Hace muchos años andaba paseando por las inmediaciones de la plaza Isabel II en Madrid y me topé con un localcito diminuto donde vendían piedras semipreciosas, cristales, minerales cortados y un largo etcétera. Me metí sin ninguna expectativa y de repente encontré una enorme caja llena de...ámbar.
El ámbar es uno de mis materiales favoritos: me encanta su textura suave (cuando está pulido), su transparencia y su blandura, que se siente si uno lo muerde o trata de hacer una marca con la uña.
La cosa es que compré varios trocitos pulidos, aunque ninguno con algún insecto adentro (el ámbar es una resina fosilizada y se pueden encontrar trozos donde han quedado atrapados moscas, arañas, etc., en perfecto estado) porque eran muchísimo más caros y grandes.

Y cuando volví a Chile, aproveché unas piezas viejas de oro que tenía y mandé a hacer un anillo. El orfebre sudó tinta china buscando una manera de que el oro caliente no derritiera el frágil ámbar, y logró esta belleza:

No suelo darle gran importancia a las cosas materiales y menos a las de lujo, pero este anillo significa mucho para mí y sin embargo sólo lo uso en contadas ocasiones, por lo delicado que es el ámbar y lo torpe que soy yo (con decir que mi anillo de compromiso ya perdió su forma redonda por mi culpa).
Algunos años después una de mis mejores amigas fue a Rusia, donde vio maravillas hechas con ámbar. De regalo nos trajo a todas algunas joyas con ámbar incrustado. Yo me fui de regalo doble porque había sido mi cumpleaños:

De más está decir que me encantan. Y que se han llevado varios comentarios, como una tía abuela que una vez me preguntó qué era esa piedra tan preciosa. Cuando le dije que era ámbar, me miró con espanto y soltó el colgante como con asco: supongo que era demasiado poca cosa para sus estándares, jajaja.
Debería haberla pensado antes y haber nombrado Ámbar a alguna de mis hijas...aunque el color de pelo y de ojos de ninguna de ellas evoca a este noble material y además me habrían tachado de cursi en mi familia. Pero quién sabe a futuro, jejeje...
El ámbar es uno de mis materiales favoritos: me encanta su textura suave (cuando está pulido), su transparencia y su blandura, que se siente si uno lo muerde o trata de hacer una marca con la uña.
La cosa es que compré varios trocitos pulidos, aunque ninguno con algún insecto adentro (el ámbar es una resina fosilizada y se pueden encontrar trozos donde han quedado atrapados moscas, arañas, etc., en perfecto estado) porque eran muchísimo más caros y grandes.

Y cuando volví a Chile, aproveché unas piezas viejas de oro que tenía y mandé a hacer un anillo. El orfebre sudó tinta china buscando una manera de que el oro caliente no derritiera el frágil ámbar, y logró esta belleza:

No suelo darle gran importancia a las cosas materiales y menos a las de lujo, pero este anillo significa mucho para mí y sin embargo sólo lo uso en contadas ocasiones, por lo delicado que es el ámbar y lo torpe que soy yo (con decir que mi anillo de compromiso ya perdió su forma redonda por mi culpa).
Algunos años después una de mis mejores amigas fue a Rusia, donde vio maravillas hechas con ámbar. De regalo nos trajo a todas algunas joyas con ámbar incrustado. Yo me fui de regalo doble porque había sido mi cumpleaños:

De más está decir que me encantan. Y que se han llevado varios comentarios, como una tía abuela que una vez me preguntó qué era esa piedra tan preciosa. Cuando le dije que era ámbar, me miró con espanto y soltó el colgante como con asco: supongo que era demasiado poca cosa para sus estándares, jajaja.
Debería haberla pensado antes y haber nombrado Ámbar a alguna de mis hijas...aunque el color de pelo y de ojos de ninguna de ellas evoca a este noble material y además me habrían tachado de cursi en mi familia. Pero quién sabe a futuro, jejeje...
2 comentarios:
Absolutamente preciosas tus joyas. Me encantan esos tesoros que son valorosos por el significado que tienen y no por el valor de dinero que tienen.
Súper lindo tu anillo, y la historia también es muy buena!
En una feria artesanal cuando chica me vendieron un anillo de ámbar, que parecía bastante de ámbar, pero no te sabría decir si era o no. Pero era lindo.
Me reí con lo de tu nueva hija Ámbar jajaja, ya po, pónle empeño entonces :P
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