es correcto cambiar un Plan Regulador sólo para permitir un proyecto comercial que cambiará para siempre la estructura del barrio. Que el pataleo se note y que sea vinculante, ya que no sirve de nada una consulta pública sólo para conocer la opinión de los vecinos.

El mall traerá a los alrededores de sus casas una población flotante de automóviles que fácilmente cuadruplicará el flujo que ya tienen las dos avenidas mencionadas en días normales y en todo horario. Ni los techos verdes del proyecto ni los supuestos accesos subterráneos de camiones lograrán contrarrestar el impacto del centro comercial en el sector.

¿Dónde está la propuesta de mitigación para mantener el orden en el barrio? No lo vi en la presentación, aunque seguramente lo harán con el mall a medio construir, tal como lo están haciendo en el Costanera Center. Sin duda van a proponer ensanchar las calles aledañas, dos pistas más para Martín de Zamora y otra para Colón, y así dar con la capacidad para admitir a miles de automóviles entrando y saliendo en forma continua e ininterrumpida por ambas calles.

Ya lo han dicho los entendidos varias veces: el mall, en las ciudades que funciona de forma ordenada, debe ser periférico. Cuanto más alejado de las zonas residenciales, mejor. Grandes campus universitarios, centros comerciales, recintos feriales, y cualquier otro programa que genere un alto flujo vehicular no puede insertarse en medio de una zona residencial. Y para eso se usa el Plan Regulador, para velar por estos principios, no para ser modificado cuando la situación le convenga a algunos.

Postdata: Dense el tiempo y vayan a ver cómo están funcionando los perímetros de los malls de la comuna, para que se hagan una clara idea de lo que ocurre con las propiedades vecinas cuando se les instala un gigante como éste.

