jueves, 18 de marzo de 2010

Un secreto

Se me pidió que revelara mis secretos; no puedo decir que me sea fácil hacerlo, por lo que me remitiré a conducir a mis lectores (as) a una petición parecida a la que accedí el año pasado y, a modo de consuelo, ofrezco una yapita.
El otro día estaba viendo en las truculentas noticias nocturnas que nos visitó "el padre de la resiliencia", el psiquiatra francés Boris Cyrulnik (pueden leer su entrevista en Revista Ya de El Mercurio). Pues bien, en la nota televisiva daban unos pocos consejitos de este señor para superar este trauma que, en mayor o menor medida, a todos nos ha significado el remezón que vivimos el 27 de febrero en buena parte del país. Entre los consejos me acuerdo especialmente del que se refiere a hablar del tema para desahogarse.
Yo la verdad soy re mala para eso: cuando me pasan las cosas más removedoras, me quedo callada y me vuelco hacia el interior cual chanchito de tierra. Lo malo de ese enfoque es no sólo que uno se queda con las ideas y las empieza a tergiversar por exceso de pensamiento, sino que además uno se aisla del resto. Mientras la gente habla del tema, lo mastica y lo digiere y sigue conversando de otras cosas, uno, en cambio, rumia su trauma solo y no es capaz de dar vuelta la página porque no desarrolla mayor insight, digamos, de la situación y sus efectos. Todo lo contrario.
Ya me ha pasado esto de sufrir sola y debo decir que es bastante ingrato, porque uno mismo se pone en la situación de sentirse solo e incomprendido y de ahí a alejarse de los amigos, hay un solo paso. Gracias a Dios siempre se me ha acercado más temprano que tarde alguna persona asertiva que logra sacarme todas las palabras y emociones, pero no puedo esperar que siempre llegue alguien a solucionarme el problema: debo ser un poco más proactiva.
(Uf. Este ejercicio de confesión, expresión y apertura no me es fácil. Más bien me hace sentirme nerviosa, expuesta y un poco tonta. Pero le daré el beneficio de la duda.)
En fin. Lo digo aquí y ahora: el terremoto me removió hasta la médula. Aunque tengo que agradecer de guata que no me pasó nada a mí ni a los de mi familia ni a mis conocidos, sí debo confesar que todo ahora me produce inseguridad, que busco factores de riesgo en cualquier cosa, ya sea en el edificio donde voy a entrar con mis niños, o en el camino que tomaré a determinado lugar, las vías de escape, la cantidad de gente, el estado de ánimo mío y de los demás, etc. Ya pasé el temor inicial a salir de la casa dejando atrás a mis críos y me atrevo a salir sola porque además lo necesito un rato para no volverme mono, pero apenas siento un temblor se me acelera el corazón y se me seca la boca y empiezo a implorar que no empeore y no puedo evitar ponerme de pie y asegurarme que sé dónde está cada niño. Todavía ordeno mi cartera varias veces al día para asegurarme de que están en un mismo lugar el celular, las tarjetas bancarias, dinero en efectivo, cargador de celular y llaves. Y la mantengo cerca mío o cerca de la zona segura de la casa. Duermo con los zapatos listos para ser puestos a los pies de mi cama; despejo el velador para poder tomar el teléfono inmediatamente si suena en la noche; todas las noches antes de acostarme despejo las entradas de los dormitorios y el pasillo que conduce a la zona segura de la casa. Me freno para no tener listos, abrigos y frazadas y zapatos y agua. Me freno. Y si soy suficientemente tonta para ver las noticias en la noche, me da insomnio y lo que logro dormir es con los dientes apretados y una angustia espantosa. Ruego por mis parientes que viven más arriba del piso 5 (o sea mis padres y hermanos, sorry por el exceso de información).
Estoy, entonces, TRAUMATIZADA. Ya, lo dije y todos los que leen lo saben. Ahora, no es que esté en un estado de paranoia y ansiedad constante. A ratos se me olvida todo y parto feliz a hacer cosas, pero de repente me acuerdo y es como que me pegaran un combo en la guata.
