viernes, 23 de julio de 2010

Recuerdos de barrio


Hace muchos, muchos años, tenía una vecina que vivía al otro lado de la calle y con quien siempre jugaba después del colegio y en las vacaciones. No sé cuántos años habremos sido amigas, pero fue muy doloroso para todos cuando sus padres se separaron y ella y sus hermanos se fueron a vivir donde su abuela materna con su mamá. Se rompió el encanto de los veranos andando en bicicleta y jugando rin raja y comprando jugo en polvo rojo y cassatas de tres sabores. Ya no hubo más inviernos en su casa llena de instrumentos musicales y disfraces y maquillajes y zapatos de taco alto que nos quedaban bien.
La abuela de mi amiga vivía en Providencia, cerca de Pedro de Valdivia, en una de esas casas antiguas de estilo francés: reja de fierro forjado, edificación de piedra caliza con entrada de piso de mármol flanqueada por columnas, faroles de metal pintado negro, muchas molduras en todas partes y grandes y elegantes ventanales con persianas. Yo la recuerdo enorme, pero puede que sea por el engañoso paso del tiempo y mi estatura de aquel entonces (debo haber estado en quinto básico). La cocina tenía los típicos dos ambientes de las cocinas antiguas (repostero, creo que se llamaba donde estaba la despensa y la vajilla), el living era zona vedada para nosotras y de lo poco que vi de él había también dos ambientes y un comedor enorme con muebles oscuros. Pero lejos lo que más me llamaba la atención era el jardín trasero, que era oscuro, húmedo y frío, con una fuente de agua de piedra, lleno de helechos y en una esquina tenía una tumba. Eso es al menos lo que recordamos mi hermana y yo. El lugar en sí tenía piso de adoquines y una piedra con los datos del finado, que no recuerdo para nada.
También me acuerdo de que al pie de la escalera sinuosa al segundo piso (¿alguien vio la película "Gaslight"?) había una puerta que conducía a la biblioteca de la casa, una silenciosa habitación con paredes forradas en madera, un escritorio con una pluma con tintero y otros adornos y muchas estanterías con libros, enciclopedias y demases. Creo que había una escalera para alcanzar los libros más altos. No son muy nítidos mis recuerdos por las famosas persianas, que dejaban todo más o menos en penumbras. A una niñita no le daban muchas ganas de andar merodeando sola por ahí.
Un sábado en la tarde nuestro padre nos llevó a jugar donde nuestra amiga con otra vecina. Subimos al segundo piso, que tenía un pasillo oscuro con puertas a ambos lados. No nos estaba permitido abrir estas puertas, pero nuestra amiga se arriesgó y nos mostró el dormitorio de su abuela, que parecía museo: cama con dosel, armario con espejo de cuerpo completo, peinador con artículos antiguos, etc. Otra puerta conducía a la habitación de su madre, que era una conocida artista más bien bohemia: muebles de ratán, lámparas de papel, cubrecama multicolor artesanal. No combinaba para nada con el resto de la casa. Recuerdo la sala de baño, con bidet, piso de ajedrez y esas ventanas ovales que tanto se usaban en la primera mitad del siglo ¡pasado!
Me acuerdo que, de tanto recorrer la casa, se nos empezaron a ocurrir ideas truculentas y terminamos actuando como en una película, haciendo que éramos todas hermanas y que una de nosotras, al asomarse al balcón, era empujada por una fuerza misteriosa y caía muerta sobre el jardín. Para esto nos trasladábamos todas de pieza en pieza y bajamos a presenciar "la muerte" de nuestra hermana, mientras nos peleábamos por seguir hilando la historia, al más puro estilo "ya, y ahora venía la nana y se desmayaba cuando veía a la ... muerta"; "¡no! llegaba la mamá y nos castigaba sin dejarnos salir de la pieza"; "pero yo quiero que a mí me persiga un fantasma por la escalera"; etc. De tanto decir cosas terribles, terminamos todas muertas de miedo en el dormitorio de mi amiga, con todas las luces prendidas y gritamos cuando tocaron la puerta para avisarnos que nos habían venido a buscar.
Creo que la abuela de mi amiga no quedó muy contenta con este grupo de niñitas que gritó y correteó por su casa toda la tarde, porque nunca más nos volvieron a invitar. Después sólo volvimos a ver a nuestra amiga cuando ella visitaba a su papá, que seguía siendo vecino nuestro. Todo contacto terminó cuando él se fue a vivir a otro lado y nosotros también nos cambiamos de barrio.
Muchos años después, cuando estaba en la universidad, pasé por la calle de la casa estilo francés y me descorazoné al ver tanta construcción de edificios donde antes había habido un barrio tan señorial y europeo. Pero hice memoria y llegué a la casa, que estaba todavía en pie y se veía bastante más ajada que cuando yo iba, tantos años atrás. Toqué el timbre y salió una niña con delantal verde oscuro. Tras la mutua confusión inicial logré averiguar que ahora la casa era un jardín infantil de alguna empresa cercana y que, aunque confiaban en mí, no podían dejarme pasar porque justo a esa hora estaban dándoles almuerzo a los niños y había algunas mamás que podían no aprobar mi presencia extraña ahí.

De mi amiga he vuelto a saber sólo esporádicamente a través de mi papá, quien sigue viendo al padre de ella; de hecho él organizó toda la música para mi matrimonio y ha sido siempre un amor conmigo, me imagino que porque también le recuerdo buenos viejos tiempos.

5 comentarios:

Kuky Haindl dijo...

Que bonito! impresionante cómo todos tenemos esas historias nostálgicas de amigos del barrio a quienes dejamos de ver. A algunos les perdemos todo rastro y de otros, como te pasa a tí, sabemos esporádicamente. Y siempre me pregunto, ¿qué habría pasado si el vínculo no se hubiese roto? ¿los rollos de la adolescencia habrían acabado por separarnos igual? ¿o la vida misma? quién sabe.
Besos!

Fer dijo...

Sí Flo yo también tuve una amiga de barrio entrañable y ahora no tengo idea que será de ella...El barrio de mis viejos se transformó en comercial, ya ni nuestra casa está. ¡Increíble pero cierto!

Marce dijo...

Uf! me metí en tu relato, en las descripciones de los lugares, de la atmósfera, como cuando uno lee un libro y se olvida de dónde está parada!
me transportaste a ese pedacito de tu infancia y casi me sentí una más de las niñitas inventando historias de terror en esa casa.
Qué valioso dejar por escrito estos recuerdos!

Flo dijo...

Ha sido loco: desde que escribí este post hasta he soñado con el barrio y con las amigas de esos tiempos...
Esto de tener hijos me ha transportado de regreso a mi infancia!!!!
¿les pasa a Uds.?

Marce dijo...

todo el rato! en la medida que crecen uno va repasando la propia infancia. Para bien o para mal.