Rabio mucho todas las mañanas cuando manejo y tengo que doblar hacia la izquierda desde una calle chica a una avenida con doble tránsito y donde sólo cuento para mi maniobra con un paso de cebra. Este conjunto de líneas amarillas dibujadas en la calle les indica a los conductores que van por dicha avenida que no pueden detener su auto ahí, porque vienen otros vehículos (como el mío) entrando a la calle.
Como la gente en este país tiene serios trastornos mentales, sin embargo, los que respetan la mencionada señal de tránsito son los menos. La mayoría se instala cómodamente encima a esperar que avancen los de adelante y uno queda atravesado en la avenida, impidiendo que pasen por ella los que van en el sentido contrario. Hasta que uno se envalentona y le echa su auto encima a alguien o recibe la limosna de un gesto cívico por parte de algún conductor.
Mientras adquiría experiencia y seguridad en el asunto de manejar, más de una vez debo haber bloqueado un paso de cebra. Otras veces no respeté la preferencia. Como estaba conciente de mi nivel de sabiduría y como no siento que se me caiga ninguna corona al reconocer (algunos de) mis errores, si alguien me tocaba la bocina o me miraba con odio pedía disculpas. ¿Qué puede pasar si uno hace eso? En el peor de los casos, si el oponente es antipático, quizás uno reciba un escarmiento. Desgradable, pero merecido. Se aprende, se olvida el mal rato y se sigue adelante.
Curiosamente parece que la gente acá estuviera esperando que uno se enfrasque con ellos, sólo para pelear y conseguir que todos lleguemos a nuestro destino lo más disgustados y violentados que se pueda. Para que la mala onda se esparza por doquier. Entonces las alternativas son: a. la gente es tan imbécil que le importan un huevo las reglas y la convivencia gentil; b. la gente está conciente de las reglas, pero es tan amargada que está dispuesta a no respetarlas por si alguien "pica" y así logra descargar un poco de su malestar.
Volviendo al tema, es inevitable que se me acelere el corazón a medida que me acerco a esta situación que comento. Me pregunto con qué pelotudo me iré a topar en el paso de cebra y cuántos segundos me permitirán los de los autos detrás del mío antes de levantarme a bocinazos porque no quise tirarme a la avenida sólo para que me bloquearan en un lado y me siguieran bocineando del otro.
Creo que saqué mi propia conclusión. La gente es amargada e imbécil. Porque no puedo entender que este país prospere como lo hace y que la gallá pueda manejar los autos que maneja (o sea tenga un nivel de ingresos no tan malo) si no tiene un mínimo nivel de discernimiento. No; lo hacen a propósito. El idiota que pasa con roja o que se cuela en el vuelito de la ambulancia; la vieja estúpida que va a doblar pero no señaliza y se pega la chantada en la esquina, arriesgando que uno la choque por atrás; el choro que estaciona su cacharro en un sector con línea amarilla y cree que por poner los intermitentes está todo bien; los descerebrados que arman taco cuando quieren doblar a la izquierda habiendo línea continua. Haciendo honor, por último, a mi caso particular, los descriteriados de porquería que deciden por mí que no me están bloqueando el paso a mi propia casa.
Ya que estoy en esto, contaré que el otro día iba con dos de mis niños en un coche por la calle. Llegué a una esquina donde había un paso peatonal, pero estaba bloqueado por un regio Jaguar. Miré a la persona que estaba al volante para pedirle que se corriera, porque mi única alternativa era bajar a una calle con tránsito rápido y me pareció peligroso, injusto e innecesario ya que tenía delante mío mi posibilidad legítima y legal. El diálogo (en señas, porque la vieja ni bajó la ventana) fue más o menos así:
Yo: Por favor, quiero pasar por el paso peatonal con el coche con mis hijos.
Demonio: Lo siento, estoy acá porque no hay más espacio para estacionar. No me voy a correr.
Yo: Disculpe, pero tengo un coche con dos niños, acá hay un paso peatonal y quiero usarlo. Córrase.
Demonio: No, vas a tener que pasar por otro lado.
