Justo hoy me llegó un comentario de mi amiga Irantzu en que me pregunta por qué está botado el blog. No está botado; vivo craneando posts y me pasan cosas a cada rato de las que quisiera escribir, pero no me acompaña el tiempo libre para sentarme y redactar algo para este espacio. Pero sí extrañaba esta letra redondita que sale en "nueva entrada".
Entonces, para amenizar, voy a contar de mi último encontrón con la tecnología. Resulta que tenía en mi laptop un antivirus que se venció ayer. Como buena chilena, había dejado la actualización/compra para último momento y hoy la hice apurada, urgida porque alguien me podía hackear (lo sé, qué perseguida, pero tengo tanta información secreta y confidencial y soy tan famosa que estos rollos no me los paso porque sí) y con todo el revoloteo infantil aún en vacaciones encima. Resultado: me equivoqué.
El primer error es que no le creí a la página que ya había comprado un set de antivirus y protección contra todo tipo de crímenes cibernáuticos, por lo que me devolví un par de pasos en el proceso de compra y volví a chequear lo que quería comprar. En otras palabras, compré dos sets. Llegué a la página de confirmación de la compra (ya dados los datos de tarjeta de crédito y todo) y vi el total, que no era el que yo había calculado. Apreté un botón que decía "Review" y creí que se había anulado todo. Mais non. Pero eso no lo sabía en ese momento. Empecé de cero otra vez. Puse un tick en lo que quería comprar: un set de protección por dos años (la compra anterior era por un año). Terminé el proceso. Fui a revisar mi e-mail y ¡oh sorpresa! tenía dos confirmaciones de compra. U$ 150 cargados a la tarjeta. Ante lo cual, con dolor de guata y sudor frío, empecé a mandar e-mails, me metí a la página de contacto de la compañía en inglés y castellano, todo. Para probar mi honestidad y porque el tiempo apremiaba, además, empecé a instalar el producto de la segunda compra.
Ahora, para ser una empresa que vende software de seguridad, la verdad es que las instrucciones son muy poco claras. Llegué a la página de la cual bajaría el software y se me indicó que se sugería desinstalar antes las versiones anteriores, para lo cual tenía que bajar un desinstalador. Me recuerda esos trámites por carta convencional con que cierta amistad mía lidia por allá por las Europas. Ya. Bajé el software, que era tan inteligente y amable que no sólo desinstalaba la versión anterior, sino que además instalaba un free trial nuevo. Entonces ahora figuro con el servicio gratuito, pero no el que yo quería (porque compré uno más enchulado, referirse a comentario sobre mi paranoia) y por mientras tengo dos años y tres sets de seguridad pagados y no instalados.
¿Qué tal? ¿Verdad que son estos detallitos los que cambian el día? Supongo que rellenar el estanque de bencina del auto tendrá que esperar.
Entonces, para amenizar, voy a contar de mi último encontrón con la tecnología. Resulta que tenía en mi laptop un antivirus que se venció ayer. Como buena chilena, había dejado la actualización/compra para último momento y hoy la hice apurada, urgida porque alguien me podía hackear (lo sé, qué perseguida, pero tengo tanta información secreta y confidencial y soy tan famosa que estos rollos no me los paso porque sí) y con todo el revoloteo infantil aún en vacaciones encima. Resultado: me equivoqué.
El primer error es que no le creí a la página que ya había comprado un set de antivirus y protección contra todo tipo de crímenes cibernáuticos, por lo que me devolví un par de pasos en el proceso de compra y volví a chequear lo que quería comprar. En otras palabras, compré dos sets. Llegué a la página de confirmación de la compra (ya dados los datos de tarjeta de crédito y todo) y vi el total, que no era el que yo había calculado. Apreté un botón que decía "Review" y creí que se había anulado todo. Mais non. Pero eso no lo sabía en ese momento. Empecé de cero otra vez. Puse un tick en lo que quería comprar: un set de protección por dos años (la compra anterior era por un año). Terminé el proceso. Fui a revisar mi e-mail y ¡oh sorpresa! tenía dos confirmaciones de compra. U$ 150 cargados a la tarjeta. Ante lo cual, con dolor de guata y sudor frío, empecé a mandar e-mails, me metí a la página de contacto de la compañía en inglés y castellano, todo. Para probar mi honestidad y porque el tiempo apremiaba, además, empecé a instalar el producto de la segunda compra.
Ahora, para ser una empresa que vende software de seguridad, la verdad es que las instrucciones son muy poco claras. Llegué a la página de la cual bajaría el software y se me indicó que se sugería desinstalar antes las versiones anteriores, para lo cual tenía que bajar un desinstalador. Me recuerda esos trámites por carta convencional con que cierta amistad mía lidia por allá por las Europas. Ya. Bajé el software, que era tan inteligente y amable que no sólo desinstalaba la versión anterior, sino que además instalaba un free trial nuevo. Entonces ahora figuro con el servicio gratuito, pero no el que yo quería (porque compré uno más enchulado, referirse a comentario sobre mi paranoia) y por mientras tengo dos años y tres sets de seguridad pagados y no instalados.
¿Qué tal? ¿Verdad que son estos detallitos los que cambian el día? Supongo que rellenar el estanque de bencina del auto tendrá que esperar.
5 comentarios:
No te creo que pagas por tener un antivirus! Creo que es lo que me dejó más shockeada de todo el post! ;)
Pucha, qué malo el sistema de compra... mala onda... :-/
Yo te recomiendo lo que recomiendo siempre, particiona el disco e instala Linux, y pruébalo... no más virus, no más problemas... si no te gusta, te devuelven tu dinero... ah no! error! no te lo devuelven porque es gratis! :D
En serio que lo siento Flo, pero qué divertido que ahora tengas -sin querer queriendo- 3 cuestiones a tu haber! XD
No querias caldo pues toma dos tazas... QUE ALEGRIA VOLVER A LEERTE!
bESOS
ya po pero updatea! te devolvieron la plata o no?
yo nunca he pagado por un antivirus tampoco, pero lo encuentro lo raja, solo que me da miedo!! soy terrible provinciana todavia, como qu eme da julepe dar los datos de la tarjeta, no soy capaz.
Aca compro por internet el super y mil cosas pero sólo porque es la tarjeta de débito de la cuenta francesa, que pronto dejará de existir asique si en el futuro quieren cargarme cosas igual no van a poder.
Nótese el "quieren", que no sé a quiénes me refiero, es paranoia irracional pura.
Cuando nos fuimos de EEUU, por más que lo intenté NO PUDE cerrar la cuenta AOL (o sea avise mil pero no me pescaron) y me seguían cargando mensualidades, al final di aviso de pérdida de tarjeta para que me cambiaran el número y no seguirles pagando por un servicio que ya no tenía (ya estaba en Chile).
Asique alimentaron mi paranoia cibernética.
Y además estoy segura de que me pasaría lo mismo que te pasó a ti.
Ya cuenta si te anularon la compra o no, suerte!
Con sumo agrado les cuento que los múltiples errores que cometí no serán cargados a mi tarjeta de crédito, gracias a las gestiones del equipo ESET para Latinoamérica.
Aliviooooooooooooooo.
Jaja, me alegrooo! :)
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