No cabe duda de que una de las actividades más sanadoras y terapéuticas para cualquier persona es un pasatiempo; algo que se hace por mero gusto en el tiempo libre.
Hace unos años me dio algún achaque emocional (tuve tantos que no recuerdo la causa de éste en particular) y, para distraerme, me puse a cuidar las plantas de mi mamá que estaban en la terraza todas escuálidas y famélicas. Partí limpiándoles las hojitas con el dedo; después me di la molestia de ir a buscar un poco de papel húmedo al baño y al fin de semana siguiente ya les había comprado un spray con vitaminas y nutrientes y tenía guantes, palitas, píldoras para la floración, un paño especial para limpiarles las hojas y una mascarilla por si acaso. Así soy: obsesiva. Y ellas crecieron lindas, frondosas y sanas y dieron de esas flores con olor asqueroso por doquier. Cuando se me pasó la pena, confieso con pesar que también quedó atrás mi interés por las plantas. Pero fue un aprendizaje valioso.
Hay gente cuyo pasatiempo es hacer puzzles o crucigramas, y eso no tiene nada de malo (tampoco mucho de útil salvo para el que vende los puzzles o crucigramas). Yo tuve un período de adicción al Sudoku cuando estaba esperando a Gordo. Un día fui a sacar la revisión técnica del auto y me llevé un librito de Sudokus. Gracias a Dios también llevé lápiz a mina y goma para borrar por si me equivocaba: la cola fue tan larga, que alcancé a borrar buena parte de los puzzles que ya había hecho y los hice otra vez. Cuando –por fin- me tocó el turno para que me atendieran, me dijeron que la revisión todavía estaba vigente por otros seis meses y que me fuera. Y yo con mi panza de siete meses. Rico. También hubo un tiempo en que me dio por hacer yoga. Para que la plata me cundiera al máximo (en ese tiempo pagar la mensualidad me significaba desembolsar una proporción significativa de mis escuálidos ingresos de recién titulada), iba todos los días de Dios. Si tenía mucho que hacer en el día, iba a la primera clase de la mañana: a las 7. Todo bien, por fin empecé a comer nutritivamente, andaba feliz y en forma (un poco adormilada, nomás) y por supuesto me leí todo lo habido y por haber respecto al yoga que cayó en mis manos. Podría haber sido profesora (instructora, le llaman), pero justo entonces encontré mi primera pega. Estoica, seguí yendo a clases de amanecida. Hasta que un buen día me desperté de la relajación final con mi propio ronquido y ahí no volví más. No en ese horario, al menos. Qué plancha.
Pero siento que los pasatiempos adquieren otro carácter y otra importancia cuando tienen como resultado, algo útil. Por ejemplo, hay gente que teje. Otras personas sacan fotografías (¿habrá algo más entretenido que ver imágenes lindas, evocadoras, inspiradoras, acompañadas de un texto? Yo puedo pasar horas leyendo cosas así: ¡blogs!). He sabido de gente que hace trabajos en madera. Mi cuñado arma aviones a escala. No sé qué uso tendrán, pero debe ser muy valioso, a juzgar por la pasión con que los resguarda de los niños. Hay gente que fuma. Hay gente que toma. Pero ése es otro tema.
Yo hago pan. Todo tipo de pan.


En términos más amplios, horneo. La otra vez tuve que darles buen uso a unos arándanos maravillosos que nos regalaron unos amigos exportadores y de ahí salieron estos muffins que le dan la gorda a los del Starbucks.
También, como soy amante de las frambuesas, me apliqué a esto.
Pero queda igual de rico con frutillas.
El famoso queque de zanahoria.
Desapareció a las pocas horas de salir del horno. En mi barrio hay chacales.
Este es un queque de mantequilla. Sí, de mantequilla. ¿Light? No. ¿Delicioso? Sí.

Se nota.
Hace unos años me dio algún achaque emocional (tuve tantos que no recuerdo la causa de éste en particular) y, para distraerme, me puse a cuidar las plantas de mi mamá que estaban en la terraza todas escuálidas y famélicas. Partí limpiándoles las hojitas con el dedo; después me di la molestia de ir a buscar un poco de papel húmedo al baño y al fin de semana siguiente ya les había comprado un spray con vitaminas y nutrientes y tenía guantes, palitas, píldoras para la floración, un paño especial para limpiarles las hojas y una mascarilla por si acaso. Así soy: obsesiva. Y ellas crecieron lindas, frondosas y sanas y dieron de esas flores con olor asqueroso por doquier. Cuando se me pasó la pena, confieso con pesar que también quedó atrás mi interés por las plantas. Pero fue un aprendizaje valioso.
Hay gente cuyo pasatiempo es hacer puzzles o crucigramas, y eso no tiene nada de malo (tampoco mucho de útil salvo para el que vende los puzzles o crucigramas). Yo tuve un período de adicción al Sudoku cuando estaba esperando a Gordo. Un día fui a sacar la revisión técnica del auto y me llevé un librito de Sudokus. Gracias a Dios también llevé lápiz a mina y goma para borrar por si me equivocaba: la cola fue tan larga, que alcancé a borrar buena parte de los puzzles que ya había hecho y los hice otra vez. Cuando –por fin- me tocó el turno para que me atendieran, me dijeron que la revisión todavía estaba vigente por otros seis meses y que me fuera. Y yo con mi panza de siete meses. Rico. También hubo un tiempo en que me dio por hacer yoga. Para que la plata me cundiera al máximo (en ese tiempo pagar la mensualidad me significaba desembolsar una proporción significativa de mis escuálidos ingresos de recién titulada), iba todos los días de Dios. Si tenía mucho que hacer en el día, iba a la primera clase de la mañana: a las 7. Todo bien, por fin empecé a comer nutritivamente, andaba feliz y en forma (un poco adormilada, nomás) y por supuesto me leí todo lo habido y por haber respecto al yoga que cayó en mis manos. Podría haber sido profesora (instructora, le llaman), pero justo entonces encontré mi primera pega. Estoica, seguí yendo a clases de amanecida. Hasta que un buen día me desperté de la relajación final con mi propio ronquido y ahí no volví más. No en ese horario, al menos. Qué plancha.
Pero siento que los pasatiempos adquieren otro carácter y otra importancia cuando tienen como resultado, algo útil. Por ejemplo, hay gente que teje. Otras personas sacan fotografías (¿habrá algo más entretenido que ver imágenes lindas, evocadoras, inspiradoras, acompañadas de un texto? Yo puedo pasar horas leyendo cosas así: ¡blogs!). He sabido de gente que hace trabajos en madera. Mi cuñado arma aviones a escala. No sé qué uso tendrán, pero debe ser muy valioso, a juzgar por la pasión con que los resguarda de los niños. Hay gente que fuma. Hay gente que toma. Pero ése es otro tema.
Yo hago pan. Todo tipo de pan.
El famoso queque de zanahoria.
Se nota.
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