Gordo despertó de su siesta con las mejillas rosadas, calientito y delicioso como siempre. Se me acercó y me pidió agua. Le di en el vaso del baño, pero el pobre estaba tan dormido que no calculó la fuerza y...se lo echó encima de la ropa, frío y repentino.
Como pude entre gritos y manotazos, le saqué su ropa mojada y lo envolví en los numerosos tutos que arrastraba. Luego lo vestí y pude regalonear con él a mis anchas porque hoy tuvimos el infrecuente privilegio de estar solos un rato.
Pobre guagüín de mi corazón...pero qué rica oportunidad de hacerle cariñito y darle besitos sin que nadie se pronunciara en contra por celos...
Pobre guagüín de mi corazón...pero qué rica oportunidad de hacerle cariñito y darle besitos sin que nadie se pronunciara en contra por celos...
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