jueves, 10 de diciembre de 2015

Bien


Entre los libros que recibí de sorpresiva “herencia”, está el de Daniela García. Ella es la que se cayó por un agujero entre dos vagones de un tren de EFE, en 2002. Empecé a leerlo por encimita, con curiosidad, pero a poco andar me metí de veras en la lectura y terminé emocionada, inspirada, admirada y feliz.
No me parece que sea coincidencia que haya caído este libro en mis manos justo cuando la vida no me ha querido sonreír mucho en más de un mes (salvo porque mis hijos están sanos, gracias a Dios y porque mis relaciones con quienes quiero están bien). Es como si me hubieran susurrado al oído con cariño, con suavidad y aún así con enorme seguridad, que la cortara con andar mal genio, que dejara de verle el lado malo a las cosas, que me esforzara por ser más cariñosa y caritativa y más positiva.
Este año ha sido fuerte, para qué estamos con cosas. Cambio de casa, cambios de nana, cambio de pega de mi marido, virus sincicial, parto adelantado, enfermedades y operaciones en dos miembros de mi familia inmediata y una muerte inesperada. Glup.
A pesar de todo esto, no se justifica si he sido una bruja por escrito y en vivo y en directo con muchas personas, pero ya está hecho; dudo que a muchos les interesen mis disculpas (no mi retracción, sin embargo; la forma no me acompaña pero el fondo es inalterable) y por lo demás, estoy en un camino de aprendizaje, como todos. Tener un blog ha sido una liberación y una satisfacción inmensas para mí, y no quiero echarlo a perder por tener opiniones “intimidantes”, como me dijo alguien en un sincero comentario que agradezco mucho. Pero tampoco quiero quedarme callada: en la medida que se puedan armar discusiones, debates y conversaciones que despejen tabúes o que permitan conocer mejor otras visiones del mundo y de las personas, yo feliz. El espíritu constructivo debería primar, aunque todos sabemos que a veces hay gente que no lo posee (nada en contra de la gente convencida de sus opiniones; la lata es cuando tratan de imponérselas a los demás o descalifican por estar en desacuerdo, o bien cuando no son capaces de ir afinando el debate y dejando de lado los argumentos accesorios, débiles y subjetivos).
En fin. Me alejé mucho del inicio, que giraba en torno a Daniela García. De ella supe hace poco (al igual que todo Chile, qué horror ser “famosa”) que se casó con su pololo de siempre. Me llena de felicidad saber eso y que además ya es una doctora en medicina, como siempre soñó. Admirable una persona cuya actitud frente a la vida es de coraje, fuerza y agradecimiento por tener personas que la aman y la acompañan. Quisiera ser más como ella y sentir menos penita de mi misma cuando me pasa algo, además que en comparación a lo que le pasó a ella (perder las dos manos y los dos pies, más parte de una pierna al ser atropellada por un tren), mis problemas son una porquería. Ojalá mi fuerza de voluntad no flaqueara cuando se trata de salir adelante con una dificultad, desearía no perder mi norte de convertirme en mejor persona y mejor madre, esposa, amiga, profesional (algún día) y mejor hermana e hija.
Es bien probable que yo nunca llegue a conocer a esta niña, pero si la viera en la calle prometo que me acercaría para expresarle mi admiración (ya lo he hecho antes con otros personajes de culto).
Por un nuevo comienzo en la vida de Duda Razonable.

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