Este año no ha sido fácil y la confusión se ha acercado nuevamente a mí.
Es por eso que, sin ningún tapujo, he pedido consejo a personas cuyo criterio me parece podría ayudarme en alguna situación especial.
Con verdadera humildad, porque he sentido en esas ocasiones que mi sentido común u opinión podrían ser equívocos, he aplicado dichos consejos, que han resultado acertados.
Quiero en este post contar estas experiencias y agradecerles. Uds. saben quiénes son.
El primer gran consejo lo recibí de una amiga a quien no veía hacía muchos años. Nos juntamos a comer en un restaurante hindú que corre serio riesgo de transformarse en mi favorito y le conté, entre muchas otras cosas, que esa semana estaba sin nana y por lo tanto a cargo del buque que ha resultado ser mi casa y de sus tripulantes, que son mis hijos. Teniendo en cuenta que en el verano me pasó lo mismo y la experiencia terminó siendo bastante amarga, mi nivel de ansiedad estaba por las nubes y tenía genuino susto de lo que podía pasar con mi ánimo y mi paciencia, ergo mi trato hacia los niños. Esta amiga mía, que me conoce bien y que estudió la mente humana y sus comportamientos, me dijo simplemente: "Baja la vara. Después, bájala un poco más. Y cuando te parezca que no puedes seguir bajándola, bájala otra vez. Si quieren comer hamburguesas con papas fritas todos los días al almuerzo y a la comida, DÁSELAS. Si desordenan todos los cojines de los sofás del living, NO LOS RETES. Si quieren pararse de la mesa para ir a ver tele, DÉJALOS. No trates de inculcarles modales. Déjalos. Si te ven tranquila, estarán tranquilos. Punto." Adopté el consejo y cuando los veía pescar la comida con la mano, recordaba y los dejaba. Iba con la corriente de sus ideas y su ánimo y, para mi sorpresa, ni se mataron los unos a los otros ni me recortaron el cubrecama ni rayaron las paredes con lápices imborrables. Esa semana terminó siendo maravillosa y la casa se mantuvo relativamente limpia y ordenada. Cuando podía les metía vegetales en la pizza y fruta en los miles de yogurts que comieron y los dejé hartarse de cereales. Salimos a la plaza en las tardes y me sentí dueña del boliche, mi casa. Me empoderé de mi vida y mi familia. Se me deshicieron los turugos de la espalda y dormí bien, porque igual estaba más cansada. Ya hacia finales de la semana la paciencia no me acompañaba tanto, pero salió todo bien. GRACIAS.
En otra ocasión tuve que ir a un té con las mamás del curso del colegio de la Pollito. El evento me tenía sumamente nerviosa porque no conocía bien a nadie y entre ellas, en cambio, parecía haber mucha amistad y parentescos en común. Antes de salir (todo lo arreglada que pude sin que se notara el esfuerzo y apertrechada de unos tapaditos de pan integral alemán con salmón ahumado y queso crema con hierbas aromáticas armados por mí, porque en estas situaciones es mejor hacer el máximo esfuerzo antes que el mínimo, para no pasar la plancha de que los demás estaban mejor vestidos o llevaron comida más fina que uno), le pregunté a una de mis mejores amigas si tenía algún consejo para mí, dotada de pobres social skills. Me dijo que hablara poco. Que más bien escuchara y preguntara. Que eso me daría un conocimiento mejor del tipo de gente que había y de qué podía hablar u opinar sin meter la pata. Así lo hice y fue un éxito. Me devolví a mi casa sin esa molesta sensación que a veces se tiene cuando uno ha dicho demasiado de sí o de algún tema álgido. GRACIAS.
La última vez fue hace un par de semanas, en que dejé de hacerme la lesa y le convidé una amiguita del curso a la casa a mi Pollo. Para facilitar todo les tenía pizza y helado de chocolate para el almuerzo y un back-up de tallarines con salsa o huevo con arroz, que son cosas que todos los niños se comen sin chistar. El mundo se me vino abajo, sin embargo, apenas entramos a la casa: la perrita se le acercó a la niñita con todo el ánimo de jugar y ésta se asustó y se puso a llorar. De entradita, todo mal: en el camino no había logrado sacarle una sola palabra que rompiera el hielo y ahora le oía la voz por primera vez en medio de un sollozo. Pero si lograba pasar esa prueba, sabía que no era la más difícil: Quienes tengan niños saben que éstos tienen poca paciencia con los amigos y que tras un rato de estar jugando pueden querer despacharlos y qué hacía yo con la niñita si su mamá no podía pasar a buscarla temprano. En mi ansiedad por que todo "fluyera", pregunté a unas pocas amigas en Facebook qué juegos podía inventar. De todas las amables y valiosas ideas, recogí una simple respuesta: que las dejara jugar solas hasta que ellas pidieran ayuda. Claro, para qué me voy a gastar gratuitamente haciendo de tony si son perfectamente capaces de entretenerse sin mi intervención. Así que las dejé hacer lo que quisieran (que consistió en sacarse toda la ropa y disfrazarse) y eso me dejó la mente despejada para cuando empezaron las hostilidades y tuve que hacerme cargo de la convidadita y mantener a raya a la anfitriona, furiosa porque su amiga no hacía lo que ella quería. GRACIAS.
