jueves, 10 de diciembre de 2015

Matriarcas


Mientras lavaba los platos, pensaba en dos blogs que me encantan pero me hacen sentir (qué tonto lo que están a punto de leer) ya no imperfecta, sino que abiertamente mediocre y dueña de casa y mamá a medias. Porque no tengo capacidad para hacerme cargo de una casa sola con tres cabros y aún así cocinar cosas increíbles, escribir un blog famoso (como las interpeladas), pololear con mi marido y cuidar mi belleza. Y eso que todavía me quedo corta en un niño en comparación y no los educo en la casa ni hago manualidades de ningún tipo.
Entonces me dije que claro, como en EE.UU. trabajan de 9 a 5, obvio que estas gallas tienen a su marido de vuelta y listo para ayudar (otra cultura, chiquillos) en las cosas domésticas a una hora decente. No como acá, en que los maridos (e incluyo al mío) llegan a las horas miles en estado de bulto.
Mi siguiente meditación (especialidad mía mientras ordeno, limpio o viajo en micro) fue que en Chile los hombres trabajan hasta más tarde no sólo por esa vieja costumbre de "sacar la vuelta" (tomar varios café al día mientras se mira por la ventana, conversar durante horas con los compañeros, etc.) o por la cultura trabajólica que tanto nos enorgullece y nos llena de enfermedades cardiovasculares, sino precisamente porque este país es un matriarcado. Háganse una imagen mental de Susanita, la amiga de Mafalda, recibiendo al marido: "Quitate el saco (chaqueta), que lo arrugás"; "vení a comer que se te enfría"; "sacate la corbata que la manchás con sopa"; "te ponés este pijama porque el otro lo lavé, estaba re sucio, cómo no te fijás si te lo he dicho tanto"; etc.
O sea: ¿quién quiere llegar a semejante bruja? Mejor quedarse en la oficina recibiendo órdenes del jefe, que no se las da de querer criarlo(a) a uno(a).
Yo siempre dije que no quería ser madre de mi marido, sino que sólo de mis hijos. Por eso me sonrío disimuladamente cuando mi suegra (a quien respeto mucho, sin embargo) me dice que le ponga tal crema a mi marido, o que lo obligue a acostarse a dormir siesta. Puede que a veces tenga razón, pero un hombre adulto sabrá lo que hace, pienso yo.
En conclusión, no es que yo no dé. Es que el sistema es diferente. La cultura es otra.

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