miércoles, 21 de abril de 2010

Labores

Con profundo pesar tuve que reconocer, cuando estaba en el colegio, que no le pegaba para nada a ninguna actividad manual y que todavía no estaba la mentalidad de algunos profesores para permitir que me uniera al grupo masculino en Arts & Crafts. Mientras ellos hacían herramientas eléctricas, anafres y trabajos en madera, nosotras bordábamos, hacíamos découpage y cosíamos inútiles muñequitas de trapo. Lo siento: todas estas artes las aprecio, pero hacerlas me echa a perder el ánimo. Siempre lo hizo. Mis únicos logros memorables fueron una lámpara (que en lo técnico quedó perfecta, pero en lo estético dejaba harto que desear porque era un cubo de madera con los cables atravesados), un bolsito (que sólo diseñé y corté pero que le pedí a mi mamá lo cosiera en la máquina) y un cojín bordado en esterilla, que logré empezar y terminar gracias a la inspiración de (otra vez) mi mamá, mi abuela y mi tía abuela, que en ese tiempo bordaban alfombras con fruición. Estuve en verdaderos aprietos cuando a todos se nos encomendó hacer una pintura al óleo: compré la tela enmarcada más chica que encontré y sufrí como un mes pintando…una montaña. Creo que me pusieron un 5 porque vieron cómo me costaba y aún así trataba de superarme. Pobrecita de mí.
Por lo tanto no es de extrañarse que mi promedio de notas (calificaciones) bajara por culpa de los famosos ramos artísticos. Mientras la mayoría de mis compañeros se peleaba los cupos para el electivo de Arte, la suscrita prefería partirse el cráneo un poco (y de verdad poco, porque no era Física Nuclear tampoco) en el electivo de Matemáticas, donde tenía que aguantar las bromas machistas del profesor y en el electivo de Historia, para compensar y mantener el suspenso hasta que viniera la inspiración divina que clarificara la elección entre Periodismo, Derecho o Ingeniería Comercial.
La cosa es que desde que tengo mi propio hogars, ya no puedo acudir al mega costurero de mi mamá para coser bastas, botones, puntos corridos ni etiquetas a la ropa que hay en mi casa, por lo que he tenido que aplicarme y, tras años de manejarme con tres agujas (una de las cuales era para lana) y un rodillo de hilo blanco, tuve que claudicar y aceptar que me regalaran artículos de costura. Todo lo puse ordenado en una cajita que me regaló Suegris cuyo uso original sospecho era para guardar maquillaje, pero creo que no quedó tan mal:

De fondo se puede ver, incidentalmente, el cojín que hice con mis propias manitos y que ya está inmundo, al punto que no se distinguen bien los colores, pero no me importa porque es todo mi orgullo. Cuando pienso que algo superará mis capacidades artísticas, lo miro y me inspira confianza y habilidades insólitas (tampoco está de más mencionar la suave y agradable luz otoñal que llena la habitación).
Entre las cosas que inundaron mi costurero hasta que me hice el ánimo de ordenarlo a principios de la semana, están unos preciosos botones que algún día encontrarán su misión en un chaleco multicolor. También me topé con unos adornitos que se planchan a la ropa, pero como su dueña abre todo y deja los envoltorios en cualquier parte, no sé cuáles son las instrucciones precisas en cuanto a temperatura y cuidados.

Gracias a la iniciativa, por tardía que sea, logré despejar la ruma de artículos descosidos que había en un rincón de mi pieza y repartirlos a su respectivos usuarios. La más feliz de las cuales es…adivinen quién y por qué.

2 comentarios:

María José dijo...

Apenas vi la foto, me tincó que el cojín era hecho por ti!! Lo poco que se ve, se ve lindo.

Que lata que te costara tanto, sobre todo en la época del colegio, que es obligación. Ahora por último, no lo haces y punto.

El costurero te quedó precioso, saca un montón de apuros tenerlo. Lo parches los tienes que planchar a temperatura media, o fuerte, pero con un "pañito" tipo pañal/tuto de por medio. Se supone que no se sale más. Se puede reforzar cosiéndolo (por si las moscas).

Cariños

Feña dijo...

Te entiendo, yo fui y soy un cero a la izquierda con estas manitas. Tengo un delantal que se supone que hice yo en el colegio, pero la verdad es que creo que bordé sólo algunas cosas y el resto mi mamá y mi nana de turno salvaron la campana. Odiaba esas clases y fueron hasta 4 medio UFF!