Nos dimos cuenta de que Gordo está suficientemente grande como para tratar de salirse de su cuna y sacarse la mugre en el proceso dormir en cama de niñito. Le instalamos ésta, que teníamos guardada para tal propósito y que sirvió perfectamente, ya que tiene líneas rectas acordes a la pieza de un “niñito boy”, como lo cataloga Pollito.

Se puede apreciar:
1. Las sábanas de Whinnie The Pooh en azul. ¿Habrá algo más tierno y ad-hoc? Gracias, tía P.
2. “El sistema”, que garantiza que el ocupante no terminará en un nido de sábanas y frazadas desordenadas. Sabemos que este ocupante en particular tiene el hábito de revolver su cama y dormir en cualquier posición. Me dio gran satisfacción poder aplicarlo en una habitación más de la casa.
3. Las barreras para evitar un suelazo en medio de la noche, causado por la razón antes mencionada.
Ahora, si a alguien le sobra por ahí un veladorcito que pueda entregar en comodato al niño hasta que los padres ordenen su tiempo y sus finanzas y se dirijan al Galpón de los Reyes o algo así, por favor háganmelo saber. Se agradecerá y probablemente se retribuirá con algún producto horneado en casa del usuario de dicho mueble.
Ahora viene la segunda parte: sacar a la Chiqui de la cuna plegable y ponerle la que fue removida de la pieza de Gordo. Adelantamos que puede haber una escena de celos y una negativa a usar la camita que con tanto cariño preparamos, pero…bueno, “son cosas que pasan” (Pollito dixit).
Después hablaré de la crisis emocional que todos estos eventos han causado en mí. Matricular a Pollito en el colegio, ponerle cama “de grande” a Gordo…lo único que falta es que la Chiqui se lance a la vida y se ponga a gatear. No…ya sucedió.
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