Hasta hace un rato, sólo veía como terriblemente frustrante el hecho de que los resultados de buena parte de mis esfuerzos diarios eran destruidos inmediatamente: limpio dos baños y al par de horas los dos son víctima de la párvula en aprendizaje higiénico. Los dos. O bien, me gasto la mañana completa (único momento de soledad y relativo tiempo libre del día) en ordenar y limpiar la salita de los juegos (lo que le lleva -entre otros- hacer una montaña con todas las piezas de puzzles que tapizan el suelo, agruparlas en posibles conjuntos, armar los puzzles para corroborar y guardar todo bien clasificado en la estantería), para que estos vándalos lleguen corriendo del jardín infantil a pescar una silla y BUAMMM, echen abajo toda la estantería que con tanto amor compuse. Perdón, todo ello después de que también desarmé la alfombra de letras (inmunda), saqué varias de las piezas mencionadas de entre los "escombros", barrí todo (y salió una palada completa de mugre) y la volví a armar. Y antes de la silla, la párvula levanta toda la alfombra y manda todos los pedacitos volando por los aires. Luego bota sobre ellos las piezas de puzzles.
Últimamente he aprendido que no puedo quedarme en la frustración y la rabia que le sigue. He tratado de seguir adelante, con toda la sonrisa que puedo poner en la cara, respirando profundo y contando hasta diez, porque no sólo no tengo opción sino que voy poniendo en práctica eso de que "si tiene que hacerlo, que sea con una sonrisa", que entre nos me sacaba harta pica pero su resto de razón tiene: las cosas son más fáciles así. Claro y lo más importante: mantener un clima de respeto, tranquilidad, cariño y alegría en el hogars. No les voy a decir que me resulta todo el rato, pero cada día he tenido la agradable sorpresa de que fue mejor que el anterior. Magnífico. Me gané el veraneo de febrero.
Anyway, que el punto del post era el sentido detrás, o más bien más allá, de lo obvio. No es que quieran echar por tierra mi trabajo; no es que el universo se confabule contra mí o las fuerzas se rebelen contra mi poco atenuada manía de orden y limpieza; es que YO TENGO UNA LECCIÓN QUE APRENDER. Y ésa es la de la impermanencia, del desapego. Nada dura, por lo tanto a nada he de aferrarme cual bote salvavidas. Desde luego no a un baño, una alfombra, un puzzle.
Thus, cual monje budista, seguiré haciendo mis mandalas a diario, en un ejercicio de reflexión y disciplina, pero con humildad y quietud los veré desaparecer cuando se levanten los vientos y desdibujen mi labor.
Últimamente he aprendido que no puedo quedarme en la frustración y la rabia que le sigue. He tratado de seguir adelante, con toda la sonrisa que puedo poner en la cara, respirando profundo y contando hasta diez, porque no sólo no tengo opción sino que voy poniendo en práctica eso de que "si tiene que hacerlo, que sea con una sonrisa", que entre nos me sacaba harta pica pero su resto de razón tiene: las cosas son más fáciles así. Claro y lo más importante: mantener un clima de respeto, tranquilidad, cariño y alegría en el hogars. No les voy a decir que me resulta todo el rato, pero cada día he tenido la agradable sorpresa de que fue mejor que el anterior. Magnífico. Me gané el veraneo de febrero.
Anyway, que el punto del post era el sentido detrás, o más bien más allá, de lo obvio. No es que quieran echar por tierra mi trabajo; no es que el universo se confabule contra mí o las fuerzas se rebelen contra mi poco atenuada manía de orden y limpieza; es que YO TENGO UNA LECCIÓN QUE APRENDER. Y ésa es la de la impermanencia, del desapego. Nada dura, por lo tanto a nada he de aferrarme cual bote salvavidas. Desde luego no a un baño, una alfombra, un puzzle.
Thus, cual monje budista, seguiré haciendo mis mandalas a diario, en un ejercicio de reflexión y disciplina, pero con humildad y quietud los veré desaparecer cuando se levanten los vientos y desdibujen mi labor.
6 comentarios:
OOOH... Estás seguraque no estabas ordenando mi casa? los puzles, la alfombra de letras, y el huracan que desordena todo. A veces pienso que el estado natural de esas cosas es el desorden permanente, que ordenar es antinatura...
Y si por estos días escondes los rompecabezas y guardas la alfombra de letras, CHAO NO MÁS. Pasé tantas rabias ordenando juguetes piecita por piecita, recolectándolas por toda la casa y sufriendo porque si no estaban enteros ya no servían para nada. Ya me aburrí, ordené por última vez los juguetes y los guardé todos lejos de su alcance, dejando afuera sólo lo que se puede recoger y tirar todo junto adentro de un baúl. Los que tengo guardados ahora se usan como recurso cuando estan aburridas y tengo tiempo y ganas de sentarme con ellas a jugar. Y después se guardan de nuevo. Ha sido bueno, me saqué una fuente d estrés y ellas no echan ni de menos los juguetes...
Bien Flo, yo estoy siguiendo el mismo camino! No estás sola chica!
un abrazo
Fran: Ya, vamos armando un grupo de apoyo, yo creo que se justifica.
Alice: Lo haría, pero acá hay personalidades litigantes que exigen sus derechos (y más) sin ahorrarse métodos: rebeldía, gritos, o bien abierto terrorismo.
Fer: Somos legiones. Beso.
Ugh yo le regalé unos rompecabezas a mi ahijada! Ahora la culpa me corrompe.
En fin. Lo que yo haría sería olvidarme del detalle, asumir que mientras hay niños es inevitable que la casa sea un caos eterno y que la pérdida de piezas de rompecabezas es parte del equilibrio del universo. Siempre llega el momento en que uno solito va y guarda sus cosas porque no quiere perderlas, como cuando empiezas a hacer tu cama porque derechamente te molesta dormir con las sábanas desordenadas. Eso. Mi humilde opinión desde la absoluta ignorancia del tema hijos.
Cariños.
Cuando aprendas la lección, me avisas cómo, ya que yo llegué MUY tarde a la repartición de tolerancia al cambio.
Y otra cosa... AMO el "thus"...
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