jueves, 10 de diciembre de 2015

Recuerdos y ambientes

Cuando me toca ir a dejar a la Pollo al colegio, me las arreglo para que pasemos por una casa que me encanta. Tiene una entrada boscosa, con flores azules y helechos y árboles de hojas perennes, y la casa en sí es de un piso, color amarillo y vigas de madera. Desde la reja hay un caminito de piedras que lleva a la puerta de entrada y lo rodean macizos de plantas y flores que son toda mi envidia.
Mi casa me encanta y estoy del todo "aguachá" en ella, pero no creo que pueda optar a esa entrada exhuberante, oscura y que no puedo describir de otra manera que "mágica" de la casa que describo. Porque ahora tenemos en el jardín delantero a la Cata que, ya superado el episodio de sacar el riego subterráneo a tirones y comerse los tubos que protegen los cables que van a la casa (y sólo porque hubby puso unas piedras que los cubren), corretea encima de los cubresuelos que con tanto amor elegí y hace pipí en ellos, con el resultado de que ya no crece vegetación en algunos antiestéticos manchones. Adiós a mis románticos proyectos de plantar frutillas y cercar con white picket fences. Pero hay que reconocerle el lado amoroso a la perrita y cómo me sirve de babysitter cuando los niños juegan durante los maestreos del hombre. Todos estuvimos un poco de muerte cuando, hace casi un mes, la muy pilla se escapó un viernes a medio día y apareció el domingo en la mañana. Aunque en algún rincón de mi mente me sentía aliviada, al saber que un alma caritativa la había dejado en la clínica veterinaria (gracias a la medallita que lleva siempre puesta), me emocioné y dejé todo botado para ir a buscarla yo misma.
Pero me alejo del punto que comenzó este post.

El cual era mi intención de crear un hogar cálido, sin grandes lujos pero cómodo, acogedor y bonito, que los niños recuerden con cariño y alegría cuando sean grandes. Con la lluvia de ayer me acordé de la casa de mi tía en el sur, situada en medio del campo. Las primeras veces que fui con mis abuelos (compadres de los dueños de casa), todavía no había ni alumbrado en el camino, por lo que mirar el cielo de noche era un verdadero privilegio, enteramente surcado de estrellas y oscuro y misterioso con los lejanos sonidos de las vacas en la lechería y los caballos en el establo de la casa próxima, a cosa de un kilómetro de distancia con potreros y tierras cultivadas de por medio. La casa es un oasis de calma, con los típicos muebles de pesadas maderas y grandes dimensiones, los cubiertos y juegos de loza antiguos, cuadros del campo chileno y retratos de parientes, la grande y maravillosa cocina donde siempre se está cocinando y horneando algo delicioso, suelo de tablas que crujen, frazadas de lana sin teñir siquiera y un continuo ir y venir de personas que se congregan en torno a esa familia que adoro como si fuera la mía.
Entonces miré a mi alrededor y me di cuenta de que voy por buen camino, porque los que fueran los soportes del techo original de mi casa, todos de roble, los hemos utilizado para la mesa del comedor, la mesa de centro del living (hecha por nadie menos que mi marido con todas las máquinas que me muestra con gran orgullo y que yo lo miré comprar sin entender para qué eran), las estanterías en obra de éste y próximamente los veladores para todos los dormitorios. Asimismo, reciclé varios maceteros de greda dados de baja y los puse a la vista en la terraza; he puesto todas las cosas de la casa de mi abuela (paterna) que recibí cuando se desmanteló lo que fue su precioso departamento a una cuadra de La Moneda; he adornado todos los rincones con cosas especiales y nos hemos resistido a comprar, privilegiando recibir de nuestras familias y reflotar cosas que estaban en desuso.

Ahora estoy trabajando en mi estado de ánimo para que acompañe al ambiente y no sea un factor de quiebre a la armonía en que quiero criar a estos niños. Lástima que los días que vienen, aunque entre ellos está mi cumpleaños, no son de los más felices: a la operación de mi papá mañana se suma el aniversario de la muerte de mi abuelo. Oh well, habrá que hacer de tripas corazón y esperar que todo salga bien, sobre todo los resultados de la "intervención quirúrgica".

P.S.: Les recuerdo que pueden ver el blog "inFLOrmaciones" para saber cuándo he publicado un nuevo post.

4 comentarios:

Marce dijo...

Qué lindo lo que escribes. Tener una casa cálida y acogedora que los niños recuerden con cariño también es mi aspiración.
Yo creo que a ti te resulta harto con lo de los panes y el jardín tan lindo. Que choro los proyectos de reciclaje de vigas!

Oye, me quedé preocupada por lo de tu mamá, cuéntanos después como te va. Ya con lo de la Rosada de Scarlett ando con el alma en un hilo esta semana.
Ojalá la intervnción salga de maravillas.
Un abrazo

Flo dijo...

Buu...bueno es a mi papá, que mañana le sacan un tumorcillo maligno, los resultados los sabremos en 10 días más y eso es lo que me preocupa...
Yo también he estado MAL con lo de la Rosada, me acuerdo a cada rato...
beso

A dijo...

Suerte con lo de tu papá mucho ánimo!

Besos

A

María José dijo...

Definitivamente logrado tu objetivo Flo.


Aquí me estoy acordando de Uds.
Besos.