
Creo que más de la mitad de los días de la semana me dan ganas de fumarme un cigarro.
Pero nunca he sido de las que sacan la cajetilla de la cartera y prenden uno y chao. Porque en general no tengo cigarros propios: soy de esa gente odiable que ve a otros fumando y les pide un cigarro. Y no es por apretá. Es precisamente porque me dan ganas muy seguido y si tengo la comodidad de contar con cigarros a la mano, tendría serios problemas. Maldita sea la iniciativa de no vender más cigarros sueltos. Antes podía comprarme uno, dos o tres y no hinchar a nadie y alimentar el vicio sin que quedara más tentación a mi alcance. Siempre he sido fumadora social (nunca de prender un pucho en saliendo de la casa o en la tarde en mi pieza) así que las cajetillas me duraban ene tiempo, salvo en períodos de ansiedad o mucho carrete.
Hace como un mes salí a comer con amigas y, entre broma y broma, terminamos en el supermercado comprando una cajetilla, porque ni muertas le bolseábamos a nadie en la calle a esa hora y por otro lado era como LA oportunidad de fumar sin temor a que me pillaran (soy como Margot Tenenbaum porque fumo a escondidas de mi marido y de mis padres. Es que no soporto su cara de decepción cuando se enteran de que he fumado).
De esa salida me quedé yo con la cajetilla. La tuve guardada en la cartera harto tiempo, arriesgándome a que me la pillara el marido al buscar las llaves del auto o necesitar plata (suena como a cafiche). Pero cuando menos lo esperaba me vino como anillo al dedo, porque hace un par de semanas tuve una situación personal bien complicada y creí que explotaría si no me fumaba un cigarro (copetearme a las 10 de la mañana como que no me tincó). Entonces me fui a la plaza, apreté el encendedor del auto y prendí un cigarro. Llamé por teléfono a uno de mis mejores amigos y, desahogándome, terminé fumándome tres cigarros al hilo, prendiendo uno con la colilla del otro. Fue un placer. Lo que no fue tan rico fue que desde esa mañana hasta el fin de semana, me empezó a doler la espalda y por más masajes que me hacía el hombre, no pasaba. De a poco no me pude mover más y cuando respiraba profundo me partía del dolor. Me asusté de verdad y terminé en urgencias, donde me hicieron exámenes de orina para descartar problemas en los riñones, radiografía de tórax para descartar neumonía y electrocardiograma para descartar infarto. Salió todo bien pero me mandaron para la casa con relajantes musculares, desinflamatorios y analgésicos, porque la cosa parecía ser de origen tensional. Junto con el guatero y reposo casi absoluto fue pasando el dolor.
El problema es que en algún momento de mi crisis había prometido que si no tenía choque séptico pulmonar o cáncer al pulmón (también me psicopateo a veces), no fumaba más. Así fue como boté la cajetilla al día siguiente (porque me pareció más simbólico que regalarla, aunque lueguito me di cuenta de lo tonto que fue habiendo tanta "necesidad") y llevo dos juntaciones con las amigotas resistiendo las ganas y las ofertas.
Ahora no sé cómo cumplir con mi palabra de "nunca más". En tiempos en que no he podido fumar (cuando he estado esperando guagua por ejemplo) me basta con tener fumadores cerca, pero dicen que las ganas no se quitan nunca. A mí no se me pasan.
Pero nunca he sido de las que sacan la cajetilla de la cartera y prenden uno y chao. Porque en general no tengo cigarros propios: soy de esa gente odiable que ve a otros fumando y les pide un cigarro. Y no es por apretá. Es precisamente porque me dan ganas muy seguido y si tengo la comodidad de contar con cigarros a la mano, tendría serios problemas. Maldita sea la iniciativa de no vender más cigarros sueltos. Antes podía comprarme uno, dos o tres y no hinchar a nadie y alimentar el vicio sin que quedara más tentación a mi alcance. Siempre he sido fumadora social (nunca de prender un pucho en saliendo de la casa o en la tarde en mi pieza) así que las cajetillas me duraban ene tiempo, salvo en períodos de ansiedad o mucho carrete.
Hace como un mes salí a comer con amigas y, entre broma y broma, terminamos en el supermercado comprando una cajetilla, porque ni muertas le bolseábamos a nadie en la calle a esa hora y por otro lado era como LA oportunidad de fumar sin temor a que me pillaran (soy como Margot Tenenbaum porque fumo a escondidas de mi marido y de mis padres. Es que no soporto su cara de decepción cuando se enteran de que he fumado).