Nunca me había pasado esto de pedir consejo y recibir sugerencias que fueran atinadas y comprensivas. Estoy segura de que todo salió mejor gracias a que me atreví a preguntar y a abrir mi caparazón a las sugerencias de mis amigas. Creo que el mundo podría ser un lugar mejor si todos nos miráramos y reconociéramos que a veces otras personas saben mejor cómo manejar una situación determinada. Nunca se termina de aprender, dicen. Espero que lo que cuento inspire a quienes leen cuando se enfrenten a una situación parecida o cuando se sientan perdidos.
Es por eso que, sin ningún tapujo, he pedido consejo a personas cuyo criterio me parece podría ayudarme en alguna situación especial.
Con verdadera humildad, porque he sentido en esas ocasiones que mi sentido común u opinión podrían ser equívocos, he aplicado dichos consejos, que han resultado acertados.
Quiero en este post contar estas experiencias y agradecerles. Uds. saben quiénes son.
El primer gran consejo lo recibí de una amiga a quien no veía hacía muchos años. Nos juntamos a comer en un restaurante hindú que corre serio riesgo de transformarse en mi favorito y le conté, entre muchas otras cosas, que esa semana estaba sin nana y por lo tanto a cargo del buque que ha resultado ser mi casa y de sus tripulantes, que son mis hijos. Teniendo en cuenta que en el verano me pasó lo mismo y la experiencia terminó siendo bastante amarga, mi nivel de ansiedad estaba por las nubes y tenía genuino susto de lo que podía pasar con mi ánimo y mi paciencia, ergo mi trato hacia los niños. Esta amiga mía, que me conoce bien y que estudió la mente humana y sus comportamientos, me dijo simplemente: "Baja la vara. Después, bájala un poco más. Y cuando te parezca que no puedes seguir bajándola, bájala otra vez. Si quieren comer hamburguesas con papas fritas todos los días al almuerzo y a la comida, DÁSELAS. Si desordenan todos los cojines de los sofás del living, NO LOS RETES. Si quieren pararse de la mesa para ir a ver tele, DÉJALOS. No trates de inculcarles modales. Déjalos. Si te ven tranquila, estarán tranquilos. Punto." Adopté el consejo y cuando los veía pescar la comida con la mano, recordaba y los dejaba. Iba con la corriente de sus ideas y su ánimo y, para mi sorpresa, ni se mataron los unos a los otros ni me recortaron el cubrecama ni rayaron las paredes con lápices imborrables. Esa semana terminó siendo maravillosa y la casa se mantuvo relativamente limpia y ordenada. Cuando podía les metía vegetales en la pizza y fruta en los miles de yogurts que comieron y los dejé hartarse de cereales. Salimos a la plaza en las tardes y me sentí dueña del boliche, mi casa. Me empoderé de mi vida y mi familia. Se me deshicieron los turugos de la espalda y dormí bien, porque igual estaba más cansada. Ya hacia finales de la semana la paciencia no me acompañaba tanto, pero salió todo bien. GRACIAS.
En otra ocasión tuve que ir a un té con las mamás del curso del colegio de la Pollito. El evento me tenía sumamente nerviosa porque no conocía bien a nadie y entre ellas, en cambio, parecía haber mucha amistad y parentescos en común. Antes de salir (todo lo arreglada que pude sin que se notara el esfuerzo y apertrechada de unos tapaditos de pan integral alemán con salmón ahumado y queso crema con hierbas aromáticas armados por mí, porque en estas situaciones es mejor hacer el máximo esfuerzo antes que el mínimo, para no pasar la plancha de que los demás estaban mejor vestidos o llevaron comida más fina que uno), le pregunté a una de mis mejores amigas si tenía algún consejo para mí, dotada de pobres social skills. Me dijo que hablara poco. Que más bien escuchara y preguntara. Que eso me daría un conocimiento mejor del tipo de gente que había y de qué podía hablar u opinar sin meter la pata. Así lo hice y fue un éxito. Me devolví a mi casa sin esa molesta sensación que a veces se tiene cuando uno ha dicho demasiado de sí o de algún tema álgido. GRACIAS.
