¡¡¡Me duele la caderaaaaaa!!!
Y todo por andar acarreando niños para arriba y para abajo en brazos. Cuando en esta actividad uno pasa un buen par de horas al día, los brazos se cansan y uno, sin fijarse, apoya a los niños en la cadera. Y ésta se resiente.
Yo creía que Chiquitina, por ser relativamente liviana, no me haría nada. Pero la verdad es que apenas puedo caminar. En serio, fui caminando con la peque en su coche a comprar y me demoré casi el doble que lo habitual. Parecía de esas señoras entradas en años que deben ayudarse con andador. El mío era el coche con mi hija. Debo haber tenido muy mala cara, porque unas niñas me miraron con conmiseración. Conforme más caminaba, más me dolía. Al final me dio una puntada en lo que, en mis pobres nociones de anatomía, vendría siendo la cresta ilíaca. Mal.
No quiero tomar analgésicos porque, haciendo memoria, estos últimos días he hecho el esfuerzo conciente de o no tomar tanto a la criatura en brazos o bien hacerlo con el otro brazo. Entonces me preocupa que el dolor persista y se esté haciendo tan intenso. Si tomo algo para el dolor me voy a sentir mejor, pero mi pesadilla es ir caminando por la calle y colapsar, como esa escena en Shadowlands en que la mujer de C. S. Lewis tiene cáncer a los huesos y se le astilla la cadera cuando se levanta a contestar el teléfono.
En fin, esta columna no es para hacerme la pobrecita. Es para que les quede claro a todas las madres y personas que están en situación de tomar a niños pequeños (y no tanto) en brazos, que deben hacerlo BIEN.
Las mujeres de todas las culturas antiguas han tenido que acarrear a sus hijos con ellas. Se ha sofisticado el concepto hasta llegar a esto, por ejemplo:
Y todo por andar acarreando niños para arriba y para abajo en brazos. Cuando en esta actividad uno pasa un buen par de horas al día, los brazos se cansan y uno, sin fijarse, apoya a los niños en la cadera. Y ésta se resiente.
Yo creía que Chiquitina, por ser relativamente liviana, no me haría nada. Pero la verdad es que apenas puedo caminar. En serio, fui caminando con la peque en su coche a comprar y me demoré casi el doble que lo habitual. Parecía de esas señoras entradas en años que deben ayudarse con andador. El mío era el coche con mi hija. Debo haber tenido muy mala cara, porque unas niñas me miraron con conmiseración. Conforme más caminaba, más me dolía. Al final me dio una puntada en lo que, en mis pobres nociones de anatomía, vendría siendo la cresta ilíaca. Mal.
No quiero tomar analgésicos porque, haciendo memoria, estos últimos días he hecho el esfuerzo conciente de o no tomar tanto a la criatura en brazos o bien hacerlo con el otro brazo. Entonces me preocupa que el dolor persista y se esté haciendo tan intenso. Si tomo algo para el dolor me voy a sentir mejor, pero mi pesadilla es ir caminando por la calle y colapsar, como esa escena en Shadowlands en que la mujer de C. S. Lewis tiene cáncer a los huesos y se le astilla la cadera cuando se levanta a contestar el teléfono.
En fin, esta columna no es para hacerme la pobrecita. Es para que les quede claro a todas las madres y personas que están en situación de tomar a niños pequeños (y no tanto) en brazos, que deben hacerlo BIEN.
Las mujeres de todas las culturas antiguas han tenido que acarrear a sus hijos con ellas. Se ha sofisticado el concepto hasta llegar a esto, por ejemplo:

O esto, muy popular por sus buenos reportes de consumidores:

Pero no hagan lo que yo he hecho, por favor.
Imágenes: Pilpil.cl; Baby Björn
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