Cuando llueve me inspiro, qué puedo decir. Llámenme cuica si quieren, pero creo que todo el mundo debería usar la cocina como terapia. Nada de sentarse en un diván a hablar; hay que hacer. Y si es para terapia, hacer cosas ricas.
El martes estaba cavilando que no quería comprar un queque plástico y lleno de aditivos para la colación del miércoles de mis niños, y decidí romper mi larga pausa de horneado para hacerles algo rico en la casa.
Mal día elegí: debido a la inminente lluvia, me pareció más sensato no llevarlos a la plaza y se quedaron en la casa toda la tarde. Eso no habría sido tan terrible si Chiquitina no hubiera decidido no dormir siesta. Al final me cansé de arrullarla en vano y, como tenía los ingredientes listos y la hora avanzaba, me vi obligada a poner manos a la obra entre gritos de aburrimiento, juegos bruscos (en el suelo de la cocina) y manitas curiosas que insistían en tocar la masa. Cumpleaños de mono.
Pero déjenme decirles que todo, absolutamente todo valió la pena. Porque hice el queque más delicioso de la Tierra, cortesía de Deb, quien me tiene al borde de la adicción con su blog.
Desearía tanto que pudieran oler mi cocina en este momento. La canela, las manzanas, la masa...celestial. La canela, sobre todo. Había olvidado cuánto me gusta la canela. Y ahora que descubrí un queque húmedo verdaderamente fácil (no sé si más rico, pero sí más novedoso que el de zanahoria), ya nunca seré la misma.
Y como estoy publicando esto, no me va a quedar otra que guardarle un pedazo a mi hermano, que es mandado a hacer para todas las masas que incluyan manzanas. ¿Será muy feo si le vendo el trozo de queque? Porque lo vale, créanme.
A pesar de que en este momento me está empezando a doler la panza por comer el queque aún caliente, creo que tengo que ir a ver que esté todo bien en la cocina. Uds. entienden: una madre no descansa.

Primera foto: Smitten Kitchen
El martes estaba cavilando que no quería comprar un queque plástico y lleno de aditivos para la colación del miércoles de mis niños, y decidí romper mi larga pausa de horneado para hacerles algo rico en la casa.
Mal día elegí: debido a la inminente lluvia, me pareció más sensato no llevarlos a la plaza y se quedaron en la casa toda la tarde. Eso no habría sido tan terrible si Chiquitina no hubiera decidido no dormir siesta. Al final me cansé de arrullarla en vano y, como tenía los ingredientes listos y la hora avanzaba, me vi obligada a poner manos a la obra entre gritos de aburrimiento, juegos bruscos (en el suelo de la cocina) y manitas curiosas que insistían en tocar la masa. Cumpleaños de mono.
Pero déjenme decirles que todo, absolutamente todo valió la pena. Porque hice el queque más delicioso de la Tierra, cortesía de Deb, quien me tiene al borde de la adicción con su blog.
Desearía tanto que pudieran oler mi cocina en este momento. La canela, las manzanas, la masa...celestial. La canela, sobre todo. Había olvidado cuánto me gusta la canela. Y ahora que descubrí un queque húmedo verdaderamente fácil (no sé si más rico, pero sí más novedoso que el de zanahoria), ya nunca seré la misma.Y como estoy publicando esto, no me va a quedar otra que guardarle un pedazo a mi hermano, que es mandado a hacer para todas las masas que incluyan manzanas. ¿Será muy feo si le vendo el trozo de queque? Porque lo vale, créanme.
Primera foto: Smitten Kitchen
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