jueves, 18 de noviembre de 2010

Amistad por encargo

Yo soy perfectamente capaz de tirarme de guata entre las góndolas del supermercado si con eso me puedo evitar saludar a alguien conocido pero no cercano y tengo un círculo muy reducido de amistades "mías". Marido, en cambio, saluda hasta a gente que ha visto sólo una vez, pero yo no tengo esa personalidad y me incomodo lueguito con el small talk.
Entonces no entiendo por qué este hombre, que se supone me conoce bien, me enchufa gente a mí. El fin de semana pasado, por ejemplo, nos encontramos con una pareja que solía ser vecina nuestra en el edificio donde vivíamos; nos juntábamos en la plaza y nuestros niños jugaban juntos, nos visitaron cuando nació el Gordo e incluso una vez nos invitaron a un cumpleaños infantil en su departamento. Pero cuando nos cambiamos a esta casa, entre el embarazo, los maestros, los niños chicos y otras situaciones, dejé de llamarlos, porque prioricé los usos de mi energía hacia lo que en ese momento me pareció más importante/aporte para mí. De vez en cuando me acordaba y me daba un poco de remordimiento, pero luego pensaba que las líneas telefónicas van para ambos lados (ahora sería señal, pero la frase la saqué de algún libro) y que mi ingratitud parecía correspondida. Hasta se me olvidó el nombre de ella y ¡pasé la plancha cuando nos vimos! (porque yo no tenía intenciones de saludarlos, pero Marido me engatusó y tuve que ir). Cuando yo me aprestaba a emprender la retirada diplomáticamente, ¡zas!, Marido sacó su celular para que intercambiáramos números. Y claro, como él no está nunca en la casa, la que queda con el muerto soy yo. Y no tengo ninguna gana de llamarla, porque siento que nunca tuvimos una conexión emocional profunda ni mucho tema en común más que los niños.
No contento con eso, hoy Marido me entregó todo feliz un papelito con el nombre de una niña, su teléfono y un paréntesis que decía "mamá de Fulanito", un niñito compañero del jardín del Gordo con quien se encontró ayer en la plaza y jugaron felices. Hoy, cuando fue al jardín infantil a dejar a los niños, Marido se encontró con esta niña y acordó con ella que yo la iba a llamar cuando fuera a la plaza para que ella y su hijo también fueran. Y yo a esta persona no le he visto ni la cara, nunca.
A lo mejor es parte de la pega de ser madre esto de socializar con gente equis, pero yo consideraba que la cuota ya estaba pagada con lo del colegio y también con madres que veo en la plaza y a la tercera ya tengo que hacerles al menos una levantada de cejas, ¿no? Puede sonar divertido, pero a mí estas cosas me estresan. A veces soy capaz de salir de mi cueva y conocer gente nueva si tengo una tincada muy fuerte o si nuestros hijos se quieren mucho, pero otra cosa es que alguien más (aunque sea mi marido) me arregle una amistad a la fuerza. Qué rabia.

3 comentarios:

Kuky Haindl dijo...

jajaja! no hay que estresarse por tan poco, mujer. si no te interesa, no las llames nomás. ahora, igual, de vez en cuando es bueno darse el tiempo de conocer gente nueva.

Scarlet dijo...

Acá Rhett ya lleva como 6 meses diciéndome que llame a la mina que tiene en su hospital un puesto similar al que yo tenía en Chile. Que es simpática, que me caería bien y blablabla. Yo lo miro no más. Me pregunto cosas y se me ocurren insultos e improperios, pero lo miro no más y sigo mi vida. Cada loco con su tema.
Si le parece tan simpática, que la llame él (no soy muy celosa). Yo tengo dificultades para hablar con mis amigas verdaderas, y para hablar con desconocidos... prefiero el blog!!

María José dijo...

A no, que lata!

Igual que Scarlet... Que la llame él!!! Yo no me tiro de guata entre las góndolas (creo que no quepo), pero me hago la ciega, ni tanto me hago porque igual soy un poco.

Siempre me da miedo que me llegue algún tipo de castigo divino por decir esto, por ser mal agradecida, pero la verdad, a mi me basta con las amigas que tengo.

Como estuvo el deporte??