YO SÉ que no saco nada con ir de angustiada por la vida. Por suerte para quienes me rodean, al menos en apariencia estoy tranquila: prueba de ello es que los niños siguen jugando felices con la sonajera del segundo piso porque no se dan por enterados.
El punto es precisamente que no sé cómo sacarme de encima el pesimismo y la angustia. Puedo tomarme todos los remedios, gotitas y hacer todas las meditaciones del mundo, pero el click debe venir de mi mente. Y ahí es donde topo, porque esto de los temblores de verdad me embarra el estado de ánimo.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Pucha que lo siento, Flo, que andes así, porque obviamente no es que tú QUIERAS andar así, simplemente te es lo que sientes ahora.
Como hablábamos en el blog de Alice, yo siempre he andado así, viendo los peligros, vías de escape, preguntando en el jardín infantil qué hacían en caso de incendio, etc., y ahora veo a todos preocupados (en mayor o menor medida) y es como "chaaa, por fin!!! ahora me siento comprendida, no soy más marciana!", pero claro, yo ahora estoy mucho más relajada porque lo que esperaba tanto (el terremoto) ya fue, y fue como yo quería: de noche con mi hijo al lado.
Tú tienes 3 críos, eso lógicamente aumenta tu inseguridad. No es lo mismo correr a coger a uno, q tener que preocuparte por 3, pero yo creo que tienes que usar tu lógica y ser objetiva, como creo que tratas de ser siempre (yo también), y ponerte en el peor de los casos (otro 8.8 que es en realidad casi imposible que pase, pero es mejor exagerar) y ver cuáles son los riesgos reales, qué lugares son seguros, dónde NO te tiene que pillar y evitar esos lugares, y por lo demás -como tú misma me dijiste alguna vez- recuperar tus rutinas casi normales, con precaución y sin bajar la guardia, pero sin pensar que si no tienes todo preparado en tu casa van a morir. Yo creo que ya no nos morimos esta vez, y puedes tener todo preparado en tu casa y que te pille una réplica fuerte un día a las 15:00 en el parque. Yo pienso en todas las cosas que hice antes del 27/02, lugares a los que fui y donde pensaba -como siempre- ¿y si hubiera un terremoto?... y me alegro de que me pilló en la casa. Lo que venga ahora será menor y por la calle voy siempre mirando los cables y escogiendo un lugar al que correr "en caso de", pero nada más.
Sabes que en Valpo. cuando fuimos, me invitaron a andar el típico paseo en bote (que nunca he dado), y una parte de mí quería, pero la otra decía "no, porque si hay un terremoto qué atroz en el mar". Y no me subí porque tenía el tema muy presente, como tú ahora, pero hacía vida normal. Eso sí, en la clínica y mall prefería las escaleras ponte tú, cosas así... igual que ahora... y si lees el comentario que le dejé a Alice (casi tan largo como éste, jaja), verás que tengo siempre el rollo de "me podría morir aquí y ahora estúpidamente por mil razones diferentes", pero lo domino con lógica porque bueno, no puedo hacer nada más que ser precavida.
Ay, como que mezclé muchas cosas y esto quedó tremendo. Pero siéntete comprendida y tiempo al tiempo, la normalidad real llegará sola, hay que seguir el swing no más ahora.
Un abrazo!

Marce dijo...

Yo soy Alice, por si acaso, creo que no nos conocíamos :). LLegué aquí por una referencia de Dharma y me parece todo muy interesante. Lo que no logro es copiar tu botón porque me aparece una ventanita diciémdome que no copie (¿?).

Flo dijo...

Gracias Alice, a mí me hizo la misma trampita el otro día, estoy trabajando en borrarlo!
Saludos y bienvenida

Maripa dijo...

No creo que te sirva de mucho mi aporte, pero igual intentaré ayudar... Estarás así por un buen rato, y es lo normal. Peligroso sería que siguieras tu vida como si nada habiendo pasado menos de un mes, con lo fuerte y peligroso que fue, porque demostraría que no hay nada que te asuste (cosa anti-humana) y, sobretodo, que no tomas precauciones ni en casos de emergencia. Es algo que se supera muy de a poquito. Si tienes que hablarlo, hazlo. Pero cuando se te olvide el miedo, no intentes evocarlo.

Muchos cariños, espero verte pronto. Y exijo una foto de Pollito en uniforme!