La última vez fue hace un par de semanas, en que dejé de hacerme la lesa y le convidé una amiguita del curso a la casa a mi Pollo. Para facilitar todo les tenía pizza y helado de chocolate para el almuerzo y un back-up de tallarines con salsa o huevo con arroz, que son cosas que todos los niños se comen sin chistar. El mundo se me vino abajo, sin embargo, apenas entramos a la casa: la perrita se le acercó a la niñita con todo el ánimo de jugar y ésta se asustó y se puso a llorar. De entradita, todo mal: en el camino no había logrado sacarle una sola palabra que rompiera el hielo y ahora le oía la voz por primera vez en medio de un sollozo. Pero si lograba pasar esa prueba, sabía que no era la más difícil: Quienes tengan niños saben que éstos tienen poca paciencia con los amigos y que tras un rato de estar jugando pueden querer despacharlos y qué hacía yo con la niñita si su mamá no podía pasar a buscarla temprano. En mi ansiedad por que todo "fluyera", pregunté a unas pocas amigas en Facebook qué juegos podía inventar. De todas las amables y valiosas ideas, recogí una simple respuesta: que las dejara jugar solas hasta que ellas pidieran ayuda. Claro, para qué me voy a gastar gratuitamente haciendo de tony si son perfectamente capaces de entretenerse sin mi intervención. Así que las dejé hacer lo que quisieran (que consistió en sacarse toda la ropa y disfrazarse) y eso me dejó la mente despejada para cuando empezaron las hostilidades y tuve que hacerme cargo de la convidadita y mantener a raya a la anfitriona, furiosa porque su amiga no hacía lo que ella quería. GRACIAS.
Nunca me había pasado esto de pedir consejo y recibir sugerencias que fueran atinadas y comprensivas. Estoy segura de que todo salió mejor gracias a que me atreví a preguntar y a abrir mi caparazón a las sugerencias de mis amigas. Creo que el mundo podría ser un lugar mejor si todos nos miráramos y reconociéramos que a veces otras personas saben mejor cómo manejar una situación determinada. Nunca se termina de aprender, dicen. Espero que lo que cuento inspire a quienes leen cuando se enfrenten a una situación parecida o cuando se sientan perdidos.
9 comentarios:
Que maravilla Flo, que sabia de pedir consejos y de dejarlos anotaditos, porque están bueno buenos. De los tres temas, creo que el único que no me produce tanta ansiedad es invitar amiguitas a la casa, pero en los otros dos me pasa súper parecido a ti. Y encontré que los consejos están precisos. Gracias por compartir y qué bueno que te hayas hecho este nuevo espacio en que te sientes cómoda, para poder seguir leyéndote
GRACIAS!
Flooooooooo que soy pava!!! no me había dado cuenta que ya habías empezado a postear. Estaba esperando a que me llegara invitación jajaja y era llegar y hacer click...
Me encantó (y me costó un poco creerlo :P) que dejaras a los niños hacer todo lo que quisieran un rato, lindos! y se portaron bien!
Cariños
Leyendo tu presentación, me di cuenta que tu Pollito es del mismo mes y año que la "Amelia". Me pregunto de qué día, capaz que fuimos vecinas en la maternidad. La mía es del 26.
Te pasaste, tuviste súper seguidos a los tres, de verdad es pa volverse loca, pero rico igual.
Saludos y postea!
Alice, la Pollo es del 29 de septiembre. Y no sólo eso, creo que es tocaya de la tuya, jajaja.
Saludos.
jajaja, ¿Un nombre parecido a "Amelia" que empieza E?
¡¡¡Sí!!!
Para que no te asustes y creas que te espío o algo así, lo leí en tu blog en un post del terremoto que publicaste sin seudónimos...
síii, pensé que nos conocíamos desde otro blog pasado mío (unaoladeaguadulce)
Ni siquiera me perseguí.
No digamos que es un nombre muy origina hoy en día (en el curso de mi hija hay 3 que se llaman igual)pero igual considero una casualidad que hayamos estado pariendo nuestra primera hija llamada igual con 3 días de diferencia!
notable.
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