Después fui a vacunar a la Chiqui y me pidieron la libretita. Confundida (lo cual ya es preocupante porque no era primera vez que me enfrentaba a estos quehaceres), entregué un fajo de papeles y la señorita que me atendió, irritada y escandalizada, encontró lo que quería y me lo mostró, bien cerca de mi cara, arriesgando no sólo mi decoro sino que también su peinado.
En mi estado de ánimo post parto (y pregúntenle a cualquiera que haya pasado por eso), me sentí un poco ofendida de que asociaran de cualquier manera a mi preciosa hijita salida de mis entrañas con ganado.
Cuando leí con detención, entendí y mi corazón se llenó de compasión por esta gente que hace lo que puede, pero cuyos resultados no alcanzan a ser satisfactorios.
Me refiero a lo que debería llamarse, en "buen castellano", CARNET DE VACUNAS. O por último, CARNÉ DE VACUNAS.

Yo leí CARNE DE VACUNO.
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