El otro día, aprovechando que el pueblo (o sea yo) también está de vacaciones, fui a que me amasaran (léase masajearan) la espalda en esas camas con piedras de jade que tienen en Ceragem. Para que se entienda un poco mejor, Ceragem es una empresa koreana que hace y vende estas camas masajeadoras y tiene varios centros en Santiago donde uno va y usa una cama GRATIS. Sí, un masaje con piedras de jade en la espalda durante media hora, gratis. Si a uno le gusta, puede desembolsar los dos palos que cuesta la cama y masajearse en su hogars. Mmhh.
La trampita es que hay que mamarse una "charla" previa al masaje y al final de ésta, todos se ponen de pie, gritan "¡Ceragem, Ceragem, Ceragem, fighting!" y van a su cama asignada a recibir el tratamiento. La verdad es que yo nunca participo del cheerleading que les cuento porque me da como vergüenza ajena; también de preferencia me quedo afuera esperando que termine la charla.
Al principio éstas eran acerca de los productos Ceragem y cómo mejoraban la vida de las personas a través de la relajación, la disminución del stress, etc., pero ahora que llevan varios años operando, lo que hacen es que se pone en un podio un empleado y habla de algún tema. El que me tocó el otro día era "El amor de pareja" y de a poco me picó la curiosidad hasta que entré y me senté, porque oía cómo la gente del público acotaba y opinaba. También porque no quise hacerme la pesada así como "qué me importa lo que hable esta gentuza", ante la mirada incisiva del recepcionista a quien nunca en mi vida había visto y quien sin embargo me plantó un beso en la mejilla cuando entré a preguntar si quedaban camas disponibles para el próximo turno.
En fin. No es el propósito de mi columna hablar del masaje en sí (que al principio duele porque al fin y al cabo, es un rodillo con piedras calientes que sube y baja por el espinazo) o de que cada vez que voy me lamento de no haber llevado mi propia sábana (hay turnos todo el día y aunque se nota una rotación alta de sábanas y uno no se saca la ropa*, igual), o de que es increíble cómo la gente se desvía del fin último cual es relajarse y tener un momento de paz (con parlantes cómodamente instalados en la sala de masaje, oímos a todo volumen la charla de turno y después música tipo "vivo contiiiigo" y después un eshpañol que relataba las virtudes de la empresa).
Lo que me llamó la atención es la soledad de la gente. Cuando yo entré a la charla, ésta ya había derivado a un testimonial de amor de pareja por parte del público: se notaba que muchos de ellos (en su mayoría gente más bien mayor y de orígenes humildes) no tenían con quién hablar, porque se peleaban las palabras, interrumpían a la niña que estaba en el podio y contaban sus propias historias que poco o nada tenían que ver con el tema (hubo historias del golpe militar, de asesinatos a machetazos, etc.). Y después, mientras luchaba por sentir más relajo a pesar del dolor, en algún momento de la nueva charla se oyeron aplausos cuando llegó "Torito", un cliente que venía de La Pintana a saludar a los chiquillos que trabajaban en la sede donde nos encontrábamos. La niña de la charla le contaba al público que Torito, un señor ya entrado en años, había instaurado las charlas bailables en uno de los centros Ceragem y él mismo contaba que nuevamente estaba buscando a una amiga con la cual salir los sábados en la tarde a pasear y conversar. Me dio pena.
Al mismo tiempo, sin embargo, me pareció positivo que existan estas instancias donde la gente se reúne, entra en confianza y establece lazos de amistad (y también de romance, al parecer) cuando ya no le quedan amigos, ha enviudado, los hijos se han ido, etc.
No sé si, con el vuelco que han tomado las famosas charlas (sobre todo el bailable) siga sintiendo muchas ganas de ir otra vez a autotorturarme, pero tengo que reconocer que me hizo bien y efectivamente tengo menos tensión en todo lo que es columna.
* A pesar de lo cual, cuando iba saliendo a la calle se levantó una señora de una de las camas, a la vista y paciencia de todos los transeúntes y otros masajeados, en calzones, procediendo a continuación a ponerse su ropa sin atisbo alguno de incomodidad o pudor. De que se genera confianza en ese lugar, se genera.
La trampita es que hay que mamarse una "charla" previa al masaje y al final de ésta, todos se ponen de pie, gritan "¡Ceragem, Ceragem, Ceragem, fighting!" y van a su cama asignada a recibir el tratamiento. La verdad es que yo nunca participo del cheerleading que les cuento porque me da como vergüenza ajena; también de preferencia me quedo afuera esperando que termine la charla.