Yo (hirviendo de rabia pero manteniendo la compostura porque estaba con mis hijos y en la vía pública): ¿No te vas a correr? Perfecto.
Con un temblor visible en mi mano y el corazón saliéndoseme por la boca, saqué mi celular (que estaba cortado por no pago), fui a la parte de atrás del auto a tomar la patente, hice como que hablaba y daba el nombre de las calles. Demonio, rezongando, prendió el motor y avanzó hasta despejar el paso peatonal.
No sigo transcribiendo el diálogo porque, aunque ahí sí bajó la ventana, Demonio me lanzó una sarta de improperios demasiado vulgar para alguien que maneja un Jaguar en barrios decentes. Me puse a cantar canciones para mis niños, quienes por suerte no se dieron cuenta de la tensión porque mamá mantuvo la calma como persona educada que trata de ser. Le tiré un beso a Demonio (en serio, lo hice), le cerré un ojo y seguí mi camino como si nada.

No sería yo si hubiera pasado por ahí al regreso y no me hubiera encontrado con Demonio nuevamente. Debo haberme puesto de todos colores, pero pasé tranquila (por suerte el paso peatonal estaba despejado) y con la frente en alto y los niños ni se enteraron. Así que me felicito, aunque no sentí alegría sino que una inmensa tristeza de que las cosas sean así.
Para más remate, ésta no es la primera vez que me quejo de esto. Y qué nerd mi dibujo explicativo fotografiado.
Como la gente en este país tiene serios trastornos mentales, sin embargo, los que respetan la mencionada señal de tránsito son los menos. La mayoría se instala cómodamente encima a esperar que avancen los de adelante y uno queda atravesado en la avenida, impidiendo que pasen por ella los que van en el sentido contrario. Hasta que uno se envalentona y le echa su auto encima a alguien o recibe la limosna de un gesto cívico por parte de algún conductor.
Mientras adquiría experiencia y seguridad en el asunto de manejar, más de una vez debo haber bloqueado un paso de cebra. Otras veces no respeté la preferencia. Como estaba conciente de mi nivel de sabiduría y como no siento que se me caiga ninguna corona al reconocer (algunos de) mis errores, si alguien me tocaba la bocina o me miraba con odio pedía disculpas. ¿Qué puede pasar si uno hace eso? En el peor de los casos, si el oponente es antipático, quizás uno reciba un escarmiento. Desgradable, pero merecido. Se aprende, se olvida el mal rato y se sigue adelante.
Curiosamente parece que la gente acá estuviera esperando que uno se enfrasque con ellos, sólo para pelear y conseguir que todos lleguemos a nuestro destino lo más disgustados y violentados que se pueda. Para que la mala onda se esparza por doquier. Entonces las alternativas son: a. la gente es tan imbécil que le importan un huevo las reglas y la convivencia gentil; b. la gente está conciente de las reglas, pero es tan amargada que está dispuesta a no respetarlas por si alguien "pica" y así logra descargar un poco de su malestar.
Volviendo al tema, es inevitable que se me acelere el corazón a medida que me acerco a esta situación que comento. Me pregunto con qué pelotudo me iré a topar en el paso de cebra y cuántos segundos me permitirán los de los autos detrás del mío antes de levantarme a bocinazos porque no quise tirarme a la avenida sólo para que me bloquearan en un lado y me siguieran bocineando del otro.
Creo que saqué mi propia conclusión. La gente es amargada e imbécil. Porque no puedo entender que este país prospere como lo hace y que la gallá pueda manejar los autos que maneja (o sea tenga un nivel de ingresos no tan malo) si no tiene un mínimo nivel de discernimiento. No; lo hacen a propósito. El idiota que pasa con roja o que se cuela en el vuelito de la ambulancia; la vieja estúpida que va a doblar pero no señaliza y se pega la chantada en la esquina, arriesgando que uno la choque por atrás; el choro que estaciona su cacharro en un sector con línea amarilla y cree que por poner los intermitentes está todo bien; los descerebrados que arman taco cuando quieren doblar a la izquierda habiendo línea continua. Haciendo honor, por último, a mi caso particular, los descriteriados de porquería que deciden por mí que no me están bloqueando el paso a mi propia casa.
