Lori Berenson es una ciudadana de Estados Unidos que fue acusada de pertenecer al grupo terrorista "Movimiento Revolucionario Túpac Amaru" en Perú y condenada a cadena perpetua tras un juicio militar en ese país en 1996, con un veredicto de traición a la patria. Gracias a la intensa campaña llevada a cabo por sus padres y con gestiones que llegaron a tensar las relaciones diplomáticas entre EE.UU. y Perú, su caso fue vuelto a juzgar por un tribunal civil que en 2001 atenuó su veredicto a colaboración con grupos terroristas, disminuyendo también su encarcelamiento a 20 años. Tras permanecer en prisión por 15 años, el martes 25 de mayo de 2010 le fue concedida la libertad condicional y fue liberada este jueves 27, con la condición de que permanezca en Perú hasta que termine su condena. Vivirá en un barrio acomodado de Lima junto a su hijo de casi un año, Salvador, trabajando en traducciones y con esperanza de abrir una pastelería. El niño es el hijo que tuvo con su marido mientras estaba en prisión. Él también es su abogado y recuperó su propia libertad en 2003 tras 13 años en prisión por afiliación con el mismo grupo terrorista. Los dos tienen planes para divorciarse.
Yo no sabía de la existencia de esta mujer hasta que leí las noticias de su liberación. Cuando vi su foto me impresionó su cara de niña y su expresión pacífica. Pero cuando leí más me di cuenta de que la apariencia es sólo eso. Haya o no pertenecido al MRTA, Lori tenía, al momento de su detención, experiencia trabajando para líderes revolucionarios de América Latina. No sé si se pueda esclarecer su nexo terrorista con el MRTA, pero de que se asoció con las personas incorrectas de modo sospechoso no hay duda.
Al margen de eso, surgen muchos sentimientos encontrados con esta historia. Primero está el que Lori Berenson haya salido de su Nueva York natal a defender causas ajenas en un continente donde EE.UU. es visto como un imperialista prepotente: tiene que haber sabido que, si se la pillaba en falta, la pagaría caro. Luego está el hecho de que sus padres, ambos doctorados y con buenas conexiones, hayan optado por jubilarse anticipadamente para abocarse a la liberación de su hija, no escatimando en acudir a organizaciones internacionales de defensa a los derechos humanos y que incluso el sistema diplomático norteamericano haya intercedido al punto de que las relaciones entre Perú y EE.UU. se vieron resentidas: no son muchas las personas que cuentan con influencias tan importantes en defensa de una causa incierta. Tercero, uno mira su cara y sus ojos y cae en cuenta, con horror, de que entró a la cárcel a los 25 años de edad y sale a los 40. Buena parte de su juventud la pasó en una prisión en un país no sólo extranjero, sino que del Tercer Mundo. Tuvo un hijo en prisión y se sometió a una delicada operación a la columna por un problema supuestamente degenerativo. Cuarto, se le obliga a permanecer cinco años más en un país que la considera persona non grata.
¡Cuán complicados son los caminos que toma la vida! ¿Se habrá imaginado esta mujer que su idealismo político -por perseguir el cual renunció a sus estudios en el prestigioso Massachussetts Institute of Technology, MIT- la llevaría a involucrarse con los grupos "revolucionarios" (en sus propias palabras) de nombre más bullado de las últimas décadas en América del Sur? ¿Que se vería privada de libertad a una edad en que podía desarrollar una carrera prolífica y tener una familia? ¿Que su hijo nacería en prisión? ¿Que se enfrentaría a una posible deportación a EE.UU., donde también tiene acérrimos enemigos que amenazan por Internet con matarla? Por otro lado, ¿Qué tiene que venir a meterse ella en la guerrilla política latinoamericana? ¿No tiene su país sus propios issues políticos y sociales? ¿Es justo que por ella hayan abogado tantas organizaciones de derechos humanos cuando de tantos otros presos políticos nadie se acuerda? ¿Es porque es blanca y rubia e hija de padres educados?
Ésta es otra de las discusiones que con gusto tendré con mi padre, siempre en conocimiento de toda la información pública (y la no tanto). Por ahora me siento confundida, conflictuada con esta historia.
Yo no sabía de la existencia de esta mujer hasta que leí las noticias de su liberación. Cuando vi su foto me impresionó su cara de niña y su expresión pacífica. Pero cuando leí más me di cuenta de que la apariencia es sólo eso. Haya o no pertenecido al MRTA, Lori tenía, al momento de su detención, experiencia trabajando para líderes revolucionarios de América Latina. No sé si se pueda esclarecer su nexo terrorista con el MRTA, pero de que se asoció con las personas incorrectas de modo sospechoso no hay duda.
Al margen de eso, surgen muchos sentimientos encontrados con esta historia. Primero está el que Lori Berenson haya salido de su Nueva York natal a defender causas ajenas en un continente donde EE.UU. es visto como un imperialista prepotente: tiene que haber sabido que, si se la pillaba en falta, la pagaría caro. Luego está el hecho de que sus padres, ambos doctorados y con buenas conexiones, hayan optado por jubilarse anticipadamente para abocarse a la liberación de su hija, no escatimando en acudir a organizaciones internacionales de defensa a los derechos humanos y que incluso el sistema diplomático norteamericano haya intercedido al punto de que las relaciones entre Perú y EE.UU. se vieron resentidas: no son muchas las personas que cuentan con influencias tan importantes en defensa de una causa incierta. Tercero, uno mira su cara y sus ojos y cae en cuenta, con horror, de que entró a la cárcel a los 25 años de edad y sale a los 40. Buena parte de su juventud la pasó en una prisión en un país no sólo extranjero, sino que del Tercer Mundo. Tuvo un hijo en prisión y se sometió a una delicada operación a la columna por un problema supuestamente degenerativo. Cuarto, se le obliga a permanecer cinco años más en un país que la considera persona non grata.
¡Cuán complicados son los caminos que toma la vida! ¿Se habrá imaginado esta mujer que su idealismo político -por perseguir el cual renunció a sus estudios en el prestigioso Massachussetts Institute of Technology, MIT- la llevaría a involucrarse con los grupos "revolucionarios" (en sus propias palabras) de nombre más bullado de las últimas décadas en América del Sur? ¿Que se vería privada de libertad a una edad en que podía desarrollar una carrera prolífica y tener una familia? ¿Que su hijo nacería en prisión? ¿Que se enfrentaría a una posible deportación a EE.UU., donde también tiene acérrimos enemigos que amenazan por Internet con matarla? Por otro lado, ¿Qué tiene que venir a meterse ella en la guerrilla política latinoamericana? ¿No tiene su país sus propios issues políticos y sociales? ¿Es justo que por ella hayan abogado tantas organizaciones de derechos humanos cuando de tantos otros presos políticos nadie se acuerda? ¿Es porque es blanca y rubia e hija de padres educados?
Ésta es otra de las discusiones que con gusto tendré con mi padre, siempre en conocimiento de toda la información pública (y la no tanto). Por ahora me siento confundida, conflictuada con esta historia.
1 comentario:
Guau, complicado, me recuerda un poco la historia de los irlandeses que después hicieron película "En el nombre del padre", pero ellos sí eran inocentes.
Tb. da para pensar en la historia de este paquistaní que está en la cárcel en chile que al parecer está vinculado a los Ahlus Sunnah que son terroristas y se ha comprobado que tienen redes en Chile. ¡Imagínate! Sus padres están ahora aca y dicen que es un santo, pero no creo que lo hayan detenido por bolitas de dulce...
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