lunes, 5 de octubre de 2009

Kill me now

Estoy recién recuperándome (y todavía con dolor) de una jaqueca que me tuvo botada desde el viernes en la tarde. Una cosa violentísima, tan fuerte que al principio creí que era nuevamente meningitis. Por suerte no, pero igual vinieron a inyectarme desinflamatorios dos veces y me pasé todas las películas, incluyendo un accidente cardiovascular, que es lo que han sufrido mis parientes paternos.
Hoy, para matar la incertidumbre, fui a un neurólogo, quien determinó que la causa era casi con toda seguridad de origen tensional y descartó daño neurológico alguno. Alivio. Además me dio permiso para volver a mi ansiolítico de la estrellita verde (Zotran) e incluso me recomendó que me tome un cafecito todas las mañanas o cuando esté muy tensa, ya que es vaso constrictor y puede disminuir el dolor de cabeza. No he de beber vino tinto ni comer chocolate (Horror, pero sobreviviré. Igual me carga el Milo, que es todo el chocolate que tenemos por acá).


Causas para estar tensa no me faltan nunca, pero creo que lo que me tiró por la borda esta vez fue una visita que hicimos el jueves en la noche (a la vuelta de la esquina EN SAN MIGUEL, sus 50 minutos en metro) a una persona que nos quería introducir a unos cursos de terapia de autoconocimiento y realización personal. Desde que supe la causa de la visita me puse tensa porque me cargan las huevás grupales, pero fui para no pecar de cerrada a la primera y además que fue una negociación de amosh.
Pero mi instinto falla rara vez y en esta oportunidad dio en el clavo. Yo ya voy dejando de creer en estas “técnicas revolucionarias” que permiten a la gente “realizarse” y que le llevan grandes desembolsos de plata, sesiones maratónicas de “iniciación” durante fines de semana completos y claro, compartir las vivencias con otros asistentes. Entonces, cuando alguien habla y habla y habla de filosofías baratas y no tengo escapatoria, el termómetro de impaciencia va subiendo y terminé con crisis de ansiedad y el cuello y la espalda hechos un nudo de tensión. No era de extrañarse que al día siguiente, en adición al stress por ciertos asuntos familiares, se desencadenara tamaña cefalea. Tampoco tendría que sorprenderme que el dolor volviera en gloria y majestad el domingo, tras haber hecho cero reposo el sábado (asado familiar en el campo con RICA resolana).
Ahora estoy “trabajando” en estar tranquila, pero me cuesta porque cada vez que interrumpo mis actividades, los pendientes se acumulan y ahora tenía que ordenar, guardar, limpiar, organizar y los típicos etcétera de mi mente imparable. Reconozco que lo que más me molesta es no poder ir a yoga, porque si voy fijo que me estalla el mate. Pero volveré.
Este fin de semana me toca ver a la venenosa, la chupadora de energía. Espero poder evitarla y que note que la quiero evitar.

MORE TO COME

Foto: Wikipedia

1 comentario:

Feña dijo...

ANIMO!!!!!!!