martes, 27 de abril de 2010

Karadima

Tras ver y leer numerosas noticias, reportajes, entrevistas y cartas respecto a las denuncias por abuso sexual por parte del sacerdote Fernando Karadima (no me nace llamarlo “Padre” porque de mí no lo es y nunca he usado esa palabra para dirigirme a ningún sacerdote), es imposible abstraerse de tener una opinión. En mi caso, no se me ocurre una razón por la cual personas que trabajan para sustentarse, que tienen familia, hijos, amigos y conocidos y que en algún momento estuvieron en estrecho contacto con la Iglesia Católica, quieran hacerle daño a nadie porque sí al exponer situaciones personales de índole íntima y dolorosa. Menos aún respecto de una persona que supuestamente no tiene en su mira más que el bien de la sociedad y especialmente de su congregación o círculo cercano. Siento muy profundamente el sufrimiento, dolor, vergüenza y desengaño de los denunciantes.
Me molesta saber que el proceso eclesiástico ha demorado hasta ahora tres años en ver una causa que, como dice el sacerdote jesuita Marcelo Gidi, no debiera tomar tanto tiempo ni estar supeditada a otras por su naturaleza tan delicada. Me parece que el Cardenal Errázuriz metió la pata al reconocer que dejó la causa de lado a la espera de mayores antecedentes: toda vez que los denunciantes dicen no haber recibido ninguna respuesta formal de parte de la Iglesia, se ve que hay dejadez intencional, gracias a la cual pasa el tiempo en medio de la más absoluta desidia y nuevamente nos enfrentamos a la posibilidad de que el acusado muera antes de que le toque declarar o se entere al menos de su condena y la cumpla en lo que le quede de vida. Entonces da mucha rabia que la Iglesia pida que se le tenga confianza, si hay un abuso de ésta cuando recibe los antecedentes (en un gesto de buena voluntad y discreción por parte de los demandantes, que podrían haber partido por entregarlos a los tribunales civiles o a los medios de comunicación) y se los deja acumular polvo creyendo (quizás) que así los demandantes desistirán de su acción.
En lo legal, no estoy segura de que haya gran éxito en las gestiones. En primer lugar está la supuesta prescripción, que ya se cumplió. Segundo, hay poca o nula evidencia: sólo se cuenta con testimonios a favor de una u otra parte.
La mayor posibilidad de éxito reside en comprobar que los afectados eran menores de edad cuando comenzaron los abusos. Al respecto llama la atención la porfía con que uno de los abogados defensores, un Sr. Bulnes, insiste en que eran todos mayores de 18 años al entrar en contacto con el Sr. Karadima. Su hipótesis, en todo caso, es avalada por una carta firmada por seis médicos que conocieron a uno de los acusadores y que dice que ya eran todos mayores de edad al comenzar sus visitas a la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en Avenida El Bosque, comuna de Providencia. Cuando la evidencia se sustenta en algo tan fácilmente comprobable es como para preocuparse por la falta de tino de dichos médicos y por su salud mental, que al parecer está deteriorada en cuanto a memoria se refiere.
Por otro lado, el hecho de que los afectados hayan tenido 16, 18 ó 21 años durante la época de los supuestos abusos es del todo irrelevante y es un argumento indigno de un abogado que se precie de ser persona decente. No sólo porque cada persona madura a ritmos diferentes en cuanto a lo sexual y a defenderse de agresiones psicológicas y sexuales -dificultando y haciendo perder gran parte de su sentido a una legislación de este tipo-, sino porque aunque haya sido sexo consensuado entre dos adultos, ello no es conducta propia de un hombre que voluntariamente hizo votos de castidad. Esto último no compete a los tribunales civiles porque depende del honor personal, pero la manipulación emocional, la amenaza y anulación de voluntad ante una figura de poder y de autoridad, de manera reiterada y masiva, no puede no ser juzgada (y con más rigor que la mera opinión) por un grupo de personas integrantes de la sociedad laica.
También me deja pensando el contingente de personas que han salido en defensa del Sr Karadima. Dejaré de lado a las mujeres porque, de ser cierto que el sacerdote es homosexual, ninguna de ellas tiene razones para acusarlo de conductas impropias en lo sexual (la única que habló en contra de él en el reportaje de TVN se refiere a su carácter dominante y totalitario). Sería posible que hubiera jóvenes que en el cura no despertaban emociones impropias y a los que pudo efectivamente guiar sin mayores sobresaltos en lo espiritual: serán ellos los que ahora salen en férrea defensa de su mentor (es posible que ellos también hayan sido objeto de acoso sexual y no quieran reconocer que, por una u otra razón, no hicieron nada al respecto y prefirieron guardar silencio; me parece que defender la propia dignidad y negar la propia debilidad es un reflejo muy esperable). Muy probablemente ejerció sobre ellos el control mental que todos quienes hablan en su contra mencionan, pero ello es difícil de esclarecer, sobre todo en una relación de guía espiritual, figura de autoridad y paternal a aprendiz joven e inocente de malas intenciones. Para no sonar condescendiente de personas adultas dotadas de criterio, no cuestionar ciertas actitudes o conductas es muy fácil valiéndose de la interpretación de humildad y obediencia que la Iglesia Católica predica en nombre de Jesús.
Es difícil no cuestionarse qué objetivo persiguen los denunciantes con hacer públicos sus testimonios. ¿Destituir al Sr. Karadima de su posición? Karadima tiene 80 años y está “jubilado”. No se sabe a ciencia cierta si su alejamiento de ser cabeza de la Iglesia de El Bosque fue por estas acusaciones. ¿Impedir que otros jóvenes sufran lo que ellos? Un poco tarde, considerando que el Sr. Karadima siguió incólume en su posición durante bastantes años después de que estos abusos tuvieran lugar. ¿Quedar con la conciencia tranquila? A lo mejor. Pero es una pobre estrategia la que han elegido, por cuanto han presentado una acción legal sobre un delito prescrito y del cual no hay evidencia. Sí se han amparado bajo la figura de un destacado y conocido abogado (Hermosilla) quizás bajo la premisa de que “quien pega primero pega más fuerte”, ya que si hubieran acudido a los medios de comunicación se les habría podido denunciar por injurias y calumnias o difamación. De hecho no es imposible que ello ocurra, ya que la solidez de su caso depende, como decíamos anteriormente, de que se compruebe la minoría de edad de los acusadores al momento de comenzar los abusos. Y que se pase por alto la prescripción. Y el éxito más grande del caso depende de que el nuevo sistema penal no se declare incompetente por la antigüedad de los casos y transfiera éstos al sistema que antes regía, cuya (falta de) eficiencia y rapidez todos conocemos.
Por último cabe preguntarse por qué los afectados decidieron hablar ahora y no antes. Las viejas a la salida de la misa dicen: “¿Y por qué entonces no dijeron nada antes?” pretendiendo restarle credibilidad a las acusaciones, cuando en realidad debieran estar dando gracias de que todo esto no haya sucedido sino ahora que el Sr. Karadima está retirado. La caja de Pandora, todos podemos estar de acuerdo en eso, habría tenido muchas más sorpresas entonces que hoy. Si miramos al acusado vemos a un señor entrado en años, cansado, investido de toda la solemnidad que su edad le confiere y todos tendemos a pensar como primera cosa que “a una persona de esa edad no hay que alterarla con algo así, por caridad”. Eso es de hecho lo que un sacerdote de la parroquia le habría dicho a uno de los acusadores, a diferencia de un jesuita (cuándo no) que lo instó a hablar cuanto antes. Pero, ¿a qué se debe el silencio de tantos años? Yo me imagino que a dolor, vergüenza, paulatina y trabajosa aceptación de lo sucedido. A todos nos ha pasado conocer a alguien, admirarle y después sentirnos decepcionados de esa persona. Es una experiencia triste, desoladora incluso. Nos sentimos más solos en un mundo hostil. Todo esto sin considerar que la persona en cuestión además nos ha hecho daño, lo que transforma la tristeza en devastación y trauma. Cuando, más encima, la persona nos amenaza con divulgar nuestros secretos (de confesión, en este caso) o con sacarnos del círculo al cual habíamos sido tan amablemente invitados (la Iglesia y su beneplácito), que nos acogió en un momento de desorientación, soledad y desconsuelo, no es de extrañar que uno se sienta atado de manos y pies y llegue a tardar años en decir algo. Pretender que surja la denuncia inmediatamente cuando se trata de jóvenes cuyo mentor ha abusado de ellos en aspectos tan íntimos, es no sólo simplificar la situación, sino tener verdadera falta de compasión por una persona que sufre, y mucho.
Ante el daño irreparable sólo cabe esperar una disculpa o explicación pública, pero mucho me temo que la Iglesia considerará aquel paso dado tras la Conferencia Episcopal en que la Iglesia Católica chilena pidió públicas disculpas a sus feligreses por los abusos cometidos por algunos sacerdotes. Lo cual hace que todo esto deje un sabor aún más amargo en la boca, porque quien predicaba que la obediencia y la sublimación del ego eran lo más importante, ahora calla cobardemente con tal de no humillarse frente a una comunidad a la cual parece haber engañado durante décadas.
Es casi imposible que muchos de nosotros volvamos a tener confianza en una institución humana que no se reconoce como tal. Una institución que encubre delitos imperdonables que ni siquiera afectan a adultos responsables, sino que a niños indefensos en proceso de formación. Por cierto que no podemos condenarlos a todos por las faltas de algunos (en qué proporción son esos algunos es algo que nunca sabremos), pero un reconocimiento llano, humilde, genuino de los errores que se cometen no estaría de más. Tampoco que se tomaran las medidas correspondientes en lo moral ya que en lo legal quedan muchos vacíos: si creen estar por encima de las leyes de los hombres, que lo justifiquen a través de una conducta si no intachable, al menos franca.

