
Tipo marzo, en un carrete, se me sentó al lado un gallo. "Hola", me dijo, como si nos conociéramos. Lo miré y efectivamente me sonó conocida su cara, pero no logramos acordarnos de dónde: comparamos colegios, universidades, lugares de veraneo y no, nada en común.
Hace como dos semanas nuestra vecina de al lado nos invitó un atardecer al baby shower de su hija, que tiene 3 años menos que yo. Fuimos con los niños y la Chiqui en particular fue la sensación, porque llegó en pijama y se instaló encima de una alfombra peluda que habían puesto sobre el pasto y se las dio de gatito todo el rato, haciendo "miau", sonriéndole a todo el mundo y regaloneando con las vecinas. Entre quienes la miraban muertos de la risa y la ternura, estaba este gallo. De nuevo me saludó y yo ni lo recordaba de lo de marzo, hasta que me refrescó la memoria. Como su cara me era muy familiar, le pregunté de dónde sería que nos conocíamos. "¡Pero si esta conversación ya la tuvimos!", me dijo. Pero de nuevo no logramos dar con la respuesta. Luego se unió a la conversación la futura madre y se pusieron a conversar del paso del tiempo, que estaban tan atrás los años en que vivían cerca de la Plaza Las Lilas...¡Bingo!
Maquinalmente supe quién era. Le pregunté si su apellido era tal y cual y qué edad tenía. ¡Sí, eres tú! Nos dijimos mutuamente a gritos y nos abrazamos mientras todos miraban con extrañeza.
Horacio era uno de los chiquillos del barrio donde yo viví hasta segundo medio. Su hermana menor era amiga mía y de mi hermana y pasábamos tardes enteras juntas, ya fuera en su casa o en la nuestra. Su casa murió cuando construyeron los adefesios de Penta; la nuestra aún sobrevive y debo decir que el paso de los años no ha hecho más que achicarla. De puro tonta perdí contacto con toda la gente de esa época y me da una rabia inmensa, porque lo pasábamos chancho andando en bicicleta, jugando a la pinta en la plaza, columpiándonos con tanta fuerza que una caída habría sido muerte segura, jugando rin raja incluso en nuestras mismas casas, comprando helados, chocolates y jugo en polvo con el vuelto del pan, aventurándonos un par de calles más allá de lo que se nos permitía al atardecer (en ese tiempo el barrio estaba lleno de casas vacías y la iluminación nocturna era bastante precaria), jugando a la pieza oscura en invierno y viendo películas en las pocas casas que tenían "video", manguereándonos (salvo por la casa de las que ahora son mis vecinas, casi nadie tenía piscina), yendo a la primera misa del domingo porque pucha que uno tiene energía a esa edad, encontrándonos en la plaza cuando íbamos con un libro o con el hermano chico. Hubo un tiempo en que eran "los hombres versus las mujeres", pero más temprano que tarde se agotaba el sexismo y volvíamos a jugar todos juntos. De a poco los más grandes dejaron de jugar y se juntaban a fumar, a mirar a las regias que pasaban todas arregladas, ya no saludaban a los más chicos y finalmente muchos nos cambiamos de casa, justo antes o durante el boom inmobiliario que devolvió el brillo al barrio.
A mis vecinas no las conocí, o al menos nunca tuvimos contacto a firme. La que ahora tendrá un hijo era la mayor y parece que no se aventuraban mucho a la plaza con estos cabros sucios y desordenados, porque ellas iban a un colegio de señoritas de por acá cerca. Pero eso es sólo mi prejuicio, porque en realidad Horacio fue tan amigo de ellas como de nosotros, tanto así que hasta el día de hoy va a las celebraciones de ellas y por casualidad nuestros caminos se han vuelto a encontrar.
Lo encuentro emocionante.
Ayer vinieron a almorzar nuestros vecinos del frente, tres niños un poco mayores que los míos, pero para mi sorpresa lo pasaron mortal jugando horas de horas y después se fueron, así de simple, como en mis tiempos. A lo mejor mis hijos no lo apreciarán, pero yo me voy a preocupar de mantener el contacto con ellos por si algún día a futuro se juntan y rememoran tiempos pasados. Esto de Horacio me ha llenado el corazón con recuerdos y amistades que fueron significativas durante mucho tiempo, y quiero que mis hijos tengan también esa experiencia.
