No es que ya no salga con mis niños y los tenga idiotizados viendo televisión; es que hemos tenido maestros en la casa y no los puedo dejar a su merced mientras nosotros jugamos en la plaza.
Pero sí, han visto más "monitos" que en otros períodos y, para asegurarme de que el contenido es adecuado, me doy la lata de verlos junto a ellos y así aprovecho de enseñarle palabras nuevas al Gordo y de hilar frases en la esperanza de que se largue a hablar y deje de hacer esas pataletas de frustración lingüística.
Mis favoritos son los monitos de Inglaterra. No sólo por el acento (trato de que oigan inglés lo más seguido posible, pero ya no me resulta tanto), sino también por la estética y porque las historias son simples sin caer en tontera. Los niños "enganchan" más con la trama e imaginan posibles eventos y desenlaces, asocian con cosas de su vida diaria. Eso lo veo en Pollito, que me comenta todo y me muestra que su cabecita piensa mientras ve los dibujos.
No voy a comentar siquiera los dibujos animados japoneses. Me parecen de una fealdad, violencia y oscuridad emocional siniestra. Los norteamericanos tienden a ser menos tóxicos, pero en general hay mucho material perdido en ellos porque inventan unas tramas enredadísimas que no logran sino hacer sentir ansiedad en los niños, que no ven la hora de que se les presente el final o "solución". Entre medio captan algunas complicadas elucubraciones de los personajes y se quedan con retazos de lo que sus ojos reciben y que indudablemente les quedan en el subconciente.
Los dibujos europeos, en cambio, son más livianos, como se supone debe ser la vida de un niño chico. Incluso uno, adulto, puede analizar cómo se siente tras ver cinco o diez minutos de un programa infantil. Hay algunos que nos hacen sentir agotados por lo que sucedió antes del final; otros nos dejan indiferentes; otros nos dejan una dulce sonrisa que refleja que vimos algo armónico, tranquilo, inocente. Como nuestros niños.
En fin. Con nombre, puedo recomendar que pidan por internet, compren cuando salgan de viaje o sintonicen en Discovery Kids (vía cable), los siguientes (ver link para horarios, porque no hice toda mi tarea esta vez):
Charlie & Lola: Dos hermanos con una imaginación riquísima, estimulada por actividades cotidianas o juguetes tradicionales. Inglesa.
Pocoyo: Inventada por españoles e ingleses, narrada en inglés por el actor Stephen Fry, quien hiciera de Oscar Wilde en Wilde. Las aventuras de un niño muy simpático y travieso y sus amigos animales.
Fluffy Gardens: Irlandés, son historias cortas de animales antropomorfizados. Siempre tienen una moraleja al final y son tan lindos que uno queda como relajado...
Miffy: Holandés, famosísimo incluso en Japón. Hay una versión nueva "a lo gringo", pero los originales eran geniales. No lo dan en Discovery Kids, por desgracia.

Pero sí, han visto más "monitos" que en otros períodos y, para asegurarme de que el contenido es adecuado, me doy la lata de verlos junto a ellos y así aprovecho de enseñarle palabras nuevas al Gordo y de hilar frases en la esperanza de que se largue a hablar y deje de hacer esas pataletas de frustración lingüística.
Mis favoritos son los monitos de Inglaterra. No sólo por el acento (trato de que oigan inglés lo más seguido posible, pero ya no me resulta tanto), sino también por la estética y porque las historias son simples sin caer en tontera. Los niños "enganchan" más con la trama e imaginan posibles eventos y desenlaces, asocian con cosas de su vida diaria. Eso lo veo en Pollito, que me comenta todo y me muestra que su cabecita piensa mientras ve los dibujos.
No voy a comentar siquiera los dibujos animados japoneses. Me parecen de una fealdad, violencia y oscuridad emocional siniestra. Los norteamericanos tienden a ser menos tóxicos, pero en general hay mucho material perdido en ellos porque inventan unas tramas enredadísimas que no logran sino hacer sentir ansiedad en los niños, que no ven la hora de que se les presente el final o "solución". Entre medio captan algunas complicadas elucubraciones de los personajes y se quedan con retazos de lo que sus ojos reciben y que indudablemente les quedan en el subconciente.
Los dibujos europeos, en cambio, son más livianos, como se supone debe ser la vida de un niño chico. Incluso uno, adulto, puede analizar cómo se siente tras ver cinco o diez minutos de un programa infantil. Hay algunos que nos hacen sentir agotados por lo que sucedió antes del final; otros nos dejan indiferentes; otros nos dejan una dulce sonrisa que refleja que vimos algo armónico, tranquilo, inocente. Como nuestros niños.
En fin. Con nombre, puedo recomendar que pidan por internet, compren cuando salgan de viaje o sintonicen en Discovery Kids (vía cable), los siguientes (ver link para horarios, porque no hice toda mi tarea esta vez):
Charlie & Lola: Dos hermanos con una imaginación riquísima, estimulada por actividades cotidianas o juguetes tradicionales. Inglesa.
Pocoyo: Inventada por españoles e ingleses, narrada en inglés por el actor Stephen Fry, quien hiciera de Oscar Wilde en Wilde. Las aventuras de un niño muy simpático y travieso y sus amigos animales.
Fluffy Gardens: Irlandés, son historias cortas de animales antropomorfizados. Siempre tienen una moraleja al final y son tan lindos que uno queda como relajado...
Miffy: Holandés, famosísimo incluso en Japón. Hay una versión nueva "a lo gringo", pero los originales eran geniales. No lo dan en Discovery Kids, por desgracia.
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