Ya que estoy en esto, contaré que el otro día iba con dos de mis niños en un coche por la calle. Llegué a una esquina donde había un paso peatonal, pero estaba bloqueado por un regio Jaguar. Miré a la persona que estaba al volante para pedirle que se corriera, porque mi única alternativa era bajar a una calle con tránsito rápido y me pareció peligroso, injusto e innecesario ya que tenía delante mío mi posibilidad legítima y legal. El diálogo (en señas, porque la vieja ni bajó la ventana) fue más o menos así:
Yo: Por favor, quiero pasar por el paso peatonal con el coche con mis hijos.
Demonio: Lo siento, estoy acá porque no hay más espacio para estacionar. No me voy a correr.
Yo: Disculpe, pero tengo un coche con dos niños, acá hay un paso peatonal y quiero usarlo. Córrase.
Demonio: No, vas a tener que pasar por otro lado.
Yo (hirviendo de rabia pero manteniendo la compostura porque estaba con mis hijos y en la vía pública): ¿No te vas a correr? Perfecto.
Con un temblor visible en mi mano y el corazón saliéndoseme por la boca, saqué mi celular (que estaba cortado por no pago), fui a la parte de atrás del auto a tomar la patente, hice como que hablaba y daba el nombre de las calles. Demonio, rezongando, prendió el motor y avanzó hasta despejar el paso peatonal.
No sigo transcribiendo el diálogo porque, aunque ahí sí bajó la ventana, Demonio me lanzó una sarta de improperios demasiado vulgar para alguien que maneja un Jaguar en barrios decentes. Me puse a cantar canciones para mis niños, quienes por suerte no se dieron cuenta de la tensión porque mamá mantuvo la calma como persona educada que trata de ser. Le tiré un beso a Demonio (en serio, lo hice), le cerré un ojo y seguí mi camino como si nada.
No sería yo si hubiera pasado por ahí al regreso y no me hubiera encontrado con Demonio nuevamente. Debo haberme puesto de todos colores, pero pasé tranquila (por suerte el paso peatonal estaba despejado) y con la frente en alto y los niños ni se enteraron. Así que me felicito, aunque no sentí alegría sino que una inmensa tristeza de que las cosas sean así.
Para más remate, ésta no es la primera vez que me quejo de esto. Y qué nerd mi dibujo explicativo fotografiado.
5 comentarios:
Este tipo de historias hacen que en verdad uno se arrepienta de estar viviendo en Chile, habiendo tenido en la vida, alguna vez, la posibilidad de vivir en un lugar más civilizado. Igual que tú: ¡QUÉ PENA! Y por otro lado si no es educada la gente que es capaz de tener un Jaguar entonces QUIÉN!!!
Ah, mi papá se queja siempre de lo mismo. Él siempre cede el paso, espera al que quiere salir de una calle chica, en fin, ultra amable. Pero la mayoría de la gente no es así.
Yo estoy por sacar carnet, supongo que tendré este mismo de experiencias más de una vez... :-/
Presiento que siempre tendrás peleas de automovilistas, por su lado porque son unas bestias estúpidas (conozco a un tipo al que le tocaron la bocina, y se baó con un hacha a hacer callar al autor) y porque te fascina pelear. En todo caso, te apoyo por los dos motivos. El que no llora, no mama dice Gardel.
Te quise ir a ver este sábado pero tu bro me dijo que estaban muy enfermos. Creo que nos veremos el sábado. Muchos cariños!
P.S:Sí es muy ñoño tu dibujo
Es que la gente es tan rara (aunque debería dejar de lado mi optimismo de hoy, y derechamente decir que la gente es mal educada, pero bue...), tengo la sensación que mucha gente experimenta algún tipo de satisfacción al manejar. Un poco amparados por el anonimato del mar de autos, como que se sienten "choros" al pasar primero (independiente si correspondía o no), al estacionarse en las embarazadas, etc. Como la vieja de mierchicas que te tocó! qué penosa. Debe haber queaddo tan enojada después que le tiraste un beso y todo! jajajaja, ojalá que aprenda.
Sí, soy muy ñoña.
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