Hace como dos semanas nuestra vecina de al lado nos invitó un atardecer al baby shower de su hija, que tiene 3 años menos que yo. Fuimos con los niños y la Chiqui en particular fue la sensación, porque llegó en pijama y se instaló encima de una alfombra peluda que habían puesto sobre el pasto y se las dio de gatito todo el rato, haciendo "miau", sonriéndole a todo el mundo y regaloneando con las vecinas. Entre quienes la miraban muertos de la risa y la ternura, estaba este gallo. De nuevo me saludó y yo ni lo recordaba de lo de marzo, hasta que me refrescó la memoria. Como su cara me era muy familiar, le pregunté de dónde sería que nos conocíamos. "¡Pero si esta conversación ya la tuvimos!", me dijo. Pero de nuevo no logramos dar con la respuesta. Luego se unió a la conversación la futura madre y se pusieron a conversar del paso del tiempo, que estaban tan atrás los años en que vivían cerca de la Plaza Las Lilas...¡Bingo!
Maquinalmente supe quién era. Le pregunté si su apellido era tal y cual y qué edad tenía. ¡Sí, eres tú! Nos dijimos mutuamente a gritos y nos abrazamos mientras todos miraban con extrañeza.
Horacio era uno de los chiquillos del barrio donde yo viví hasta segundo medio. Su hermana menor era amiga mía y de mi hermana y pasábamos tardes enteras juntas, ya fuera en su casa o en la nuestra. Su casa murió cuando construyeron los adefesios de Penta; la nuestra aún sobrevive y debo decir que el paso de los años no ha hecho más que achicarla. De puro tonta perdí contacto con toda la gente de esa época y me da una rabia inmensa, porque lo pasábamos chancho andando en bicicleta, jugando a la pinta en la plaza, columpiándonos con tanta fuerza que una caída habría sido muerte segura, jugando rin raja incluso en nuestras mismas casas, comprando helados, chocolates y jugo en polvo con el vuelto del pan, aventurándonos un par de calles más allá de lo que se nos permitía al atardecer (en ese tiempo el barrio estaba lleno de casas vacías y la iluminación nocturna era bastante precaria), jugando a la pieza oscura en invierno y viendo películas en las pocas casas que tenían "video", manguereándonos (salvo por la casa de las que ahora son mis vecinas, casi nadie tenía piscina), yendo a la primera misa del domingo porque pucha que uno tiene energía a esa edad, encontrándonos en la plaza cuando íbamos con un libro o con el hermano chico. Hubo un tiempo en que eran "los hombres versus las mujeres", pero más temprano que tarde se agotaba el sexismo y volvíamos a jugar todos juntos. De a poco los más grandes dejaron de jugar y se juntaban a fumar, a mirar a las regias que pasaban todas arregladas, ya no saludaban a los más chicos y finalmente muchos nos cambiamos de casa, justo antes o durante el boom inmobiliario que devolvió el brillo al barrio.
A mis vecinas no las conocí, o al menos nunca tuvimos contacto a firme. La que ahora tendrá un hijo era la mayor y parece que no se aventuraban mucho a la plaza con estos cabros sucios y desordenados, porque ellas iban a un colegio de señoritas de por acá cerca. Pero eso es sólo mi prejuicio, porque en realidad Horacio fue tan amigo de ellas como de nosotros, tanto así que hasta el día de hoy va a las celebraciones de ellas y por casualidad nuestros caminos se han vuelto a encontrar.
Lo encuentro emocionante.
Ayer vinieron a almorzar nuestros vecinos del frente, tres niños un poco mayores que los míos, pero para mi sorpresa lo pasaron mortal jugando horas de horas y después se fueron, así de simple, como en mis tiempos. A lo mejor mis hijos no lo apreciarán, pero yo me voy a preocupar de mantener el contacto con ellos por si algún día a futuro se juntan y rememoran tiempos pasados. Esto de Horacio me ha llenado el corazón con recuerdos y amistades que fueron significativas durante mucho tiempo, y quiero que mis hijos tengan también esa experiencia.
4 comentarios:
que lindooo y emocionante!!!!! los amigos del barrio de la infancia! qué nostalgiaaa!
Que rico Flo, yo nunca mas vi a los amigos del barrio, que recuerdos esas andadas en bici y jugar paletas en plena calle!
Qué linda época! Jugar en la calle hasta altas horas de la noche era el mejor panorama del mundo. Parece que ahora es mucho más difícil que los niños lo hagan.
Qué buena Flo! Yo tb me acuerdo de amigos de la infancia de los que nunca más supe. Qué excelente que haya habido reencuentro en tu caso.
Acá en donde yo vivo los niños juegan harto por los pasajes, todavía como que se puede, pero es una excepción, lo sé (y el mío todavía no se incluye en esos juegos porque son niños más grandes de 8-10 años, pero espero con ansias que llegue el momento, lo encuentro lo mejor!)
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