Al principio éstas eran acerca de los productos Ceragem y cómo mejoraban la vida de las personas a través de la relajación, la disminución del stress, etc., pero ahora que llevan varios años operando, lo que hacen es que se pone en un podio un empleado y habla de algún tema. El que me tocó el otro día era "El amor de pareja" y de a poco me picó la curiosidad hasta que entré y me senté, porque oía cómo la gente del público acotaba y opinaba. También porque no quise hacerme la pesada así como "qué me importa lo que hable esta gentuza", ante la mirada incisiva del recepcionista a quien nunca en mi vida había visto y quien sin embargo me plantó un beso en la mejilla cuando entré a preguntar si quedaban camas disponibles para el próximo turno.
En fin. No es el propósito de mi columna hablar del masaje en sí (que al principio duele porque al fin y al cabo, es un rodillo con piedras calientes que sube y baja por el espinazo) o de que cada vez que voy me lamento de no haber llevado mi propia sábana (hay turnos todo el día y aunque se nota una rotación alta de sábanas y uno no se saca la ropa*, igual), o de que es increíble cómo la gente se desvía del fin último cual es relajarse y tener un momento de paz (con parlantes cómodamente instalados en la sala de masaje, oímos a todo volumen la charla de turno y después música tipo "vivo contiiiigo" y después un eshpañol que relataba las virtudes de la empresa).
Lo que me llamó la atención es la soledad de la gente. Cuando yo entré a la charla, ésta ya había derivado a un testimonial de amor de pareja por parte del público: se notaba que muchos de ellos (en su mayoría gente más bien mayor y de orígenes humildes) no tenían con quién hablar, porque se peleaban las palabras, interrumpían a la niña que estaba en el podio y contaban sus propias historias que poco o nada tenían que ver con el tema (hubo historias del golpe militar, de asesinatos a machetazos, etc.). Y después, mientras luchaba por sentir más relajo a pesar del dolor, en algún momento de la nueva charla se oyeron aplausos cuando llegó "Torito", un cliente que venía de La Pintana a saludar a los chiquillos que trabajaban en la sede donde nos encontrábamos. La niña de la charla le contaba al público que Torito, un señor ya entrado en años, había instaurado las charlas bailables en uno de los centros Ceragem y él mismo contaba que nuevamente estaba buscando a una amiga con la cual salir los sábados en la tarde a pasear y conversar. Me dio pena.
Al mismo tiempo, sin embargo, me pareció positivo que existan estas instancias donde la gente se reúne, entra en confianza y establece lazos de amistad (y también de romance, al parecer) cuando ya no le quedan amigos, ha enviudado, los hijos se han ido, etc.
No sé si, con el vuelco que han tomado las famosas charlas (sobre todo el bailable) siga sintiendo muchas ganas de ir otra vez a autotorturarme, pero tengo que reconocer que me hizo bien y efectivamente tengo menos tensión en todo lo que es columna.
* A pesar de lo cual, cuando iba saliendo a la calle se levantó una señora de una de las camas, a la vista y paciencia de todos los transeúntes y otros masajeados, en calzones, procediendo a continuación a ponerse su ropa sin atisbo alguno de incomodidad o pudor. De que se genera confianza en ese lugar, se genera.
4 comentarios:
Mi suegro va a unas sesiones de "camillas koreanas", pero no sabía que eran tan famosas. No creo que sea en Ceragem eso sí, aprece que es una señora que la compró y cobra por las sesiones. Con esa cantidad de gente él tampoco iría creo (ni gratis).
A mi me gustan esas cosas, no sé si tal cual como lo cuentas, pero alguna vez en mi vida fui parte de algún grupo... y es lo mejor que hay. Me da gusto que al gente tenga esas instancias.
Me llama la atención que uno pueda ir siempre que haya cupo (porque eso entendí). Porque esa gente probablemente nunca comprará una camilla. Como que no le veo el negocio. Pero eso es bueno, aunque difícil de creer.
Cariños
Yo tampoco entiendo cómo puede sobrevivir la empresa pagando sueldos, arriendo de locales, depreciación de todas esas camas, etc., pero prefiero no cuestionármelo demasiado y disfrutar los masajes gratis!
Tu línea final me dió risa... ;)
Yo nunca he ido a cosas así de venta de productos, pero me lo imaginé perfectamente.
Y sí, la gente muchas veces no tiene con quién hablar y este tipo de cosas son LA salida social de la semana o del mes.
Qué bueno que tuviste tu masaje gratis! Yo no había escuchado nunca hablar de Ceragem (me sonaba como a palabra al revés cuando vi el título, pero la di vuelta y CUEK, nada)... XD
No es que quedé en shock con la señora, como si fuera su pieza, se pasó...
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