
La otra vez mencioné que yo no soy de ésas que van al solarium y peluquería, se hacen las manos y viven en el gimnasio. En parte porque no tengo la plata ni el tiempo (ni me parece que valga la pena teniendo tres niños que en medio segundo me pueden manchar) y en parte porque no me interesa. Pero también en parte porque encuentro que es un poco tramposo y esclavizante teñirse, pintarrajearse y apretarse tanto.
Hace unos años yo tenía una amiga que en nuestro círculo era la “mijita rica” y todos la miraban turulatos y casi con la lengua afuera y a ella la encantaba. Esta niña le trabajaba harto al escote, al pantalón apretado, al pelo teñido rubio y a la piel tostada por el sol. Eso volvía locos a nuestros amigos, que fantaseaban abiertamente con tener una aventurilla con ella. Alguna vez la acompañé a maratónicas sesiones de Shopping en que, por cada polera que yo me compraba, ella acumulaba tres vestidos y dos pares de zapatos. También fui testigo de sus preparativos para salir, que incluían toda clase de afeites (qué antigua la palabra), perfumes, lociones, sprays y varias mudas de tenida, hasta encontrar la que más la endiosara.
Hasta que un día llegué temprano en la mañana a su casa y la encontré recién despierta. ¡Qué desencanto! Sin maquillaje, la piel se veía pálida y los ojos hundidos por el insuficiente descanso post carrete. Aún sin peinarse, los rubios rulos se veían aplastados y opacos y se notaban las raíces oscuras. Sin los inmensos tacos que solía usar, mi amiga era un poco más baja que yo, lo que ya es harto decir. Y de pijama, tenía una enagua de encaje que había sido de su abuela pero que, más que glamorosa, se veía como lo que era: vieja. No he olvidado esa experiencia porque me enseñó que producirse tanto es un arma de doble filo. Menos mal yo no era su conquista de la noche anterior.
El otro lado de la moneda es la gente que no se preocupa de su apariencia ni para conseguir pega o alguien que la invite a salir. De eso tenemos ejemplos todo el tiempo, porque hay que ver la cantidad de gente “undatable” que anda por ahí. Para seguir con la buena onda, en esta categoría pongo a otra amiga mía, que sigue usando bototos y banano y jeans para salir de noche. O sea cada uno tiene su estilo, pero esa moda en particular pasó hace…15 AÑOS. Estaría bueno gastar menos plata en cigarros (que tampoco la ayudan) y un poco más en alguna pilchita, digo yo. Tengo claro que lo que importa en una relación va más allá que la pinta grunge o la super producción cinematográfica, pero las primeras impresiones también valen, onda PARA CONSEGUIR DICHA RELACIÓN. No por nada la última cita de mi amiga, la consiguió vestida con ropa de oficina (que, dicho sea de paso, para muchas es un pantalón negro, blusa blanca y shaleco, tenida que dice a gritos “por favor pásenme por alto cuando piensen en ascender a alguien en esta oficina”).
Otro enfoque es el de la gente que carece de autocrítica. Prefiere verse “a la moda” o con suficiente poder adquisitivo para poder comprar ropa de temporada, en vez de contestar la importante pregunta “¿Cómo se ve esta ropa en mi cuerpo?”. Valga mandar un mensajito a todas las amantes del estilo ochentero que creen poder resucitar su juventud volviendo a ponerse calzas con botas con flecos y un chaleco al que se le resbala un hombro y se sujeta con un cinturón. Todo mal. O a todas las que usan bikini porque es lo que usa la juventud, pero no toman en cuenta que su cuerpo se beneficiaría más de un traje de baño de una pieza. O las que simplemente quieren verse como todas y no tienen cachativa para combinar con gusto.
Hace unos años yo tenía una amiga que en nuestro círculo era la “mijita rica” y todos la miraban turulatos y casi con la lengua afuera y a ella la encantaba. Esta niña le trabajaba harto al escote, al pantalón apretado, al pelo teñido rubio y a la piel tostada por el sol. Eso volvía locos a nuestros amigos, que fantaseaban abiertamente con tener una aventurilla con ella. Alguna vez la acompañé a maratónicas sesiones de Shopping en que, por cada polera que yo me compraba, ella acumulaba tres vestidos y dos pares de zapatos. También fui testigo de sus preparativos para salir, que incluían toda clase de afeites (qué antigua la palabra), perfumes, lociones, sprays y varias mudas de tenida, hasta encontrar la que más la endiosara.