De esa salida me quedé yo con la cajetilla. La tuve guardada en la cartera harto tiempo, arriesgándome a que me la pillara el marido al buscar las llaves del auto o necesitar plata (suena como a cafiche). Pero cuando menos lo esperaba me vino como anillo al dedo, porque hace un par de semanas tuve una situación personal bien complicada y creí que explotaría si no me fumaba un cigarro (copetearme a las 10 de la mañana como que no me tincó). Entonces me fui a la plaza, apreté el encendedor del auto y prendí un cigarro. Llamé por teléfono a uno de mis mejores amigos y, desahogándome, terminé fumándome tres cigarros al hilo, prendiendo uno con la colilla del otro. Fue un placer. Lo que no fue tan rico fue que desde esa mañana hasta el fin de semana, me empezó a doler la espalda y por más masajes que me hacía el hombre, no pasaba. De a poco no me pude mover más y cuando respiraba profundo me partía del dolor. Me asusté de verdad y terminé en urgencias, donde me hicieron exámenes de orina para descartar problemas en los riñones, radiografía de tórax para descartar neumonía y electrocardiograma para descartar infarto. Salió todo bien pero me mandaron para la casa con relajantes musculares, desinflamatorios y analgésicos, porque la cosa parecía ser de origen tensional. Junto con el guatero y reposo casi absoluto fue pasando el dolor.
El problema es que en algún momento de mi crisis había prometido que si no tenía choque séptico pulmonar o cáncer al pulmón (también me psicopateo a veces), no fumaba más. Así fue como boté la cajetilla al día siguiente (porque me pareció más simbólico que regalarla, aunque lueguito me di cuenta de lo tonto que fue habiendo tanta "necesidad") y llevo dos juntaciones con las amigotas resistiendo las ganas y las ofertas.
Ahora no sé cómo cumplir con mi palabra de "nunca más". En tiempos en que no he podido fumar (cuando he estado esperando guagua por ejemplo) me basta con tener fumadores cerca, pero dicen que las ganas no se quitan nunca. A mí no se me pasan.
9 comentarios:
Yo conozco gente que de un día para otro dijo "no fumo más" y zas, se acabó. Yo como no fumo, no te puedo decir cómo lo hicieron, pero si realmente no quieres fumar más, aplica chicle de nicotina or anything, porq ese humito se pega en los pulmones, no es como no sé, el alcohol, que entra, se filtra, y se va, el humo se va quedando... y qué miedo que a la larga te haga daño, aunque por suerte fumas bien poco en realidad. Suerte con la fuerza de voluntad, impossible is nothing! :)
Pucha, sabes, yo creo que es algo genético. ¿Tus papás fuman o fumaban?, no es para reprochar, es para comprobar la teoría.
Yo era fumadora social en la universidad, pero la verdad nunca sentí ese deseo de prender un cigarro, esas ganas que me dan como de comerme un chocolate.
Cuando quedé embarazada no me costó nada dejarlo, y hace un tiempo me puse fumadora social again, pero cuando caché que me daba una caña digna de la más borracha de las borrachas, lo dejé feliz de encontrar una explicación.
Estás segura que efectivamente ese dolor que te dejó mal con exámenes y todo, fue por culpa del cigarro??? Porque si te relaja, está bien que te fumes uno de vez en cuando, y si puedes controlarlo, porque si vas a pasar a comprarte cajetillas, y el cigarrito de después de almuerzo, y todos esos que se vuelven rutina, mejor no.
Y, encuentro terrible que tengas que esconderte de tu marido. Pero ¿Quien soy yo para criticarte eso? si tuve que esconder mi blog de M. por el show que me armaba! Ahora sabe que tengo, pero es de acuerdo mutuo que él no sepa la dirección. Es como lo mismo no?
Pucha, no supe que estuviste tan "critica". Espero que las cosas vayan mejorando. Ya sabes, aquí estoy cualquier cosa.
@almudena: no creo que necesite el parche o el chicle, si la verdad es que fumo como dos veces al mes y a veces nada en dos meses. O sea enviciada, no creo. Pero es muy gráfico lo del "humito", me dio hasta asco.
@Maco: Ninguno de mis padres fuma. Yo también he tenido caña al día siguiente, pero como me muevo todo el día creo que me desintoxico más rápido, a lo mejor me estoy engrupiendo, jajaja.
Lo del secreto es medio infantil, creo yo. Pero lo estoy trabajando. Gracias por el mensajito final. TQM.
Yo no encuentro que sea tan terrible así de vez en cuando; si te relaja y lo disfrutas, peor es andar estresada por la vida.
¿Y tu marido no se da cuenta del olor? Yo lo percibo hasta cuando fuman afuera del departamento! Será porque me carga...
Suerte con la recuperación! Cariños.
Ay Flo yo me estaba aprontando para sept!! la hubieras dejado enterrada en el jardín ja ja ! Broma.
@Pau: Me vengo con toda la ventana abierta aunque haya dos grados bajo cero. La mayoría de los hombres no tiene olfato de sabueso como nosotras.
@Fer: Me di cuenta del error un segundo demasiado tarde. Pero rescato el simbolismo. Le tendremos que dar al copete, jajaja. También broma.
Te había dejado un comentario largo y empático (porque fumo igual que tú, para variar) y no aparece :( buuuu
Es verdad! Lo del olfato es una cualidad bien femenina, no lo había pensado...
Pucha Alice no más enredos con los dedos en el teclado!!!
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