lunes, 15 de marzo de 2010

Graciosito

Qué simpático estuvo el apagón de anoche, ¿no?
Claro, porque como no estábamos ya suficientemente nerviosos desde el terremoto y sus interminables réplicas, ahora millones de chilenos desde Tal Tal hasta Chiloé teníamos que quedar a oscuras.
No sé los demás, pero yo me declaro desde este momento oficialmente con los nervios destrozados. Es que ya no sé de dónde seguir sacando energía y compostura, la verdad: cada crujido es sospechoso, cada ruido me sobresalta, anoche casi me dio un infarto cuando volvió la luz y sonó el citófono (así pasa cada vez y no sé por qué). Ante mis niños, al menos, lo que me sigue inspirando es el recuerdo de mi propia madre confortándonos en momentos difíciles. Supongo que a ella no le eran indiferentes los sucesos, pero siempre tuvo la voz calmada y la palabra serena que nos ayudaban a dormirnos tranquilos.
Hoy fue el primer día de clases de cierta persona (por fin). Estaba, como puede comprenderse, feliz y con todas las pilas cargadas. Ello, por supuesto, hasta que se fue la luz y ahí la euforia dio paso a la cuasi histeria. Para que se calmara le di las gotitas de Bach que mi terapeuta le mandó de regalo. Reconozco que le di un poco más que la dosis habitual, pero a cambio ella y todos nosotros recibimos el regalo de su pronto sueño.
Así las cosas, entonces. Mi amiga C, que trabaja en un piso 18, dice que ya vislumbra la ruma de licencias por stress que taparán su escritorio. Mi "socio" me confirma que el IMACEC correspondiente a estas semanas será como el poto. Y era que no, si estamos todos en un estado de tensión ya casi intolerable. Yo, por mi parte, tengo que hacer una confesión: anoche dormí con ropa. Otra vez. Y hoy siento el tamborileo en el oído producto de la presión alta y el insomnio.
Yo creo que tenemos que recolectar firmas para la siguiente carta:

Querida Tierra:

Por favor deja de moverte.
Gracias.

Atte.,

Todos los Chilenos

¿Quién se une?

jueves, 11 de marzo de 2010

Hasta Siempre

Gracias, Sra. Presidenta.
Nos vemos el 2014.