Hasta que un día llegué temprano en la mañana a su casa y la encontré recién despierta. ¡Qué desencanto! Sin maquillaje, la piel se veía pálida y los ojos hundidos por el insuficiente descanso post carrete. Aún sin peinarse, los rubios rulos se veían aplastados y opacos y se notaban las raíces oscuras. Sin los inmensos tacos que solía usar, mi amiga era un poco más baja que yo, lo que ya es harto decir. Y de pijama, tenía una enagua de encaje que había sido de su abuela pero que, más que glamorosa, se veía como lo que era: vieja. No he olvidado esa experiencia porque me enseñó que producirse tanto es un arma de doble filo. Menos mal yo no era su conquista de la noche anterior.
El otro lado de la moneda es la gente que no se preocupa de su apariencia ni para conseguir pega o alguien que la invite a salir. De eso tenemos ejemplos todo el tiempo, porque hay que ver la cantidad de gente “undatable” que anda por ahí. Para seguir con la buena onda, en esta categoría pongo a otra amiga mía, que sigue usando bototos y banano y jeans para salir de noche. O sea cada uno tiene su estilo, pero esa moda en particular pasó hace…15 AÑOS. Estaría bueno gastar menos plata en cigarros (que tampoco la ayudan) y un poco más en alguna pilchita, digo yo. Tengo claro que lo que importa en una relación va más allá que la pinta grunge o la super producción cinematográfica, pero las primeras impresiones también valen, onda PARA CONSEGUIR DICHA RELACIÓN. No por nada la última cita de mi amiga, la consiguió vestida con ropa de oficina (que, dicho sea de paso, para muchas es un pantalón negro, blusa blanca y shaleco, tenida que dice a gritos “por favor pásenme por alto cuando piensen en ascender a alguien en esta oficina”).
Otro enfoque es el de la gente que carece de autocrítica. Prefiere verse “a la moda” o con suficiente poder adquisitivo para poder comprar ropa de temporada, en vez de contestar la importante pregunta “¿Cómo se ve esta ropa en mi cuerpo?”. Valga mandar un mensajito a todas las amantes del estilo ochentero que creen poder resucitar su juventud volviendo a ponerse calzas con botas con flecos y un chaleco al que se le resbala un hombro y se sujeta con un cinturón. Todo mal. O a todas las que usan bikini porque es lo que usa la juventud, pero no toman en cuenta que su cuerpo se beneficiaría más de un traje de baño de una pieza. O las que simplemente quieren verse como todas y no tienen cachativa para combinar con gusto.

Segunda foto: Go Fug Yourself
4 comentarios:
Hola FLo, encuentro igual que tú la sobreproducción es esclavizante y si sería imposible con mi bajo presupuesto je je, pero me preocupo de andar lo mejor posible en el diario, voy a yoga con ropa comoda pero no huilas como otras q he visto, me encanta arreglarme para salir y debo decir que trabajar en oficina me cargaba xq me tenía que pintar y andar de taquito todos los días. Lo otro si hubiese sobreproducción siempre sería un desastre llevar la pelu y la manicure al cerro, al campo y a la playa ja ja aj !!
Hartas cosas que comentar.
Precisamente por lo que cuentas de tu amiga es que a mi no me gusta mucho maquillarme, aunque sé que uno invariablemente se ve mejor, quiero que la gente me conozca tal cual soy, y que si alguien se fija en mi o me encuentra bonita, lo haga por lo que soy, más no por lo que aparento, y justamente por lo que cuentas: el despertar sin pintura y sin tanto ornamento. Además, también creo que es trampa verse increíblemente rica si de por medio hay artificios, es poco sincero. Ah, y acaban de descubrir que tomar bronceado en solarium es tan peligroso y mortal como el cigarro o el asbesto. Pero siguen existiendo viejujas -como la que vi en las noticias- que responde: "para mí el cáncer no es una preocupación... Prefiero verme bien". Lo que sí es penca es que en esta debacle de competir por ser la más atractiva las naturales pasan por descuidadas aunque muchas veces no lo sean (y yo me he sentido parte de ellas).
Y en cuanto a la foto... Créeme que en mi universidad hay gente que se viste así.
Cariños.
Iba a escribir el medio comentario, pero encontre estó (*) y no pude pensar en mejor aporte/respuesta... Enjoy.
Saludos!
(*) Para el "incurto", ella es la Raquél Argandoña, animadora de 1910 y otros "ridicu-realities" de la tele nacional, y la muerta en vida mejor pagada de Chilito.
Nadie puede con Raquel...sus 15 minutos pasaron hace unos 15 AÑOS PONTE TÚ.
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