Hoy fue el primer día de nuevo jardín infantil para los tres niños. Pollito, ante la posibilidad de estar con su prima, entró feliz, o al menos tranquila. Con Gordo fue volver a los primeros días de marzo, porque lloró y se aferró a nosotros como si no nos fuéramos a volver a ver. La Chiqui también lloró porque se la llevaron al segundo piso en brazos y se me olvidó llevarle su conejo o algo que la acompañara. De lujo, la madre.
Ahora estoy dudando si fue buena idea dejarla, porque en realidad las cosas de la casa las puedo hacer con ella revoloteando igual; por lo demás hoy, en la presión del momento, me di cuenta de que prefiero tener a la chica feliz a mi lado antes que estar sola toda la mañana dando rienda suelta a mi perfeccionismo inútil y de corta vida ya que los niños no lo respetan. Es verdad que me desespera estar con los niños todo el día, pero que la Porota se sienta abandonada a su suerte en un lugar extraño es peor.
Peor porque tengo la opción de tenerla conmigo y hacer con ella lo mismo que hice con sus hermanos: cobijarla y besuquearla a gusto hasta que cumpla dos o casi dos y ahí recién mandarla al jardín. Ella es, de los tres, la que menos me ha tenido para sí de manera exclusiva y ahora resulta que la mando al jardín mucho antes de lo que mandé a los otros, sólo para poder “hacer las cosas de la casa”. Mi corazón me dice que es mejor un poco de desorden y mugre pero una madre y una hija felices y tranquilas.
Ahora, si sólo van a ir los dos mayores, la pregunta es por qué no los mandé al mismo jardín de siempre, donde me ahorraba los llantos e ir a buscarlos. La respuesta es que, como no me visualicé feliz sin al menos un momento de soledad, siempre quise incluir a los tres en el paquete. Tenía que pasar por el momento de separación para realmente saber lo que sentiría. Además racionalicé que las peleas y el stress serían menos si no tenía que darles yo todas las comidas y en eso el jardín de siempre no me ayudaba, pero este jardín sí.
Al final del día, lo importante es que el goce de estar con otros niños y comer otras cosas sea mayor que la angustia porque el lugar donde obtienen todo eso es extraño a ellos. Para mí, el descanso mental y emocional de las mañanas tiene que superar a la culpa por mandarlos a un jardín infantil y a la posible pena de estar sola en esta gran casa.
P.S.: Tras sentirme miserable un buen rato, decidí en conjunto con mi marido que no enviaremos a la pequeñina a ninguna parte donde los ojos de su madre no la vean. Los mayores, por otro lado, irán al mismo jardín de siempre y sabrán almorzar acá lo que yo les dé. He disho.
Ahora estoy dudando si fue buena idea dejarla, porque en realidad las cosas de la casa las puedo hacer con ella revoloteando igual; por lo demás hoy, en la presión del momento, me di cuenta de que prefiero tener a la chica feliz a mi lado antes que estar sola toda la mañana dando rienda suelta a mi perfeccionismo inútil y de corta vida ya que los niños no lo respetan. Es verdad que me desespera estar con los niños todo el día, pero que la Porota se sienta abandonada a su suerte en un lugar extraño es peor.
Peor porque tengo la opción de tenerla conmigo y hacer con ella lo mismo que hice con sus hermanos: cobijarla y besuquearla a gusto hasta que cumpla dos o casi dos y ahí recién mandarla al jardín. Ella es, de los tres, la que menos me ha tenido para sí de manera exclusiva y ahora resulta que la mando al jardín mucho antes de lo que mandé a los otros, sólo para poder “hacer las cosas de la casa”. Mi corazón me dice que es mejor un poco de desorden y mugre pero una madre y una hija felices y tranquilas.
Ahora, si sólo van a ir los dos mayores, la pregunta es por qué no los mandé al mismo jardín de siempre, donde me ahorraba los llantos e ir a buscarlos. La respuesta es que, como no me visualicé feliz sin al menos un momento de soledad, siempre quise incluir a los tres en el paquete. Tenía que pasar por el momento de separación para realmente saber lo que sentiría. Además racionalicé que las peleas y el stress serían menos si no tenía que darles yo todas las comidas y en eso el jardín de siempre no me ayudaba, pero este jardín sí.
Al final del día, lo importante es que el goce de estar con otros niños y comer otras cosas sea mayor que la angustia porque el lugar donde obtienen todo eso es extraño a ellos. Para mí, el descanso mental y emocional de las mañanas tiene que superar a la culpa por mandarlos a un jardín infantil y a la posible pena de estar sola en esta gran casa.
P.S.: Tras sentirme miserable un buen rato, decidí en conjunto con mi marido que no enviaremos a la pequeñina a ninguna parte donde los ojos de su madre no la vean. Los mayores, por otro lado, irán al mismo jardín de siempre y sabrán almorzar acá lo que yo les dé. He disho.
3 comentarios:
Best desition ever! Si tu corazón te dijera "mándala, todo está bien", entonces la best desition ever sería mandarla... pero si tu corazón no está tranquilito, entonces, hágale caso. Me gustó esa especie de moraleja de que el goce de ellos debe ser mayor que su angustia, si no, no vale. Un abrazo!
Ps.(E igual bajar de 3 a 1 ya es un cambio de rutina que te significa descansar un poco, no?)
Yo hubiera actuado igual que tú, la casa no se compara con el depto que igual nunca está perfecto, pero ahora que ya caminan se entretienen mucho "ayudando" en la casa, la Picolina hace todo conmigo y cero problema, la hora de la siesta es una bendición y en la tarde son panoramas para ella.
cariños
Eso es lo bueno de esta maravillosa vida po! Que uno puede tomar una desición y después cambiarla y no se acaba el mundo. Al contrario, ahora tienes la certeza de la opción correcta ¿qué mejor que eso?
Muy bien.
Que estén bien
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