miércoles, 23 de junio de 2010

Adiós, verde


Es cruel el desarrollo. Y es absurda la ambición humana. La falta de visión.
Porque nadie lo mandó a elegir ese preciso rincón de su vasto terreno para construir, a sabiendas de que había un antiguo gomero creciendo al otro lado de la pandereta.
Pero lo hizo y su vecina, que es también la mía, ha pasado los últimos años parlamentando con él y viendo qué soluciones alternativas podía haber, sólo para que el inexorable paso del tiempo le diera la razón a él.
Ayer me la encontré y con lágrimas en los ojos me contó que las raíces de su (nuestro) querido árbol están levantando ya no sólo la pandereta, sino que la construcción que él se empeñó en hacer. Y así quedará desnudo un jardín secreto y mágico; así perderemos más hojas perennes en esta ciudad que tanto necesita el recambio aéreo. Así nos tendremos que despedir del verde que inundaba nuestra ventana día a día, a veces con un fondo celeste, otras con uno blanco o gris. Ahora tendremos que enfrentar esta selva de cemento en que nos da por hundirnos.
Para siempre quedarán en mi memoria esas tardes de reposo obligado en que miraba por mi ventana el verde eterno, acogedor y protector; esas hojas que se mecían suavemente al viento y que se limpiaban con la lluvia incesante de las tardes invernales de cielos encapotados. Nunca podré borrar el sonido del viento, suave murmullo que nos adormilaba y nos relajaba en las noches iniciales cuando aún no teníamos cortinas.
Hoy no quiero estar acá cuando comiencen el ruido, la destrucción y la mutilación. Cuando termine una era que se nos hizo demasiado corta y llegue la nunca bienvenida pelá a hacer su trabajo con su hoz, que en este caso es dolorosamente ad-hoc.

Imagen de acá.

2 comentarios:

María José dijo...

Puuuuuuucha Flo! qué lata un árbol menos. Te quedó muy poetico el desahogo, muy lindo.

Le tomaste fotos por lo menos???


Besos, y ánimo!

Fer dijo...

Qué lástima en verdad con lo que cuesta que esa especie crezca y se dé en Santiago.